Juventud

OPINIÓN

24M: en la vereda correcta

Reflexión desde la vereda de enfrente. Del kirchnerismo a la izquierda. Un 24 diferente, combativo y de lucha.

Camila Medina

Estudiante de Trabajo Social UNLP

Domingo 26 de marzo de 2017 | 17:55

Tenía 14 años cuando mi mamá me confesó por primera vez en voz baja, casi cómo si fuera un secreto, que mi tío Domingo (sindicalista azucarero de un pequeño pueblo ubicado en Tucumán) había sido desaparecido por la última dictadura militar. Poco pudieron saber de él luego de su desaparición. La situación política aterraba a los vecinos, que prefirieron no inmiscuirse en temas relacionados a la “subversión”. A partir de esta crónica familiar mi sensibilidad contra las injusticias tomó color y peso político. Empecé a investigar y supe de esta manera, que la desaparición de mi tío no fue un acontecimiento aislado sino que fue parte de un nefasto plan político-económico que desapareció a 30.000 obreros y estudiantes que cuestionaban y luchaban contra el orden capitalista.

Mis deseos de continuar con la historia de lucha familiar me acercó a las filas del kirchnerismo. La anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y las bajas de los cuadros de Videla y Bignone en el Colegio Militar por parte de Néstor Kirchner me llevaron a considerar que el kirchnerismo tomaba fervientemente como bandera de lucha la temática de los Derechos Humanos. Cada 24 de Marzo marchaban con convicción de aquello. Tres años (con muchas desilusiones, desacuerdos y cuestionamientos de por medio) me llevó romper con aquella fuerza política. Entender el carácter de clase que posee el Estado fue el elemento clave que se instaló para resquebrajar y poner a la vista todas las contradicciones que se me manifestaban. La temática de DD.HH. fue una de las principales aristas en las que mis contradicciones se hacían notar. La desaparición de Jorge Julio López y la responsabilidad del kirchnerismo era un asunto del que no se hablaba debido a que generaba inquietudes y molestias en muchos militantes. Los desaparecidos en democracia, principalmente en el caso de Luciano Arruga, producía indignación en unos pocos que acusaban al sistema policial como principal responsable del gatillo fácil, pero omitiendo que aquella estructura responde a los intereses de las clases opresoras.

La puesta en función de Sergio Berni como secretario de Seguridad (ex carapintada, que reprimió sin miramientos a los trabajadores de Lear) o de César Milani como jefe del Ejército cuando estaba acusado públicamente por su participación en la última dictadura militar fue defendida por algunos sectores del kirchnerismo; el resto se llamó a silencio. La gravedad de estas acciones me obligaron a asumir que el kirchnerismo era perpetrador de un doble discurso (a favor de los más poderosos) que siempre fue denunciado con vehemencia por los organismos independientes de Derechos Humanos.

Asumir mis contradicciones de clase me llevó a comprender que mi verdadero espacio de lucha es aquel en donde las convicciones no concilian ni se quiebran. Es junto a la Juventud del PTS que denuncia los constantes ataques del macrismo en contra de los trabajadores y la educación. El Frente para la Victoria y el Partido Justicialista se instalaron en este panorama como uno de los principales cómplices del ajuste votando a favor de leyes que promulga el macrismo. Este 24 de Marzo movilicé por primera vez con el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, reclamando junto a mis camaradas la aparición con vida de Jorge Julio López, exigiendo cárcel común a César Milani, por la apertura de los archivos de la dictadura, y en contra de la teoría de los dos demonios que Macri pretende instalar.

Y al fin, tengo la certeza de estar en el lugar correcto, junto a la militancia revolucionaria siempre del lado de los trabajadores y la juventud. Junto a ellos en las calles, y en contra de la impunidad de ayer y hoy gritamos: ¡Fueron 30.000! ¡Fue genocidio de clase! ¡No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos!







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