Cultura

CREACIÓN DEL EJÉRCITO DE LOS ANDES

A 200 años de la mayor hazaña militar argentina (Parte I)

Se cumplen hoy 200 años de una de las mayores gestas militares de Argentina y una de las grandes hazañas de la historia: la creación del ejército de Los Andes.

Lautaro Jimenez

@LautaroJ_PTS

Lunes 1ro de agosto de 2016 | 20:58

Guerra y Revolución

 
Guerras y revoluciones fraguaron la vida de San Martín desde temprana edad y a lo largo de una biografía militar presente en la primera línea de batalla. Su capacidad para condensar lo más avanzado del genio militar de su época, permitieron que la empantanada guerra de la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata retomara la ofensiva con la creación del ejército de Los Andes. 
 
París, 14 de Julio de 1789, el pueblo respalda en las calles a sus representantes de la Asamblea Constituyente contra el intento de golpe de la monarquía. La fortaleza de la Bastilla, símbolo del absolutismo monárquico y punto estratégico del plan de represión, desde donde los cañones de Luis XVI apuntaban a los barrios obreros. Tras cuatro horas de combate, los parisinos toman esta prisión y ejecutan a su gobernador. La revolución social y política más grande que la humanidad había conocido hasta el momento, se encontraba en plena ebullición.
 
España, una semana después, 21 de Julio. Con sólo 11 años de edad San Martín se alista como cadete en el regimiento de Murcia iniciando una carrera militar que lo batiría en combates a los largo de tres continentes. Sus hermanos mayores, Manuel y Juan se incorporan al regimiento de Soria. Justo, su tercer hermano ha hecho lo propio en la Guardia de Corps. José pasaría sus primeros años alejado de Europa, combatiendo a los moros en Melilla y Orán (en el norte de África). Pero al igual que la monarquía española, el joven San Martín no tardaría mucho en conocer frente a frente la fuerza de esa revolución que estaba haciendo volar por los aires todo el statu quo europeo. 
 

Surge una nueva fuerza moral que sustituye la de los ejércitos formados por mercenarios, por la de combatientes campesinos que pelean por su tierra, soldados que marchan bajo las ideas de libertad, igualdad y defensa de la patria.

El mismo día en el que se reunió la nueva Convención (20 de septiembre de 1792), tropas formadas por tenderos, artesanos y campesinos de toda Francia derrotaron por primera vez a un ejército prusiano en la batalla de Valmy, marcando el inicio de las llamadas Guerras Revolucionarias Francesas. Surge una nueva fuerza moral que sustituye la de los ejércitos formados por mercenarios, por la de combatientes campesinos que pelean por su tierra, soldados que marchan bajo las ideas de libertad, igualdad y defensa de la patria.
 
San Martín se encuentra nuevamente en la península ibérica, cuando la monarquía española se une a la ofensiva contrarrevolucionaria de la Primera Coalición. Las monarquías absolutistas iniciaron una serie de invasiones a Francia tanto por tierra como por mar. Prusia y Austria atacan desde los Países Bajos austriacos y el Rin, Gran Bretaña apoyando las revueltas en las provincias francesas de la Vendeé y poniendo asedio a Tolón, España lo hará invadiendo el Rosellón por tres frentes a través de los Pirineos.
 
En esos combates de montaña, defendiendo la frontera y desplegando maniobras de distracción para apoyar la campaña principal del frente oriental desde la zona central aragonesa, el 19 de junio de 1793, San Martín es ascendido a subteniente con quince años de edad. En 1794, la invasión de España a través los Pirineos logró conquistar San Sebastián. Pero estos éxitos tácticos no serían suficientes para hacer frente a las fuerzas revolucionarias de la república. Durante las campañas de 1794 y 1795 las tropas francesas, al mando del general Dugommier, expulsan a los españoles del Rosellón y penetran en Cataluña, las Vascongadas y Navarra, llegando a ocupar Miranda de Ebro. Viendo que Francia era más fuerte de lo que parecía, Godoy firmó por separado la Paz de Basilea con la República (1795). El joven teniente correntino se topó así las desconocidas fuerzas militares de la revolución, cuyo genio militar posteriormente se redoblaría con Napoleón.

El sello napoleónico marcaría a fondo el pensamiento militar de San Martín.

 

La derrota de la ofensiva de la Primera Coalición deja como herencia en Francia la “leva en masa”, que sería el sustrato fundamental de las tropas napoleónicas, en las que la nación entera cumplía alguna función en la guerra, sea como voluntarios en el frente o en el desarrollo de una enorme retaguardia de campaña en la que ancianos, mujeres y niños trabajarían día y noche para la salvación nacional y la expansión de la revolución. El sello napoleónico marcaría a fondo el pensamiento militar de San Martín. Con España aliada al Imperio Francés, San Martín participó de la ocupación de Olivenza durante las Guerras Naranjas donde los aliados enfrentaron a Inglaterra y Portugal, así como de distintas acciones navales contra Inglaterra aprendiendo la guerra en el mar. Se dice que pudo ver personalmente al gran emperador en Tolón, cuando formaba parte de una delegación de bienvenida del Dorotea.
 
Pero la decadencia de la monarquía española iba más allá de sus colaboraciones militares con el emperador francés, y una nueva fuerza social emergía de forma explosiva. Ya en 1807 el levantamiento contra los franceses se respiraba en el aire y era empujado desde las clases populares y algunos de los “notables”. La presión de las tropas de ocupación sobre la población civil y la obligación de mantener a un ejército con alimentos y bienes de consumo básico, cuando el país atravesaba por un ciclo de hambrunas y malas cosechas, es señalada como un detonante. Carlos IV no sólo ya no era un aliado sólido para Napoleón, sino para su propia nación que con el amotinamiento de Aranjuez lo obliga a abdicar en su hijo, el príncipe Fernando. Acelerando la intervención de La Gran Armée, y el posterior encarcelamiento de Fernando VII.
 

San Martín también participa como protagonista de la Guerra de la Independencia Española en una de sus principales batallas, la de Bailén el 19 de julio de 1808.

José de San Martín ya tenía el título de Capitán y estaba adjunto al servicio del Estado Mayor del gobierno militar de Francisco Solano Ortiz, también nacido en América y que comparte con él sus críticas a la decadencia del realismo español. Los levantamientos de Aranjuez y El Escorial aceleran la resistencia nacional contra el colaboracionismo del antiguo régimen y la ocupación francesa. Se encontraba en Cádiz al momento de desatarse un furioso levantamiento popular que termina con la vida del gobernador militar, Francisco Solano, al que acusan de convivencia contra los franceses por permitir la permanencia de una escuadra de La Grande Armée en el puerto de la ciudad. Debe huir hacia Sevilla, ya que sabían que era su amigo e iban en su búsqueda. Luego de esta trágica experiencia, San Martín también participa como protagonista de la Guerra de la Independencia Española en una de sus principales batallas, la de Bailén el 19 de julio de 1808. Esta victoria heroica de la resistencia española fue la primera derrota importante de las tropas de Napoleón y permitió al ejército de Andalucía recuperar Madrid.
 

Esta guerra nacional sostenida por España también va a conmover el arte moderno de la guerra, donde los esfuerzos del debilitado ejército regular se van a combinar con insurrecciones populares y el fenómeno de la guerra de «guerrillas» o la petite guerre. El efecto de esto para la suerte de Napoleón y Europa es conocido. San Martín conoció de cerca tanto las nuevas características de la guerra de abatimiento de las tropas napoleónicas, como las novísimas formas que había tomado la resistencia de la Guerra de la Independencia Española. Y ambas le servirán en su futura campaña sudamericana.
 
Así también es como San Martín pudo conocer tanto las enormes fuerzas morales que Víctor Hugo inmortalizó en El Noventaytres, como las que Goya consagraría en “La carga de los mamelucos”. Las guerras revolucionarias francesas y el devenir de imperio napoleónico, así como la guerra por la independencia española y su grito “que vivan las cadenas”, forjarán un jefe militar experimentado tanto en el arte de la guerra como en la política.
 

El bando de San Martín era claro: “Todo dependiente del Ejército emigrado de Chile que quiera continuar sus servicios en el de estas provincias, se presentará al Comandante General de Armas(...)".

Su nueva patria serían los pueblos sudamericanos que querían emanciparse de la corona española. Aunque su campaña, partió de comprender los límites de una formación social infinitamente más atrasada que las del viejo continente, una revolución de mayo infinitamente más limitada que las europeas sin una burguesía que quisiera desarrollar realmente una nueva sociedad como la surgida con la Revolución francesa, y una nación que a diferencia del imperio español recién comenzaba a formarse.

Tras la derrota de Napoleón, Fernando VII ha recuperado el Trono de España, y la restauración disuelve la Corte de Cádiz y persigue a los liberales. En 1814, las Provincias Unidas del Río de la Plata, han transcurrido cuatro años desde la primera Junta de Gobierno. Los ejércitos realistas intentan recuperar el control de las colonias americanas. Luego de la derrota de Rancagua y las sucesivas derrotas del ejército del norte en el Alto Perú, San Martín que se encontraba al frente del Ejército del Norte, desde que había sido designado por el Directorio, dejará a Güemes y sus “infernales” en Salta defendiendo la frontera con una guerra de guerrillas que impida el avance realista, y se abocará de lleno a su nuevo plan continental: cruzar Los Andes para liberar Chile y desde allí Perú: centro del poder realista en el continente.
 
Como Gobernador Intendente de la provincia Cuyo, comenzará el reclutamiento de tropas. Intentando seguir el reclutamiento napoleónico, la constitución de los primeros batallones se formaron con aquellos exiliados del ejército de auxiliares chilenos exiliados tras la derrota de Rancagua que quisieran sumarse en forma voluntaria. El bando de San Martín era claro: “Todo dependiente del Ejército emigrado de Chile que quiera continuar sus servicios en el de estas provincias, se presentará al Comandante General de Armas. Así mismo, todo aquel que no quiera servir, queda expedito desde la publicación de este bando para establecerse libremente en el territorio de estas provincias y ejercer tranquilamente sus oficios…”
Además de los regimiento de Auxiliares de Chile, San Martín contó con el apoyo de un millar de milicianos de Mendoza y otros cientos de San Juan y San Luis, que aunque no contaban con armamento apropiado ni instrucción militar, fueron fundamentales para apostar las primeras fuerzas en Uspallata y el Manzano histórico para proteger la provincia de posibles incursiones realistas y comenzar a formar los primeros batallones. También se alistaron numerosos esclavos libertos en los batallones “de castas”.

Se ha señalado incluso que de los 2.500 soldados negros que iniciaron el cruce de Los Andes, sólo volvieron 143.

Sin embargo, este reclutamiento estaba lejos de alcanzar las exigencias de la campaña y San Martín no dudó en acudir al reclutamiento forzado. El gobernador debió acudir tanto a levas obligatorias de ciudadanos, como a la entrega de dos tercios de los esclavos con los que contaban los propietarios de Cuyo. También solicitó la liberación de presos de Malvinas y Carmen de Patagones.
El rol de los negros en el ejército libertador ha sido destacado por diversos historiadores. Mientras que unos insisten en destacar la fuerza moral de los libertos, que habrían conformado la gran mayoría de los reclutas. Otros, destacan la discriminación de las leyes argentinas que prohibían su participación en la oficialidad y los mandos; así como la presencia de esclavos. Se ha señalado incluso que de los 2.500 soldados negros que iniciaron el cruce de Los Andes, sólo volvieron 143.

Si por un lado, se puede identificar en los libertos el sustrato de mayor valía y fuerza moral de este ejército en el que estaban destinados casi exclusivamente a la infantería y el combate cuerpo a cuerpo. En la visión extremadamente conservadora y militarista de San Martín hacia los soldados negros, libertos y esclavos, se pueden ver uno de los mayores errores en la conformación del ejército libertados. Mutilando en gran medida las fuerzas morales de quienes habían ya probado su enorme valía y genio militar en la guerra de la independencia haitiana los ejércitos de Toussaint Louverture y Jean-Jacques Dessalines.

Finalmente, el 1 de Agosto de 1816, Juan Martín de Pueyrredón, primer director supremo del nuevo estado independiente surgido el 9 de julio, decretó que el nombre de la fuerza fuera "Ejército de los Andes", designando oficialmente a San Martín como su "general en jefe". Tiempo después logra que se envíen a su ejército dos compañías de batallón de infantería, varias piezas de artillería y cuatro escuadrones de su regimiento de Granaderos a Caballo con experiencia de combate en el Alto Perú y la Banda Oriental.

El ejército de San Martín tenía sólo cuatro meses para completar su entrenamiento y cruzar Los Andes. Al momento de partir estaba ya formado por más de 5.000 hombres. Con 3 generales, 28 jefes, 207 oficiales, 15 empleados civiles y 3778 soldados de tropa. El ejército era acompañado por 1.200 milicianos montados para conducción de víveres y artillería, 120 barreteros de minas que facilitarían el tránsito por los pasos, 25 baquianos, y 47 miembros de sanidad para conformar el hospital de campaña creado por Paroissien. Y llevarían consigo 16 piezas de artillería, 1.600 caballos extras y 9.281 mulas. Había llegado el momento de demostrar su genio militar en la guerra de montaña.







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