Géneros y Sexualidades

A 6 AÑOS DEL MATRIMONIO IGUALITARIO

A 6 años del matrimonio… ¿igualitario?

La polémica ley que generó arduos debates que atravesaron todo el país el día de ayer cumplió 6 años. Cabe preguntarnos, ¿cuán igualitaria es la vida de las personas LGBTI posterior a su sanción?

Pablo Herón

@PhabloHeron

Sábado 16 de julio de 2016 | Edición del día

La controversia se instaló en toda la sociedad, la discusión acerca de los derechos para las personas LGBTIs alcanzó desde las capitales hasta ciudades recónditas del país. Lo sectores más conservadores de la política nacional alzaron su voz encabezados por la Iglesia y Bergoglio, que llamó a una “guerra de Dios” contra el proyecto de ley, y personajes como Cynthia Hotton o Liliana Negre de Alonso.

El motor del mismo fueron demandas elementales como la posibilidad de acceder a una obra social y licencias laborales por enfermedad del cónyuge, adoptar y no perder nada de lo construido y obtenido en pareja. Su conquista fue el resultado de años de lucha del activismo de la diversidad sexual contra las instituciones y los sectores más oscurantistas y retrógrados de la sociedad.

Si de balances se trata probablemente lo primero que pensaríamos alrededor del matrimonio igualitario es cuántas personas pudieron acceder a este derecho vedado hasta el 15 de julio del 2010, cuando la cámara de senadores le da sanción por una ajustada votación: 33 votos a favor, 27 en contra y 3 abstenciones. Al día de hoy la suma de casamientos igualitarios ya supera los 10 mil.

Sin embargo, este dato nos es poco útil cuando los ataques homófobos siguen ocurriendo sin ton ni son. Esta violencia que no cesa y su repudio se expresan masivamente en cada marcha por NiUnaMenos, así como también se expresó el pasado 28 de junio contra los travesticidios.

No sorprende que esto suceda bajo el gobierno del PRO, no porque sus principales figuras al día de hoy sostengan un discurso abiertamente homofóbico. El Macri actual, al menos de la boca para afuera, ya no dice que los homosexuales somos enfermos. Sin embargo, hay gestos e imágenes que hablan por sí mismos, como desde el principio lo fue el vaciamiento del Programa Nacional de Salud Sexual y Reproductiva o los intentos de tener de aliado, o al menos como interlocutor válido, a la Iglesia Católica -institución reconocida como la principal difusora del discurso homolesbotransfóbico-. Así fue que el jueves pasado Pedro Robledo, la cara juvenil y gay del PRO, el jefe de gabinete, Marcos Peña, y la ministra de Desarrollo Social compartieron la Mesa de Juventudes junto a militantes de la organización neonazi llamada Bandera Vecinal. Nada más y nada menos que una organización que reivindica el régimen hitleriano, el mismo que marcaba a quienes eran homosexuales con triángulos rosas, los encarcelaba, torturaba y llegaba hasta matar por el hecho de asumirse como tales.

Cabe preguntarse cómo se llegó a esta postal el día de hoy y qué sucedió con ese horizonte de igualdad del cual pareció ser un puntapié el matrimonio igualitario. El discurso de la igualdad fue uno que el kirchnerismo supo hacer propio, así pretendió arrogarse la sanción del matrimonio igualitario como propia, transformándola en uno de los pilares del relato. Sin embargo ese relato no tardaría mucho tiempo en desenmascararse a sí mismo. Y es que en esos 6 años, a la negativa a tratar el aborto en el Congreso, los abultados subsidios a los colegios católicos privados y los millones de pesos destinados desde el Estado para las arcas de la Iglesia Católica argentina, el kirchnerismo le sumó la alianza pública con el papa Francisco. Así, el movimiento liderado por Cristina Kirchner sellaba su pacto con una de las instituciones por excelencia caracterizada en fomentar un discurso para sostener la desigualdad.

Está a las claras al día de hoy el hito y el cambio que significaron la sanción del matrimonio igualitario, tanto en la realidad de miles de LGBTIs como en la política nacional e internacional. Sin embargo, cada ataque homofóbico o la mención a viva voz en cada marcha del nombre Diana Sacayan o Laura Moyano, asesinadas por ser travestis, por un lado ponen en evidencia que la igualdad ante la ley no implicó la igualdad en la vida cotidiana. Y por el otro, también pone contra las cuerdas la estrategia que sostuvieron durante el kirchnerismo el propio sector del Frente para la Victoria referenciado en Cristina y la mayoría de las organizaciones, que en el camino de igualdad para la diversidad sexual, centraron su lucha en la sanción de leyes y depositaron su confianza en que el Estado las garantizaría, mientras se reforzaba el rol de la Iglesia en la escena nacional y se abría paso a los discursos más conservadores.

Como contracara al día de hoy, las grandes marchas por NiUnaMenos, la campaña que logró la reincorporación de Valentina Pereyra en la municipalidad de La Plata contra el despido discriminatorio de la administración del PRO, o la que se está realizando por la implementación del cupo trans en la provincia de Buenos Aires; así como las y los secundarios del Pellegrini tomando su colegio contra el machismo y las autoridades a raíz de la acusación a un regente por violencia contra dos alumnas, o las y los jóvenes secundarios de la zona norte que se organizan para pelear por los derechos de la diversidad, muestran que es necesario tomar otro camino para conquistar la igualdad ante la vida: el de la organización de miles de jóvenes, mujeres, trabajadoras y trabajadores en las calles enfrentando el plan de ajuste del macrismo e imponiendo las reivindicaciones pendientes, sin ningún tipo de confianza en el Estado ni los gobiernos más que la ferviente convicción de conquistar la libertad sexual.







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