Sociedad

CÓRDOBA

Alberdi, organización y urbanismo participativo

En Córdoba las empresas constructoras prácticamente dominan el suelo de la ciudad. La demanda de una vivienda digna continúa siendo muy sentida por amplias franjas de la población, a pesar que en la última década el negocio inmobiliario dio importante ganancias.

Jueves 20 de noviembre de 2014 | Edición del día

Hoy hay una disputa entre los intereses de las empresas y las necesidades de los vecinos de los barrios. En el histórico Alberdi (Clínicas), barrio cordobés cuna de la Reforma Universitaria de 1919 y del “Cordobazo”, viene surgiendo la organización desde los vecinos, que se nutre de esas experiencias, como de la lucha que resistió el cierre de la Cervecería Córdoba en 1998.

La Izquierda Diario entrevistó a Dante Martínez, ex trabajador de la Cervecería Córdoba y a Toia, Eli, Pecu y Huara, cuatro Arquitectas que realizaron su trabajo final como parte del proceso de organización del barrio en los últimos años.

La Chimenea de Alberdi. Un símbolo

La fábrica (Cervecería Córdoba)fue ocupada durante 105 días por 80 trabajadores en el año 1998. La medida fue para resistir su cierre, y en defensa de los puestos de trabajo, (denunciando que al predio se lo vendía para hacer un barrio cerrado).

Esta experiencia marcó a todo el barrio, tanto que al sonar la sirena de la Cervecería durante la toma, todos los vecinos del barrio bajaban a resistir el desalojo de la fábrica.

Para Dante Martínez (ex trabajador de la Cervecería Córdoba) “la demolición de la chimenea de la cervecería el 15 de abril de 2010 fue la chispa que dio origen a la conformación de “Defendamos Alberdi”, multisectorial que comenzó luchando por la defensa de edificios de importante valor patrimonial para el barrio (la chimenea de la fábrica, teatro moderno (“La Piojera”), el mismo Club Belgrano y casas con valor arquitectónico) y hoy continúan reclamando por el abandono y deterioro de los edificios públicos en especial centros educativos, como la Escuela Jerónimo Luis de Cabrera, cuyos estudiantes reclaman mejores condiciones edilicias.

Hoy la multisectorial reclama la suspensión de las demoliciones y de los permisos para edificar. Al mismo tiempo que exige la modificación del Código de Edificación en el barrio para que no se permita la construcción en altura. Gracias al trabajo y la organización de los vecinos hoy son unas 236 casas protegidas y que no se pueden demoler.

A pesar de esto, hoy se continúan movilizando para frenar la demolición “porque las ordenanzas son muy ambiguas y es lo que permite que las empresas continúen avanzando en el barrio”. Recuerda que “la cervecería también era parte de patrimonio protegido por su valor y demolieron la chimenea”.

La organización del barrio se fue aprendiendo en el camino, explica Dante, y hoy la lucha no sólo es por defender el patrimonio arquitectónico sino que también, por el derecho a la vivienda. En última instancia es una lucha para defender la vida del barrio.

En las movilizaciones también se denuncia a la policía que, avaladas por el Código de Faltas del gobernador De la Sota, actúa sobre los pibes del barrio. Es una batalla para que no logren criminalizar la protesta social, para que no se naturalicen las razias en moto y la demonización de la juventud y de los trabajadores de la construcción, con el discurso de inseguridad del gobierno.

Grandes constructoras como EUROMAYOR, GNI y REGAM son las que los quieren echar de su barrio. Dante denuncia que “estas vienen apretando a muchos vecinos que están en el barrio desde hace 4 o 5 generaciones atrás y que no tienen regularizada su tenencia del terreno y la vivienda. Los abogados (que trabajan para las constructoras) se aprovechan de esta situación, para desalojar a las familias y comprar las viviendas por un valor mucho menor al del mercado”.

El actual Código de Edificación de Córdoba tiene un artículo que plantea la excepcionalidad de la norma. Para Dante esto significa que “no hay ley”. Las empresas pueden superar los límites de edificación en zonas definidas como “especiales” (como el caso de la costanera) o simplemente a cambio de “prestar un servicio a la comunidad” por el valor extra que obtienen de superar esos límites. Servicio que hasta hoy la comunidad continua esperando. Esta ambigüedad en el Código de Edificación es lo que permite que las empresas constructoras sean las verdaderas dueñas del suelo en Córdoba.

Dante vive hace 51 años en el barrio en el que nació, se educó y trabajó. Toda su vida está en este lugar y sigue luchando contra las empresas que “vienen con toda su maquinaria para cambiar día a día el barrio, para que te sientas que éste ya no es tu lugar”.

Hipótesis en Alberdi

En este proceso de lucha cuatro jóvenes de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de Córdoba (FAUD – UNC) realizaron su tesis, “con el objetivo de trabajar desde una problemática real. Hacer una tesis que sirviera, y no hacer megaproyectos de edificios que no sirven a nadie”, según sus propias palabras.

Toia, Eli, Pecu y Huara cuentan que su primer idea era la de “hacer un diagnóstico participativo del barrio” y que en el proceso se dieron cuenta que “la organización que hay en el barrio ya tiene bastante clara la situación y la problemática”: la protección patrimonial, la necesidad de frenar las constructoras y el cambio de las normativas vigentes del Código de Edificación.

En última instancia, preservar el modo de vida barrial, que para ellas es la bandera de “Paren de Demoler Alberdi”, resume bastante la situación en la que se encuentra el barrio. Para ellas su tesis “fue hacia un proceso, que hoy continua”.

Ellas llegaron al barrio cuando estaba muy latente la lucha del Cine “La Piojera” y “Paren de Demoler Alberdi” luego de la demolición de la chimenea. A partir de una reunión con la multisectorial “Defendamos Alberdi”, en la que participaron también sus directores de trabajo final el Arq. Patricio Mullins y la Arq. Laura Araujo, definieron poner todas sus herramientas al servicio de la lucha del barrio.

Su participación se dio a través de la organización de talleres. En los primeros, abordaron la importancia de patrimonios como el Cine “La Piojera” para los vecinos del barrio. En los talleres siguientes, avanzaron en rescatar la propia cultura.

“Arma Tu Piojera” fue el título del taller donde los mismos vecinos pudieron plantear actividades culturales como murgas, grupos de teatro del barrio, festivales para difundir su lucha, entre tantos otros ejemplos, como parte de una propuesta cultural para lograr la gestión vecinal luego de la expropiación, con pago incluido, del Cine por parte del Ejecutivo municipal a una Iglesia Evangélica.

En el último taller (que se realizó el sábado 15 del corriente) los vecinos se centraron en la problemática del Código de Edificación y están dando sus primeros pasos para elaborar un proyecto de Código de Edificación a presentar en la Legislatura.

“La idea de la tesis es que fuera propositiva, es decir encontrar una alternativa a lo que vienen haciendo del suelo urbano las empresas constructoras” donde avanza la “arquitectura de urbanismo cerrado”, cuyos emblemas son las 17 torres de GAMA en la zona del tropezón o el barrio cerrado que se construye en el predio de la cervecería.

Estos emprendimientos están destinados a cubrir una demanda que no tiene nada que ver con las necesidades de los que viven en el barrio. Además, denuncian que “este tipo de arquitectura no tiene en cuenta uno de los mayores problemas, el continuo aumento del valor del alquiler y que hoy trabajas para pagar el alquiler”.

Saben que esta arquitectura “responde a los modelos económicos, y que el actual boom inmobiliario responde al modelo sojero, donde la guita se invierte en departamentos”. Sumado a esto, el barrio Alberdi tienen una continuidad con el centro y presenta accesibilidad (es decir, facilidad para desplazamiento al distintos puntos de la ciudad), por eso los terrenos tienen gran valor y, si hoy existe una disputa, “es producto de la organización de la gente del barrio que quiere defender su forma de vida”.

Remarcan que “es necesario una regulación por parte del Estado, y abordar una forma de urbanismo participativo con los vecinos” en el que “exista una instancia de concertación, donde no sólo sea el sector privado y el Estado los que decidan qué hacer en el suelo urbano. La sociedad tiene que tener un peso de decisión”.

Por último hacen una crítica a la propia Facultad por su falta de presencia en “donde están estos conflictos y donde más hace falta una voz crítica”. Recalcan que hay estudiantes y profesores que de manera individual se involucran en estos procesos, pero no hay un mecanismo aceitado donde la institución intervenga. Todo lo contrario la formación durante los cinco años de la carrera apunta para que, como arquitectos, trabajemos en empresas constructoras como EUROMAYOR o GAMA.







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