Martes 30 de diciembre de 2014 | Edición del día

Ya quedó atrás el brindis de la Nochebuena, los regalos recibidos de Papá Noel, pero en la ciudad algo perduró más allá de la fiesta y no es precisamente el espíritu navideño, sino la basura y su olor desagradable.

La Navidad se ha vuelto la fiesta del consumo. Los comercios y shoppings son los nuevos templos donde se celebra una tradición que trascendió al cristianismo y permeó en todas las sociedades a través de la imperiosa necesidad de regalar, no importa qué. Una regla de oro de estas fiestas es que el regalo debe contar con un envoltorio, que deberá ser roto al momento de ser recibido, de este modo otorgará buena suerte a su portador. Otra regla de oro de la navidad es pasar los días previos preparando una gran cantidad de alimentos – ricos en calorías – para ser comidos durante la víspera al gran momento de la apertura de los regalos.

Finalmente, como consecuencia de la Navidad, se generan grandes volúmenes de residuos entre los restos de la preparación de la comida, los envoltorios y el gran número de envases que quedan luego de una calurosa noche de brindis.

Los residuos sólidos son unos de los principales problemas ambientales urbanos. Estos se incrementan día a día debido a la transferencia de los costos ambientales de las empresas a los consumidores, quienes – a partir de ese momento - se convierten en generadores de residuos. No ingenuamente se deposita la responsabilidad curiosamente en el último eslabón. Según un estudio realizado por la Facultad de Ingeniería de la UBA cada porteño genera en promedio poco más de un kilogramo de residuos por día.

Este año el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires firmó el nuevo contrato de concesión de la recolección de residuos por un valor de alrededor de 32 mil millones de pesos por 10 años (con seis empresas recolectoras), el mismo comenzó a operar en octubre de este año. Uno de los rasgos distintivos de este millonario contrato es que habrá recolección de residuos todos los días.

Debido a los feriados nacionales establecidos para el 25 y 26 de diciembre y 1° de enero el servicio de recolección de residuos en la Ciudad de Buenos Aires fue reprogramado, pero las medidas de comunicación fueron escasas y los residuos recibieron la noche buena en la calle, a la luz de los fuegos artificiales.

Al momento de la redacción de esta nota las esquinas y contenedores de la gran mayoría de los barrios de Buenos Aires se encuentran rebosantes de residuos aromatizando las calles; como es tradición se repetirá la escena para la fiesta de fin de año. El millonario negocio de la recolección de residuos parece ser inútil frente a la obsolescencia programada por la industria y a la transferencia de residuos - como envases y embalajes - a los consumidores por parte de las cadenas de comercialización.







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