Política Venezuela

EL ROSTRO DEL "PLAN DE RECUPERACIÓN, CRECIMIENTO Y PROSPERIDAD"

A un año de la conversión monetaria, el salario más bajo en la historia y pobreza extrema en Venezuela

Al cumplirse un año del plan de "recuperación económica" del Gobierno de Maduro el salario mínimo mensual ha llegado a su punto más bajo en la historia del país, al equivaler este martes a 2,76 dólares según la tasa oficial.

Milton D'León

Caracas @MiltonDLeon

Martes 20 de agosto | 20:31

Con el plan anunciado el 17 de agosto de 2018, a implementarse tres días después, el gobierno de Maduro daba un giro hacia un drástico ajuste con elementos de “ortodoxia” para la “estabilización macroeconómicia”, luego de venir de años aplicando y dejando correr, por la vía de los hechos, un “ajuste inflacionario” que había vuelto añicos el salario y el poder adquisitivo del pueblo trabajador. La pobreza y la miseria aumentaron vertiginosamente en esos años, con la voraz inflación –devenida luego hiperinflación– haciendo pagar la crisis a la clase trabajadora y los sectores populares.

Siendo responsable de eso –junto a los empresarios–, el gobierno giró a una política de megadevaluar oficialmente el bolívar, legalizar los precios hiperinflacionarios, semi-legalizar la circulación del dólar, contraer la emisión de bolívares (incluyendo menos aumentos periódicos del salario mínimo), “igualar” todos los salarios hacia abajo, llevándolos lo más cercano al salario mínimo, y suspender los derechos económicos y sociales establecidos en las contrataciones colectivas tanto del sector público como el privado. La promesa era algo así como aumentar sideralmente el dólar y los precios a como “el mercado” en los hechos lo habías impuesto, para así “estabilizar” por arriba. El resultado a mediano plazo de semejante paquetazo fue, sin embargo, ninguna estabilización y la profundización de la pauperización de los trabajadores.

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En todo este período se han llevado a cabo devaluaciones desenfrenadas, y en los últimos meses el paralelo y el dólar oficial van cabeza a cabeza. Y es la política conscientemente antiobrera del gobierno de Maduro y de toda su casta gobernante en complacencia con los empresarios ligados al propio gobierno y a la oposición, donde el gobierno les libera el dólar a su antojo, sufriendo las consecuencias el pueblo trabajador.

A la fecha, el precio del dólar está en 14.483,54 bolívares -valor oficial fijado por el Banco Central de Venezuela-, una cifra que se ha multiplicado de manera imparable desde que comenzó el año en curso. Mientras el dólar paralelo se cotiza al escribir este artículo en 15.521 bolívares por dólar. Ya los trabajadores y el pueblo pobre están amenazados por el peligro de ser arrojados en abismo del pauperismo, sino es que ya se encuentran en tal estado.

Con los 40.000 bolívares mensuales, que se traducen en poco menos de tres dólares, los trabajadores se ubican años luz por debajo del umbral de la miseria establecido por Organización de las Naciones Unidas (ONU), que señala que quien devengue menos de 1,25 dólares diarios está en pobreza extrema. Sumando el mínimo y el ticket alimentación (25.000 Bs.), el salario llega a ¡4,2 dólares al mes y a 0,1 dólar por día!

Aunque el salario mínimo quedó establecido en el equivalente a 30 dólares ese 20 de agosto pasado tras la puesta en marcha del “Plan de recuperación, crecimiento y prosperidad”, al día de hoy el sueldo mínimo se ha reducido en 90,80 %, pese a los cuatro aumentos de salarios de los últimos doce meses.

Los 40.000 bolívares del sueldo mínimo pueden alcanzar para comprar, con suerte, un cartón de huevos de 30 unidades, una realidad no muy distinta a la de hace un año, cuando Maduro aumentó 35 veces el ingreso mensual tras poner en marcha una reconversión monetaria que le quitó cinco ceros a la moneda nacional.

Este es el resultado de un país en catástrofe, donde el gobierno ha llevado a la clase trabajadora y al pueblo a niveles de pobreza extrema al medir por los ingresos, con un plan aplicado hace un año que implicó también la liquidación completa de las prestaciones sociales, cajas de ahorro y otros ingresos.

En la actualidad, el Gobierno no ha dado señales sobre otro aumento de los sueldos y ni siquiera menciona el llamado plan de "recuperación y prosperidad económica" por el que entró en circulación un nuevo cono monetario a propósito de la reconversión con la cual también buscaba enfrentar la escasez de efectivo.

Sin embargo, los billetes de más baja denominación ya han dejado de circular, pues en medio de la hiperinflación que vive el país y que este año se acumula en 1.579,2 %, para los venezolanos ese imposible pagar con papeles de 2, 5, 10, 20 o 50 bolívares, pues su valor es casi tan nulo como el del papel moneda que perdió vigencia en 2017 y que, incluso, ha terminado en la basura. De hecho, los billetes de esas denominaciones del nuevo cono monetario no son aceptados por ningún comerciante como medio de pago, ni siquiera los camioneteros lo aceptan como pago del pasaje, y el mismo billete de 100 Bs. va por el mismo camino. Estamos hablando de un nuevo cono monetario después de haberle quitado cinco ceros a la moneda, y en menos de un año, las primeras cinco escalas del mismo dejaron de tener uso.

Por esta situación, el Banco Central de Venezuela (BCV) anunció en junio pasado la incorporación de tres nuevos billetes de 10.000, 20.000 y 50.000 bolívares, equivalentes a 0,69 dólares, 1,38 dólares y 3,45 dólares, respectivamente.

Las medidas también incluyeron una modificación del sistema de cambio de divisas, para ese entonces llamado Dicom, que ha terminado en fracaso, pues el principal objetivo del Gobierno era acabar con el mercado paralelo que continúa en ascenso.

El control de precios, una fórmula igualmente reciclada por el Gobierno, formó parte de este programa, pero la medida duró apenas semanas, para luego el gobierno liberar prácticamente los precios.

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El gobierno deja correr una semidolarización de la economía que abre de manera abismal aún más la distancia entre ricos y pobres. En las clases altas, donde manejar el dólar en grandes cantidades es cotidiano, se abastecen, mientras los de abajo que no tienen acceso a esa divisa -salvo algunos sectores que reciben algunas pocas remeses para completar lo más elemental-, se desvanecen ante la dificultad de adquirir productos para alimentarse, adquirir un medicamento o los útiles y uniformes escolares de los/as hijos/as.

Como escribió la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) en una reciente declaración: “Frente a esta situación de urgencia para la clase obrera, los trabajadores y las trabajadoras tenemos que tener una política clara para hacerle frente. No podemos permitir que nos condenen a vivir de las migajas de una sociedad en descomposición, de la catástrofe y la corruptela. Nos quieren convencer que solo nos queda vivir de los bonos de miseria del gobierno y su caja de alimentos, o de una supuesta “ayuda humanitaria” de las principales potencias capitalistas: nos quieren con moral de menesterosos y no de una clase productora que pelea contra los capitalistas y los gobiernos por el fruto de su trabajo. Se trata de preservar a la clase trabajadora de la decadencia y de la ruina. Se trata de la vida y de la muerte de la única clase creadora y progresiva que puede hacerle frente a esta catástrofe imperante. Necesitamos la más amplia unidad de acción y luchar por nuestros intereses y necesidades más elementales y para defendernos para no terminar de caer en la inacción.”

En esto constituye su llamado a “a los distintos agrupamientos políticos que se reivindican de la clase trabajadora, a los sindicatos de base, a las organizaciones y movimientos sindicales, a los distintos espacios de lucha que se generan a construir la más amplia unidad y a la pelea por nuestras demandas”.

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