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A la deriva: otro giro del Gobierno y el FMI en la política monetaria

Que se fijan las bandas de no intervención del Banco Central en el dólar. Que se ponen parches en los precios. Que se levantan las bandas de no intervención. Los ensayos del FMI y del gobierno para llegar a octubre mientras el barco se hunde.

Martes 30 de abril | 00:00

A sólo siete meses de su sanción, este lunes el Banco Central dio por terminado su "nuevo esquema" de política monetaria consistente en su abstención de intervenir en el mercado de cambios (vendiendo dólares en general), siempre que la cotización del dólar fluctúe dentro de una "banda" o "zona de no intervención". Ahora el Banco podrá vender dólares en un monto que "considere conveniente".

Este esquema había sido una de las piezas clave del acuerdo del gobierno con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y una de las condiciones más estrictas que el organismo impuso a la política monetaria local que preside hoy Guido Sandleris (Banco Central).

Es de público conocimiento que el abandono de dicha política no responde a su éxito, sino precisamente a su fracaso, y a la profunda crisis política abierta que tiene el gobierno de Macri impulsada por la situación de inestabilidad e incertidumbre económica.

Desde hace un par de semanas el gobierno no deja de tirar manotazos de ahogado. El pasado 16 de abril el FMI había aceptado congelar el piso y el techo de la zona de no intervención del dólar ($ 39,75 y $ 51,45 respectivamente, en el mercado mayorista) debido a la incapacidad del gobierno de poner un coto a la inflación.

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Posteriormente, en una curiosa "conferencia de prensa" Macri lanzó un plan totalmente limitado para contener los precios: el famoso "pacto de caballeros" que abarcaría sólo 64 productos y que entró en vigencia recién en el día de ayer.

Pero estas medidas, lejos de contener el dólar, fueron correctamente leídas por los operadores de capital financiero como una muestra más de incompetencia política. A su vez, como una habilitación a que el dólar llegara rápidamente a su techo de $ 51,45, a partir del cual el Banco Central podría vender apenas U$S 150 por día.

La semana pasada fue una "semana negra", no hubo ni un día en que el nerviosismo no se apoderara de los mercados financieros y cambiarios. Suba del dólar, del riesgo país, derrumbe de las acciones y los bonos argentinos. Los "mercados" parecieron amagar en "solarle la mano" a su socio Macri.

Freno momentáneo del dólar, pero el riesgo es explosivo

La noticia de este lunes es que, tras los anuncios de la posibilidad de intervención por parte del BCRA, la cotización de la divisa norteamericana descendió desde sus candentes picos de $ 47 a un promedio minorista de $ 45,59, según el dato que elabora el mismo Banco Central. No obstante, a cada corrida siempre suma unos pesos por encima de los valores previos, considerando que a inicios de la semana pasada rondaba los $ 43,60.

A su vez, la tasa de interés de referencia, la de las Letras de Liquidez (Leliq) que emite el Banco Central, alcanzó ayer su pico más alto de la era Sandleris, promediando 73,19 %, tras dos licitaciones. Parece ser que la única receta para apagar el fuego es arrojar más leña para terminar de sumergir en una recesión profunda al país.

Pero a pesar de los giros y del freno momentáneo al dólar la incertidumbre no termina. El riesgo país sigue en niveles elevados, a 940 puntos básicos, y los fondos de inversión siguen pretendiendo desprenderse de sus activos en bonos y acciones argentinas y llevarse los dólares afuera.

Esta nueva medida fue recibida con beneplácito por "los mercados", dando tranquilidad de que tendrán más garantías de obtener dólares baratos para fugárselos al exterior. El riesgo es múltiple. En las corridas del año pasado, el ex titular del Banco Central, Luis Caputo, habilitó la subasta de miles de millones de dólares de reservas para que los grandes bancos y fondos de inversión los sacaran sin impedimentos.

En esta ocasión, el efecto explosivo de una corrida es no sólo dilapidar dichas reservas provenientes del préstamo con el FMI, que pretende ser cobrado con intereses y planes de ajuste más ofensivos, sino también acelerar la desconfianza de los acreedores en que podrán cobrar algo de los pocos dólares restantes.

El nuevo giro de ayer en la política monetaria significa la cuarta o quinta modificación del acuerdo con el Fondo, luego del segundo préstamo Stand By. En cualquier caso, no hay una bondad del organismo ni una conquista del gobierno: lo que queda expresado sin dudas es que es el FMI quien dictamina el rumbo del país.







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