Cultura

A 200 AÑOS DE SU NACIMIENTO

7 motivos por los que Marx tenía razón… ¡y la sigue teniendo!

Al revés de lo que vienen sosteniendo desde hace 150 años los intelectuales afines al statu quo, Marx acertó en lo fundamental. Es más, mucho de lo que dijo en su momento tiene hoy más vigencia que nunca.

Viernes 11 de mayo | 15:22

1.La concepción materialista de la historia

En los últimos 30 años han tenido especial protagonismo teorías posmodernas que llegaron al extremo de plantear el fin de la historia y de la lucha de clases. Bajo el “giro lingüístico” todo se convertía en discurso, destrozando cualquier criterio de verdad más allá de la subjetividad individual. Es decir, la materia se desvanecía en las palabras y el materialismo histórico no era más que otro “gran relato” de la modernidad con pretensiones totalizantes. Pero esa propuesta intelectual con apariencia de irreverencia y radicalidad escondía una “complicidad” con el sistema. La idea de que todo era efímero, liquido, flexible, así como la idea de un poder omnipresente que controla a los sujetos y frente al cual solo se puede resistir molecularmente, acompañaba la ideología de la globalización neoliberal. Buscaban fragmentar a los sujetos sociales, potenciar el individualismo consumista, saltar fronteras para los capitales, flexibilizar condiciones laborales, privatizar los servicios públicos y mercantilizar cada rincón del planeta.

La crisis capitalista desde 2008 en adelante, la emergencia de nuevos enfrentamientos entre las potencias imperialistas, la guerra en Siria y la crisis migratoria, el ascenso de la extrema derecha en Europa, el auge del movimiento de mujeres a nivel internacional, el retorno de la lucha de clases en Francia y otros países, muestran que la historia está muy lejos de haber llegado a un idílico “fin” sin contradicciones. Mientras el sistema capitalista siga condenando a la miseria y la precariedad a millones de personas, reforzando al mismo tiempo el patriarcado y el racismo para maximizar sus ganancias, mientras las potencias imperialistas sigan dominando el planeta -y destruyéndolo-, el marxismo tiene mucho que decir.

Puedes ver el video de la sesión de la Cátedra Libre Karl Marx donde tratamos este tema:

2.La crítica al capitalismo y sus crisis

Marx dedicó gran parte de su vida a desarrollar una crítica de la economía política, descubriendo las leyes de funcionamiento de un sistema basado en la explotación del trabajo asalariado. Si muchos habían querido enviar al pensador comunista al museo de la historia, la crisis de los últimos años confirmó que Marx tenía razón: el sistema capitalista engendra crisis cada vez más profundas, mientras acumula en un polo la riqueza y en el otro la miseria.

En la actualidad hay ocho super millonarios que concentran tanta riqueza como más de la mitad de la población mundial, unos 3.600 millones de personas pobres. Uno de estos mil millonarios es Jeff Bezos, el dueño de Amazon, considerado por la revista Forbes el hombre más rico en la historia de la humanidad.

Marx analizó en su gran obra, El Capital, el secreto de la producción capitalista, la plusvalía, es decir el trabajo humano apropiado por los capitalistas. Siguiendo a Marx, el “secreto” de Jeff Bezos y el capitalismo “innovador” de Amazon, no es la tan publicitada creatividad de su dueño, ni la inversión de nuevas tecnologías pioneras, menos aún una filosofía empresarial de “trato amable” con los empleados. Como denuncian los trabajadores de Amazon en lucha en Alemania, España, Polonia o Italia, el “secreto” está en la explotación de la mano de obra en grandes almacenes, maximizada por el uso de la tecnología para controlar todos los movimientos de los trabajadores y reducir los tiempos de trabajo. A esto se le suma un sistema logístico internacional que le permite a Amazon desviar los pedidos de un país a otro cuando los trabajadores hacen huelgas por sus derechos laborales.

Pero como señaló Marx hace 150 años, el capitalismo también genera sus propios sepultureros. La creatividad de los trabajadores de Amazon ha llevado a la creación reciente de un Comité de empresa europeo para coordinar acciones a nivel global, buscando evitar así el “esquirolaje” de la empresa y fortalecer lazos de solidaridad internacionales.

3.La lucha de clases sigue siendo el motor de la historia

Como dijo Marx, el capitalismo no solo crea y recrea las crisis, sino que también provoca la lucha de clases, que es el motor de la historia desde tiempos antiguos: desde los movimientos de los esclavos insurrectos contra el imperio romano, las guerras campesinas en Europa contra los señores feudales, las revoluciones burguesas, las luchas de los trabajadores desde el siglo XIX y la historia de las revoluciones, rebeliones y movimientos de liberación en el siglo XX.
A 50 años del mayo francés, la lucha de los trabajadores ferroviarios y el movimiento estudiantil en Francia vuelve a traer “aires del 68 a la primavera francesa”. El movimiento democrático catalán, la lucha de los pensionistas en el Estado español, de los trabajadores contra el gobierno de Macri en Argentina, la huelga de las maestras en Estados Unidos, el movimiento de mujeres a nivel internacional: son ejemplos de que las fuerzas de los oprimidos contra sus opresores no dejan de manifestarse.

Pero Marx no fue quien descubrió que había lucha de clases, eso ya lo habían analizado otros antes que él. Lo específico que él planteó es que la lucha de clases en el capitalismo, protagonizada por la clase obrera y todos los sectores oprimidos, puede llevar a la conquista del poder político por la clase trabajadora, que toda lucha de clases es una lucha política, como transición hacia una sociedad sin clases y sin Estado.

4. La clase obrera como sujeto de transformación social

Vamos antes a detenernos en otro concepto, el de clase obrera. Porque este también ha sido cuestionado, negado, hasta el colmo de haber asegurado que la clase obrera había desaparecido. El mundo actual está lejos de las distopías que pronostican un mundo controlado por robots y sin trabajadores. La clase obrera mundial abarca más de tres mil millones de personas, ya que cuando hablamos de clase trabajadora no nos referimos solo a los obreros industriales. La clase obrera incluye a los trabajadores y trabajadoras de servicios, de los bancos, del transporte, de la telefonía, de los bares, etc. Son todos asalariados y junto a los parados que no consiguen empleo conforman una clase que no tienen más que su fuerza de trabajo. Dejamos por fuera a aquellos sectores que ocupan posiciones gerenciales, de mando, que actúan como brazos ejecutores del capital. Y diferenciamos a la clase trabajadora de los sectores medios, ya sean profesionales autónomos, o pequeños comerciantes o pequeños agricultores, sectores que muchas veces pasan a formar parte de la clase trabajadora porque se empobrecen.

Más en general, no solo era un absurdo sostener que no había más clase obrera, sino que, además, la clase obrera es hoy numéricamente mucho más extensa que hace 170 años. Una clase obrera que en épocas de Marx se restringía a algunos países en Europa y estaba en formación en otros continentes, ahora se extiende a todo el planeta, con el fenómeno de enormes migraciones del campo a la ciudad que se han dado en el siglo XX.

Lo nuevo que hay que analizar es que estamos ante una nueva clase obrera, más feminizada, con nuevas generaciones precarias y superexplotadas, multirracial, etc. Este tampoco es un fenómeno nuevo en el capitalismo, pero en las últimas décadas se ha extendido mucho. Esto no le quita fuerza social a la clase obrera, al contrario, puede potenciar su fuerza transformadora. Hoy más que nunca esta clase obrera más feminizada y multirracial puede transformarse en sujeto hegemónico en la lucha contra el capitalismo, tomando como parte de su lucha las demandas específicas de todos los sectores oprimidos.

5. ¿Se puede humanizar el capitalismo?

Esta es la pregunta clave, que define si el materialismo histórico tiene algo válido para decir o no. Porque si el sistema capitalista se puede reformar, mejorar, hasta que terminemos con la desigualdad y las opresiones, poco a poco, de forma evolutiva y pacífica, el marxismo debería abandonarse en el pasado. Pero lamentablemente, no es así.

Hoy nos encontramos con niveles de desigualdad social que, según un autor norteamericano, Thomas Frank, en Estados Unidos son equivalentes a la desigualdad en el reparto de riqueza que había en el período entre Luis XVI y los siervos en el siglo XVIII, antes de la Revolución francesa.

En momentos en que los propios capitalistas ya anuncian que los próximos años se detendrá la “recuperación” de la economía mundial, o que estallan crisis agudas como en Argentina y otros países, es iluso es pensar que es posible conquistar un escenario reformista de largo plazo. Se pueden arrancar nuevas reformas muy parciales con la lucha de clases, pero el gran engaño de la estrategia reformista es hacer creer que se pueden mantener a largo plazo y de forma general en los marcos del capitalismo. La perspectiva planteada por Marx y retomada por Lenin, Trotsky y Rosa Luxemburgo, reforma o revolución, está más vigente que nunca. Rosa Luxemburgo decía que pretender reformar el capitalismo es como querer transformar el amargo mar de la miseria capitalista con cucharadas de medidas reformistas, una tarea imposible. Cuando vemos los ataques que se están produciendo en América Latina con los gobiernos de Temer o Macri, o cuando vemos el devenir que tuvo Syriza, se puede comprobar que la hipótesis de la reforma gradual y pacífica lleva al desastre.

6.El Estado como el comité de gestión de los asuntos de la burguesía

Otro nudo del materialismo histórico es el análisis del Estado en la sociedad capitalista, en contraposición a las teorías liberales del Estado como “entidad neutral”, expresión de la “voluntad general”.

Para Marx el Estado es una institución histórica, producto del desarrollo de la sociedad de clases, y de sus contradicciones. Esta es una definición clave, porque significa que el Estado no existió siempre y no tiene por qué existir para siempre. Esta concepción va en contra de la naturalización del poder estatal, como si la existencia de una entidad ubicada por encima de la sociedad, centralizando la burocracia y el poder de represión, el ejército, las cárceles, las leyes, fuera dado por la naturaleza (o por una “naturaleza humana egoísta”) y no fuera una construcción social. El estado aparece porque la sociedad está dividida en clases enfrentadas, y aparenta elevarse por encima de esas clases, como si defendiera el interés general, pero en realidad, dice Marx, el Estado es el poder de la clase dominante para mantener su forma de propiedad y someter a las clases oprimidas. No es un Estado “neutro” que se puede llenar de diferentes contenidos, es el Estado de la clase dominante. Propiedad privada, clases sociales, y surgimiento del Estado, son tres conceptos relacionados históricamente.

Marx llegó a estas conclusiones sobre el Estado no solo analizando el origen de éste en la historia, sino cuestionando la concepción del Estado que surge con la Ilustración y el movimiento que antecede a la Revolución Francesa, del Estado como la representación de la soberanía y la voluntad general. Marx escribe, en un texto que se llama “La cuestión judía”, que los derechos del hombre y del ciudadano, proclamados por la Revolución francesa, no son otra cosa que los derechos del miembro de la sociedad burguesa, es decir, del hombre egoísta, del hombre separado del hombre y de la comunidad, y la defensa de su patrimonio, de su propiedad privada, que limita los derechos de los otros y lo separa del resto de la sociedad. Y el Estado y sus leyes representan esa separación y la defensa de esa propiedad.

Claro que en los neoliberales nos quisieron convencer de que esta parte de la teoría de Marx también estaba equivocada. Decían, como Fukuyama, que las democracias liberales de los países avanzados eran la forma más avanzada de organización social, que les garantizaban a todos la libertad individual y la representación, la panacea de la libertad en el mercado libre. Pero vimos que eso también era falso, y que las democracias degradadas de occidente se parecían más que nunca a lo que decía Marx, un comité de gestión de los asuntos de los capitalistas, porque nunca como hoy se vio una endogamia más completa entre los políticos de los partidos tradicionales y los banqueros y capitalistas, generalizando los mecanismos de corrupción.

Otra vez, el ejemplo es el rápido devenir de Syriza en Grecia, que pasó de prometer un “gobierno antineoliberal”, para convertirse en aplicadores directo de los planes de la Troika. Porque no se trata de si son buena gente o no, sino de una estrategia reformista frente al Estado. Y una vez que pasas a administrar el Estado capitalista, este te engulle, te asimila.

En el Estado español también hay un debate abierto sobre cuál es la relación entre la participación en las instituciones y la lucha de clases, a raíz de la existencia de los llamados Ayuntamientos del cambio donde está Podemos. En los gobiernos de las principales ciudades españolas (Madrid, Barcelona y otras) Podemos y sus aliados han abandonado su propio programa electoral, que ya era un programa de reformas y han terminado aplicando desahucios a gente sin casa, persiguiendo inmigrantes con las policías municipales, enfrentando a los trabajadores y gestionando proyectos a favor de las grandes empresas.

7.La lucha por el comunismo

El capitalismo es un sistema irracional, que se relaciona con los seres humanos y con el ambiente de forma devastadora, condenando a millones a la pobreza extrema, reproduciendo enfermedades que son curables, llevando a guerras, destruyendo bosques o selvas enteras en horas, contaminando el aire que respiramos con la instalación de enormes fábricas sin condiciones de salubridad, intoxicando la tierra por miles de años con desperdicios, etc. Este sistema irracional solo está regido por la búsqueda de ganancias para unos pocos.

El desarrollo tecnológico, de la robótica, la ciencia, la técnica y la cultura podrían, en cambio, transformar la vida de millones de personas, reducir el tiempo de trabajo, recuperar una relación más equilibrada con la naturaleza y organizar la producción social en función de las necesidades de las mayorías. Esta es la lucha por un nuevo tipo de sociedad, el comunismo.

Desde el punto de vista de Marx, la lucha de la clase obrera es una lucha política por el poder del Estado, pero es la lucha por otro tipo de Estado, un estado de nueva forma, que en perspectiva destruye la dominación de clases y por lo tanto la condición de existencia de ese mismo estado, por lo que tiende a desaparecer. Ese combate histórico aún está pendiente, nada menos que para que la humanidad no termine desapareciendo bajo el dominio destructor de una minoría.

El horizonte del comunismo es opuesto, sin embargo, al desarrollo de los llamados ‘socialismos reales’ en el siglo XX, donde se produjo el proceso inverso, el Estado no solo no desapareció, sino que se volvió hipertrófico, burocrático y tomó la forma de una dictadura de la burocracia contra la clase obrera. Por eso la lucha por el comunismo hoy, cuando avanzamos hacia la tercera década del siglo XXI, no puede pensarse sin delimitar tajantemente la estrategia y los objetivos del marxismo de la monstruosa caricatura histórica que significó el estalinismo. La tradición del marxismo revolucionario, desde Marx y Engels, pasando por Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo y otros, es un legado inmenso para retomar y actualizar con los desafíos del presente. A 200 años de su nacimiento, Marx tenía razón, ¡vaya si la tenía!







Temas relacionados

200 años del nacimiento de Karl Marx   /    Cátedra Libre Karl Marx   /    Karl Marx   /    Marxismo   /    Historia   /    Cultura

Comentarios

DEJAR COMENTARIO