Economía

EL SUBSUELO DE LA PATRIA

Acerca del mito de que el kirchnerismo defiende a los trabajadores

Funcionarios del gobierno sostienen que no hay razones para pedir un bono de fin de año porque el alza de salarios habría superado a la inflación. Hacen oídos sordos al malestar que existe en la clase trabajadora. Cristina Fernández de Kirchner negó que casi la mitad de los trabajadores estuviera en la informalidad. Este mundo de ficción donde la clase obrera va al paraíso de la mano del kirchnerismo es un mito que en el fin de ciclo del gobierno muestra brechas cada vez más profundas con la realidad.

Pablo Anino

@PabloAnino

Viernes 17 de octubre de 2014 | Edición del día

Impoluto, como si no estuviera diciendo una mentira, el secretario de Comercio, Augusto Costa, declaró que “para nosotros no hubo pérdida de salario real”. Para los funcionarios con sueldos anuales millonarios, seguro que no. Sus declaraciones fueron para defender el índice de inflación “retocado” del INDEC.

Pero es desmentido incluso por organizaciones kirchneristas, como el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA) de la CTA oficialista, que estima una pérdida de poder adquisitivo de los salarios de 7% durante 2014.

La necesidad de un bono de fin de año que negó Jorge Capitanich, la defendió hasta el sumiso de Hugo Yasky. Es más, Héctor Méndez, presidente de la UIA, admitiendo la posibilidad del bono en diciembre se ubicó, no sin una cuota de cinismo, a la izquierda del gobierno.

Los salarios en la “era K”

Todo empezó con una “caída libre”. El kirchnerismo debería rendir honor a Eduardo Duhalde, que fue en alguna medida el padre del “modelo”, el que hizo el trabajo sucio de la mega devaluación de 2002, seguida por una inflación de 40%, mientras que los salarios aumentaron sólo 11% ese año. Una enorme pérdida del poder de compra, que se expresó en una caída de la participación de los salarios en la riqueza social producida (por los trabajadores): en 2001 los salarios se llevaron el 38,5% de esa riqueza, en 2002 solo el 31,4% (según consignan Ana L. Fernández y Mariana L. González en “La desigualdad en los ingresos laborales. Su evolución en la posconvertibilidad”, Apuntes para el Cambio 3, mayo/junio de 2012). La contrapartida fue el enriquecimiento capitalista. Este enorme asalto al salario habilitó el crecimiento económico de la última década.

Según el informe Informe de Coyuntura del Observatorio del Derecho Social de la CTA para el cuarto trimestre de 2013, el aumento del salario real de los trabajadores con puestos de trabajo registrado (en “blanco”) fue 24,1% entre 2001 y 2013. Menor fue la recuperación de los trabajadores en “negro”: 7,1%. Mucho peor es el resultado para los trabajadores estatales, entre los cuales el salario real cayó abruptamente: -39,8 %. En el agregado, la mejora del sector privado (con un abismo entre los trabajadores registrados y “en negro”) es casi enteramente compensada por la caída del sector público. Por eso, cuando el análisis se extiende al conjunto de los trabajadores, tanto los que están en “blanco” como los que están en “negro”, el resultado es que el salario real se recuperó apenas 0,1% desde 2001.

Otras estimaciones como las realizadas por Apuntes para el Cambio 3 señalan una recuperación del 8,7% hasta 2011. De todos modos, aunque este valor es algo superior, está en retroceso con la pérdida de poder de compra de los últimos tiempos. Además, resulta demasiado moderada para hablar de una “década ganada”.

Carestía de la vida

Más grave se presenta la situación para los trabajadores cuando se confrontan los ingresos con el valor de la canasta familiar. En septiembre de 2000 y de 2001 los trabajadores registrados tenían un poder de compra de 1,74 y 1,73 canastas, respectivamente. La cobertura bajó significativamente en 2002 hasta 1,46 canastas. En 2006, cuando la recuperación económica se empieza a asentar, la cobertura aumenta a 1,98 canastas, superando notoriamente el nivel de 2001.

El ocultamiento y la manipulación de datos por parte de la intervención del Indec impiden continuar la serie, pero considerando los informes de los trabajadores de la Junta Interna de ATE Indec, que denuncian los “retoques” y estiman una canasta de las mismas características que la utilizada antes de la intervención, se observa que en 2013 el ingreso de los trabajadores registrados cubrió sólo 1,1 canastas. Incluso, considerando una canasta de menor costo, como la que estima la CGT de Hugo Moyano, los trabajadores en “blanco” compraban 1,44 canastas en 2013.

Los trabajadores en “blanco” durante la fase ascendente y de relativamente pocas dificultades económicas, que muchos analistas señalan llegó hasta el año 2007, lograron recuperar niveles de poder de compra similares a los de los noventa (ya bastante bajos en términos históricos), e incluso superarlos esporádicamente (como en 2006), pero con el agotamiento del “modelo” la situación se deterioró.

En 2014, la aceleración de la inflación, que se hizo sentir de manera más aguda sobre los bienes alimentarios y sobre algunos servicios públicos, como en los costos del transporte, que en cuanto a colectivos aumentó 100% en lo que va del año, está incidiendo sobre la pérdida de poder de compra del salario.

Pero la situación del sector registrado oculta fuertes desigualdades.

Considerando que para enero de 2014 la Junta Interna de ATE Indec estimó la canasta en $ 9.113,64 y que varios cálculos estiman una inflación de 30% en lo que va del año, hoy la canasta se ubica en $11.846.

Es comprensible que Jorge Capitanich, en su rol de defender el ajuste contra el salario, diga que "no existen razones objetivas" para que los trabajadores pidan un bono de fin de año. Pero para el 70% de los trabajadores que tienen ingresos menores a $6 mil (en este caso se trata de datos oficiales del INDEC) y apenas arañan la mitad de la canasta familiar, seguramente sobran las razones.

Los precarizados son mayoría

Entre las formas de precarización laboral se destacan la informalidad, tercerización, trabajo bajo contratos a término, asalariados que pasan a ser monotributistas, trabajo temporario y la liquidación salarial bajo distintas razones sociales.

Para el segundo trimestre de 2014 el trabajo en negro se ubicaba en un 33%, con un máximo de 41% en el NOA. Un nivel no tan inferior al 38% de 2001, y que todavía se mantiene por encima por encima del 25,2% de 1990.

El trabajo en negro, a su vez, tiene mayor peso relativo en sectores como la construcción (65%), textil (60%), o el trabajo rural (77%). Y golpea fuerte a la juventud (58,7%). Y en las mujeres, donde el trabajo en negro llega al 35,5%.

Con la ofensiva neoliberal tuvieron una expansión sin precedentes las multinacionales de “out sourcing”. Allí reinan empresas como Manpower o Eulen. La tercerización es adoptada por las grandes empresas y hasta por el propio Estado. Entre el 30 y 40% de los asalariados están subcontratados.

Las distintas formas de precarización suman más del 60% de la fuerza de trabajo. Son esenciales al “capitalismo en serio”. A pesar que Cristina haya salido a mostrarse protectora de los desposeídos, le garantiza a las patronales toda esa fuente de mano de obra barata que no tiene derecho a representación gremial, vacaciones, estabilidad y otros “lujos” a los que aspiran los trabajadores.

Con el “modelo” aumenta la explotación obrera

Las patronales buscan pagar el salario por debajo de la canasta familiar, imponen a los trabajadores jornadas de trabajo más extensas o mayor intensidad en el ritmo de producción. De allí que el costo laboral unitario haya caído el 18,5% entre 2001 y 2012, como muestra Pablo Manzanelli en “Competitividad y productividad en un modelo de desarrollo inclusivo”, Documento Debate, Cifra.

Durante los años de la convertibilidad las 500 grandes empresas por cada peso que pagaban en salario obtenían 0,69 centavos de ganancia mientras que en la “década ganada” obtuvieron por cada peso de salario una ganancia de $1,54 (Estimación propia en base a ENGE - Encuesta Nacional a Grandes Empresas relevada por el Indec). Una muestra que “Menem lo hizo” y el “kirchnerismo lo profundizó”.

Cuando el oficialismo habla que defiende el salario y la redistribución del ingreso, no sólo falsea la realidad, sino que se abstraen todos estos grandes beneficios que obtuvo el capital por las conquistas en las condiciones laborales degradadas que preservó el actual gobierno.

En un nuevo aniversario del 17 de octubre, dejando por un momento de lado las profundas diferencias estratégicas que tenemos con el proyecto de colaboración de clases que fundó Juan Domingo Perón, hay que decir que el kirchnerismo no le llega ni a los tobillos en cuanto a conquistas de los trabajadores.







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