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A 17 años de la Masacre de Avellaneda: Maxi y Darío siempre presentes

Darío Santillán y Maximiliano Kosteki fueron asesinados en el hall de la estación Avellaneda tras una brutal represión de la Bonaerense. Los responsables políticos siguen impunes.

Miércoles 26 de junio | 01:22

Habían pasado tan solo seis meses de las jornadas del 19 y 20 de diciembre, que con el pueblo trabajador en las calles dieron fin al gobierno de Fernando De La Rúa, quien terminó huyendo en helicóptero de la Casa Rosada.

La desocupación trepaba en el 22,5 %. Los cierres de fábricas eran moneda corriente. Luego de la caída del gobierno de la Alianza pasaron más de cinco presidentes en una semana, hasta que fue nombrado Eduardo Duhalde. Con él desembarcó el plan de megadevaluación que significó más ajuste y penurias para millones de personas.

Previamente a las jornadas del 2001 se sucedieron levantamientos en el interior del país como ocurrió en Cutral-Co, provincia de Neuquén, y luego en las localidades salteñas de Tartagal y Mosconi. Esos levantamientos fueron protagonizados por trabajadores desocupados que exigían trabajo genuino. Con cortes de rutas y tomas de establecimientos visibilizaron su situación. En Salta fue asesinado el obrero Aníbal Verón, ejecutado por un efectivo de la Policía provincial durante una represión contra desocupados el 10 de noviembre del año 2000, sobre la Ruta Nacional 34 en Gral. Mosconi.

Desocupados, centralmente de la zona sur del Gran Buenos Aires, fundaron el MTD Aníbal Verón en su honor. En las filas de ese movimiento se encontraban los jóvenes Darío Santillán y Maximiliano Kosteki.

La crisis económica y social tenía en la calles a los movimientos de desocupados y también a trabajadores que ocupaban las fábricas cuando las patronales cerraban, como los obreros de la ceramista Zanon, en Neuquén. Las asambleas barriales se extendían y los cacerolazos continuaban.

En ese contexto, aquel 26 de junio de 2002, los movimientos de desocupados organizaron una jornada que cortaría todos los accesos a la Capital. El MTD Aníbal Verón, junto a otras organizaciones, se dirigían a protestar en el Puente Pueyrredón y se encontraron con un fuerte operativo policial. En días anteriores, desde el Gobierno de Duhalde, se anunciaba a la prensa que “los intentos de aislar a la Capital no pueden pasar más, tenemos que ir poniendo orden”. Y así fue.

Las columnas piqueteras avanzaron. La Policía entró en acción inmediatamente. Primero dispersó a los manifestantes lanzando bombas de gas lacrimógeno. Luego atacó con postas de goma y remató con balas de plomo, desatando una brutal cacería por las calles de Avellaneda.

En la estación, Maxi había sido baleado en el pecho. Darío volvió a socorrerlo. La policía lo cercó y recibió un disparo por la espalda. Hirieron a 90 personas, más de 30 con balas de plomo, y arrestaron a otros 150.

Inmediatamente desde el Gobierno nacional dijeron que los piqueteros estaban armados, y que fue un enfrentamiento entre ellos. Aníbal Fernández, en ese entonces secretario de la Presidencia, alentó esa teoría sosteniendo que "los piqueteros se mataron entre ellos" y afirmando que se trataba de un grupo que quería desestabilizar al Gobierno.

Felipe Solá, gobernador de Buenos Aires en ese entonces, recibió ese mismo día al comisario de la Policía Bonaerense que estaba al frente del operativo. Solá felicitó a Alfredo Fanchiotti y le prometió un cargo más alto.

Los medios de comunicación como Clarín titulaban que "la crisis causó dos nuevas muertes" y abonaban la teoría de enfrentamiento entre grupos "radicalizados", cuestión que fue desmentida en los días posteriores gracias a las fotos que sacaron los periodistas gráficos Sergio Kovalevsky y Pepe Mateos, y por un camarógrafo de Canal 7 que filmó el momento en que los policías disparaban. Esas imágenes permitieron reconstruir los hechos para clarificar los asesinatos de Maxi y de Darío.

Duhalde había asumido el mandato luego de la crisis económica y política del 2001, como una apuesta de distintos sectores de la clase dominante para disciplinar y contener a las barriadas pobres del conurbano a través del aparato político del Partido Justicialista. Sin embargo, luego de la masacre que fue repudiado por masivas movilizaciones populares, cuestión que obligó a adelantar el llamado a elecciones y su salida del gobierno.

Los responsables materiales fueron juzgados recién en el 2006, condenando a cadena perpetua al ex comisario Alfredo Fanchiotti y al cabo Alejandro Acosta, ambos miembros de la Bonaerense. Sin embargo, aún hoy continúa vigente el reclamo para enjuiciar a los responsables políticos, que todavía gozan de impunidad. Entre ellos se encuentran el ex presidente, Eduardo Duhalde, el ex gobernador, Felipe Solá, y el ex secretario de la Presidencia, Aníbal Fernández.

En un nuevo aniversario, como todos los años, familiares, organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos marcharán al Puente Pueyrredón para seguir exigiendo justicia por Maxi y Darío.

"Los responsables de ayer no pueden ser los salvadores de hoy" plantean en su convocatoria, recordando que muchos de los responsables políticos continuaron ocupando cargos públicos como si nada hubiera ocurrido.

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