Política

Alberto Fernández y los nuevos gestos de reconciliación con las Fuerzas Armadas

En la reunión de Camaradería el presidente reivindicó a los militares por su actuación durante la cuarentena. Mejoras remunerativas y elogios para la recomposición de una fuerza que fue repudiada los últimos cuarenta años.

Rosa D'Alesio

@rosaquiara

Miércoles 22 de julio | 22:49

Este martes el presidente Alberto Fernández encabezó el Encuentro de Camaradería que se realizó en el Edificio Libertador donde estuvo presente la cúpula de las tres fuerzas, el ministro de Defensa Agustín Rossi.

Durante la reunión, el jefe de Estado agradeció a las Fuerzas Armadas por “poner todo el esfuerzo para preservar la vida de los argentinos” en medio de la cuarentena y por haber “trabajado junto a movimientos sociales” en las tareas sociales.

Fernández continuó con los elogios y destacó que “el mejor reconocimiento para un militar es estar presentes cuando los argentinos lo necesitan. Esa es la tarea”, puntualizó el jefe de Estado.

En otro tramo de su discurso planteó que es lo que busca el Gobierno: “Queremos unas Fuerzas Armadas integradas a la sociedad y preparadas en la institucionalidad y el respeto a los derechos humanos”, definió.

Está claro que ese es el propósito de Alberto Fernández, que incluyó al ministro Rossi en la mesa de crisis sanitaria, que armaron a partir de la pandemia. ¿Qué objetivo tiene que el ministro que conduce la cartera de Defensa, sea parte de una mesa sanitaria?

Ninguna otra más que enviar a los militares a los barrios populares con, por lo menos dos objetivos: amedrentar con el peso de los militares -no van armados porque está prohibido por ley- y por el otro lado el de preparar la reconciliación, y como dice Fernández “que se integren a la sociedad”.

La reconciliación es una tarea estratégica de quienes conducen el Estado argentino desde la salida de la dictadura. El motivo es el odio y desprestigio de las masas contra las Fuerzas Armadas genocidas por los crímenes que cometieron durante la última dictadura: 30.000 desaparecidos, la apropiación de más de 400 niños nacidos en cautiverio y la capitulación cobarde de los altos mandos ante las tropas inglesa en la Guerra de Malvinas.

El movimiento democrático que luchó contra la dictadura, y por juicio y castigo a los genocidas, conquistó leyes que impiden que los militares actúen en la vida interna del país, como lo hizo el Partido Militar durante el siglo XX.

Los gobiernos post dictadura asumieron esta debilidad de Estado y buscaron, a través de distintas políticas, recomponer a las Fuerzas Armadas y lograr regitimarlas para la reconciliación con la sociedad. Desde Alfonsín hasta Macri -como contamos en el artículo Reconciliación: el hecho maldito del país burgués, tuvieron distintas políticas para esta tarea y avanzaron todo lo que les permitió la relación de fuerza.

Alberto Fernández encontró en la pandemia una oportunidad para acercar a las Fuerzas Armadas con la sociedad. Así lo destacó este martes en su discurso ante las cúpulas militares, cuando elogió el despliegue de más de “60 mil hombres y mujeres en más de 8.500 tareas cumplidas al pie de la letra” y añadió “no saben cuánto ayudaron”, “se ganaron el reconocimiento de todos y cada uno de los argentinos”, subrayó Alberto Fernández.

Ese fue el objetivo del Gobierno, enviar al Ejército a barrios populares, para distribuir comida, como en La Matanza, el partido donde viven al menos dos millones de habitantes y más del el 40 % tiene problemas alimentarios, laborales y de vivienda.
Tarea que hace décadas vienen realizando organizaciones sociales.

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Campaña de seducción

Alberto Fernández, en la reunión de Camaradería, estuvo acompañado por el ministro de Defensa, Agustín Rossi; los jefes del Estado Mayor Conjunto, general de brigada Juan Martín Paleo; del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, brigadier Xavier Isaac; del Ejército general de brigada Agustín Ceja, y de la Armada Argentina, contraalmirante, Julio Guardia.

Ante ellos, Alberto Fernández buscó seducir a los militares, quienes vienen molestos con los distintos gobiernos por los juicios contra los militares acusados por crímenes de lesa humanidad, pero también por el desfinanciamiento militar desde el gobierno de Menem y las bajas remuneraciones que perciben, en comparación con las fuerzas de seguridad.

Para ganarse la simpatía militar anunció el inminente desembolso de fondos para “reequipar” a las tres fuerzas, y el “blanqueo” de parte de sus remuneraciones que reciben “en negro”.

El jefe de Estado les comunicó que a partir del 1 de octubre regularizará la parte que los militares cobraban en negro. “En todos estos años no fueron bien tratadas en términos salariales”, dijo. Cobraban “suplementos no remunerativos que han desquiciado el funcionamiento” del presupuesto.

Fernández, además anticipó que “se iniciará una política de Defensa que se ha paralizado en estos últimos años” y en que el Gobierno “está trabajando para ver de qué manera dotamos a las Fuerzas Armadas de lo que hace falta para defender la soberanía”.

Por su parte el ministro de Defensa, Agustín Rossi, al término del acto en el Edificio Libertador, señaló que el Gobierno espera que el Congreso sancione, en las próximas semanas, el Fondo para la Defensa para lograr un reequipamiento del sector, que cuenta con media sanción de Diputados y espera que el Senado lo apruebe. Que el FIT fue la única fuerza que votó en contra, y como advirtió Myriam Bregman"es aún más peligroso que el proyecto aprobado en Diputados, establezca que el FONDEF pueda contar con fondos de "personas humanas o jurídicas". La diputada se preguntó "¿Podrán poner plata EEUU o sus aliados, o un empresario interesado en que intervengan en operativos internos para proteger sus tierras, por ejemplo?".

Según lo que trascendió a la prensa, se estima que este Fondo implicara unos 34.000 millones de pesos anuales para equipamiento militar y tareas operativas de las tres fuerzas. En tanto el blanqueo de las remuneraciones significará una erogación 2.250 millones mensuales para el Estado, porque esta medida alcanza a los militares en actividad pero también a los retirados.

El objetivo estratégico de esta política de Fernández, es represtigiar a las Fuerzas Armadas, y reequiparlas para “dar vuelta la página”.

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