Internacional

OPINION

A un año de la muerte de Nelson Mandela

Un año ha pasado desde la muerte de Nelson Mandela. Su funeral, transmitido a todo el mundo, fue un acto de cinismo mayúsculo, la reivindicación de Mandela por parte de los representantes de los gobiernos imperialistas, como Barak Obama, busco ocultar el papel que cumplieron durante el Apartheid apoyando durante décadas el régimen racista que les garantizaba fabulosas ganancias.

Diego Sacchi

@sac_diego

Sábado 6 de diciembre de 2014 | Edición del día

Fotografía: Reuters

En Sudáfrica se dieron nuevas manifestaciones y actos recordando a quien fue una de las figuras del siglo XX, aunque menores comparados con el enorme luto de millones de trabajadores y pobres de Sudáfrica cuando conocieron la muerte de quienes ellos identifican como uno de los pilares de la lucha contra el Apartheid. Mandela representó para millones la lucha de los negros en Sudáfrica contra el régimen racista que rigió en el país por casi cincuenta años. Los 27 años en las cárceles del régimen le dieron la autoridad sobre millones que se movilizaban.

Aún hoy se utiliza la figura de Mandela para revindicar que firmó el pacto con el gobierno blanco De Klerk (y el aval del imperialismo), que impuso un fin ordenado y pacífico al Apartheid. El que buscó la “paz y unidad nacional” y puso en funcionamiento (durante su mandato como Presidente) la Comisión para la Verdad y la Reconciliación que garantizó la impunidad a los autores de los crímenes racistas y la violación de derechos humanos, dejándolos libres de culpa y cargo simplemente por reconocer sus actos, como forma de lograr la “pacificación nacional”.
Se lo utiliza para mostrar a millones de oprimidos que el camino es la conciliación, la búsqueda de la reforma dentro del régimen que oprime y explota a millones.

Su elección como primer presidente negro en Sudáfrica representando al Congreso Nacional Africano (CNA) y la Triple Alianza (alianza entre CNA, el Partido Comunista (PCSA) y la central sindical COSATU) fue la culminación de su lucha y al mismo tiempo lo que permitió que en Sudáfrica la caída del Apartheid, jaqueado por las movilizaciones obreras y populares, no se diera en forma revolucionaria.

Mandela luchó por la caída del Apartheid para lograr la igualdad de oportunidades de negros y blancos, para lograr la “libertad” dentro del marco del capitalismo. Para Mandela y para los dirigentes de la Triple Alianza la construcción de la democracia en Sudáfrica daría la oportunidad de terminar con la pobreza y la explotación que sufría la mayoría de la población. En sus discursos decían que la caída del Apartheid incluiría la nacionalización de las minas en manos de empresas imperialistas, la garantía de los servicios básicos para la mayoría de la población pobre y la respuesta a las demandas democráticas de la mayoría trabajadora y popular.

Lejos de esto, el gobierno de la Triple Alianza fue el que garantizó la estabilidad capitalista y, sobre todo desde la segunda presidencia del CNA (Thabo Mbeki), la aplicación de los planes neoliberales, las privatizaciones y la entrega de las riquezas nacionales al imperialismo a cambió de transformarse en socios menores de las multinacionales. Esto permitió que surja un sector minoritario de la población negra (que incluye a los propios burócratas sindicales mediante el control de las empresas tercerizadas, como ocurre en el sector minero) que se benefició con el fin del régimen del Apartheid y dio lugar a una nueva élite y burguesía negra, mientras para la mayoría negra (80% de la población) las condiciones sociales fueron las mismas, viviendo en ciudades hacinados, con la desocupación que llega al 25% y con condiciones laborales de explotación.

A un año de su muerte, lo que a pocos les agrada es que Mandela representó para millones de trabajadores y explotados de Sudáfrica el cuestionamiento y la lucha por terminar con la explotación capitalista de la burguesía blanca y el imperialismo sobre las grandes mayorías en Sudáfrica, aunque este no fuera el objetivo de su lucha.

Ese “sueño” de millones todavía queda por cumplirse, y será de las propias manos de los trabajadores y el pueblo pobre que se pueda cumplir.







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