Mundo Obrero

TESTIMONIO

[A 18 años] Zanon me encendió la mecha por la revolución

Roberto -robi- Amador es militante del PTS. Fue parte del conflicto de Gestamp. Actualmente trabaja en Madygraf.

Martes 1ro de octubre | 14:07

Si la crisis abierta en el 2001 me había golpeado subjetivamente, generando un sin fin de preguntas, e inquietudes: ¿porque la gente saqueaba? ¿Porque con tanta riqueza en el país la gente con su olla o su jarra en mano hacia cola por un litro de mate cocido o racionadas porciones de comida? ¿Porque mi patrón hablaba de crisis y la necesidad de ajustar y se compraba un Mercedes Benz 0 Km y lo lucía placenteramente frente a nuestro ojos? Eran preguntas que iban y venían, pero que aún teóricamente no le encontraba explicación alguna.

Creo que el salto más político, en ese momento, fue cuando me di cuenta que la caída de un presidente y los diferentes recambios políticos que finalizaron con Duhalde me demostraron que el país seguía en movimiento, que los camiones iban y venían con mercancías, que las fábricas aún atravesadas por la crisis seguían produciendo, que los trabajadores y los pobres resistían como podían, o sea, que no se trataba de un presidente ni de su Parlamento, un país, si no de nosotros que seguíamos moviéndolo con mucho esfuerzo en un momento de crisis como el 2001.

Yo era un joven anti partido como muchos de los jóvenes que sufrimos el ataque del menemismo a nuestras condiciones de vida. Pensaba que la forma de repudiar a los políticos era no yendo a votar o meter una feta de salame en el sobre y decirle que eran todos unos salames. Aún no entendía lo importante que era la política para los trabajadores. Para mí la política era todo lo turbio del peronismo en un barrio plebeyo de Moreno donde la desocupación golpeaba a mi familia y a todas las familias del barrio.

A todo esto se agregó algo que para mí fue fundamental. Como joven obrero con expectativas de formación académica me inscribe en la UNGS. Hice el CAU. Pude ingresar a la universidad, y ver lo complejo que era trabajar y estudiar. Literalmente en las clases de matemática me dormía, y con cierta vergüenza hacia como que no pasaba nada, que era un simple bostezo y nada más. Pero pasaba de todo. Ese todo era ese mundo que estaba en movimiento en las calles, que me inquietaba, que me increpaba. Las fórmulas eran abstractas en un mundo tan concreto, y yo quería saber, entender que estaba pasando no en una pizarra sino afuera, en las fábricas y los barrios; la universidad me parecía una isla.

Una tarde, en uno de esos bellos patios del campus de la UNGS un compañero se me acerco para hacerme una encuesta. Yo que era bastante apático a los partidos políticos acepte y le concedí esos 5 minutos que me pidió. Me habló de cambiarlo todo, del que se vayan todos, pero por sobre todo me habló de Zanon. ¿Conoces lo que está pasando en Neuquén con Zanon?, me dijo. Yo le dije que no. Me transmitió con una pasión desenfrenada, con cierto fuego que encendían sus manos al querer graficar lo grande de esa experiencia, y yo me deje encender. Zanon me encendió la mecha para cambiarlo todo. Obreros que conquistaron un sindicato. En la fábrica donde trabajaba hablar de sindicato era sinónimo de despido. Para mi eran como héroes, y eso que ni los conocía.

Los tanos Iovane nunca dejaban entrar al gremio a la fábrica. Lo arreglaban en la puerta y los despachaban. A nosotros, como todo patrón quiere, nos hacían negociar individualmente. Yo con 20 años tenía un buen sueldo, bueno en comparación a los desocupados y toda una juventud precarizada.

Pero las ideas eran más fuertes. Comencé a leer a los teóricos del marxismo: la teoría sirve para problematizar, no para resolver, pero si para problematizar, y ayudar a comprender lo que pasa en la sociedad: es una herramienta para la acción. Había que actuar. Actúe. Pregunté y pregunté por Zanon, y me hablaron de Sindicato, de la burocracia, de las patotas de los Montes, así como de la forma de enfrentarlos: organización obrera. La coordinación, que era la coordinadora del Alto Valle, me parecía algo épico. La hermandad con los desocupados, a quienes yo consideraba vagos, meterse y meterse eran romper prejuicios, era conocer al otro como clase. Tantas, tantas y tantas anécdotas. Yo actuaba como detective, queriéndolo conocer todo. Iba a los encuentros de fabrica recuperadas, y me solidarizaba con cada lucha. Me había comenzado a hacer socialista revolucionario.

Recuerdo que un día visitamos Zanon. Nos quedamos impactados por las dimensiones de la fábrica y todo lo que nos transmitían los ceramistas. Comimos un asadito en el Sindicato Ceramista. Éramos una delegación obrera de Zona Norte, “los estructurados del Partido”, los que sin conocernos mucho confluimos en una zona estratégica del capitalismo argentino como es esa zona industrial cargada de tradición política trotskista. Raúl Godoy nos pregunto en un momento a quien le gustaría trabajar en Zanon. Todos levantamos las manos, éramos como niños. Entonces el nos habló de los desafíos de los revolucionarios. De la necesidad de organizar a la clase obrera. De pelear por recuperar los sindicatos. De pelear por la revolución. Acá ya hemos dado estos pasos, nos dijo. Necesitamos que ustedes vuelvan a las fábricas para organizarlas. Y volvimos en ese micro escolar, como alumnos de esa experiencia, con un granito de arena en la mochila, un granito que era enorme porque en el guardábamos nuestros sueños. Recuerdo que cuando me tocó ser parte activa en el conflicto de Gestamp, de arriesgar la vida subiendo a una línea de puentes grúas, de estar 5 días a varios metros de altura, de enfrentar a la burocracia sindical del SMATA, al Gobierno peronista de Cristina y del gobernador Scioli, a las patronales de la rama automotriz, muchas con las manos manchadas de sangre como la FORD, recordaba Zanon, recordaba esas palabras de Raúl. Recordaba ese compromiso que sabemos hacer los revolucionarios, un compromiso de hierro que es pelear y resistir aún en situaciones adversas. Luchar para sentar jalones en la conciencia obrera, camino a terminar con este sistema de miseria, explotación y opresión diaria. Zanon fue y es la guía para la acción de toda una generación que quiera cambiar la historia. Nunca envejecen esas experiencias, y mucho menos cuando están vivas como la gesta heroica de Zanon y su sindicato ceramista.

Lo importante es que durante todo este tiempo, también aprendimos que cada batalla de esas debe servir para construir un partido para la revolución, y esa es la pelea que damos desde PTS en el FITU. Porque como dijo Raúl Godoy: si los trabajadores no hacemos política ellos hacen política con nosotros. Se cumplen 18 años de Zanon y yo quería festejarlo así, recordando que soy uno de los que nació a la vida política consciente de la mano de la épica ceramista.







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