Cultura

ANIMACIÓN // DIBUJANTES

Animación, gajes de un oficio

Entrevistamos a Javier Tedín, animador de amplia trayectoria. Nos cuenta sobre su oficio, los métodos de trabajo en el mercado local y la problemática laboral de los animadores argentinos.

Miércoles 1ro de febrero de 2017 | Edición del día

Contanos en qué consiste el trabajo de animador y, a grandes rasgos, cuáles son las técnicas más utilizadas en la industria local.

El animador es básicamente el artista que genera movimiento y acción en una secuencia audiovisual. Se solía decir que los animadores eran actores con un lápiz, es así, pero es más que eso también, porque se trabaja con todo tipo de movimiento generando la ilusión de vida, partiendo de imágenes inanimadas. Es un trabajo de ilusionismo totalmente artesanal y metódico.
En la industria local se manejan prácticamente todas las técnicas, desde 2D tradicional y clásico hasta 3D o “CGI” mediante imágenes generadas por computadora, pasando por cut-out y stop motion (animación de objetos corpóreos). Ya hace un tiempo la computadora permite trabajar híbridamente generando animación tradicional/digital o cut-out/digital.
Pero en todos los casos es un trabajo que requiere tiempo y paciencia. Se manipulan imágenes fijas en una proporción de 12 a 30 imágenes para generar un segundo de movimiento. En el caso del proceso digital, la computadora ayuda como una herramienta más, pero el proceso es básicamente el mismo con el que trabajaba Winsor McCay en 1914. No existe el botón de “animar” en la computadora.

¿Cómo es el mercado de la animación argentina? ¿Podés hablarnos un poco sobre los diferentes rubros? (cine, tv, publicidad, etc.)

El mercado de cine fue siempre muy limitado. Históricamente fueron casi excepciones más o menos quijotescas. No creo que alguna vez haya existido un verdadero mercado de cine. Hace pocos años con Metegol hubo una intención de generar un mercado con el puntapié de una producción de calidad internacional, pero la intención se pinchó bastante y desde entonces no se generó un nuevo intento.
La publicidad fue siempre el mercado más grande, y el que cuenta con más recursos. Funciona tanto a nivel local como internacional.
La televisión también es un mercado chico, que en general maneja dos patas: la estatal, con fondos públicos directos y pautas oficiales (caso Paka-Paka), y la privada, con un sostén mediante empresas, canales privados y en muchos casos publicidad no tradicional (como es el caso de Los Creadores, y generalmente lo fue antes con García Ferré). Todavía no se ve un importante movimiento local de lo que sería una tercera opción que está empezando a funcionar en otros mercados: la de los canales On Demand que generan producciones propias (caso Netflix)
A estos rubros hay que sumarle el de videojuegos, que últimamente está creciendo mucho, generando productos nacionales o trabajo local para producciones internacionales.

Los animadores, ¿trabajan en relación de dependencia? ¿Cuáles son las formas de contratación habituales?

En general se manejan diferentes formas de contratación. Esto es inevitable porque la animación de desarrolla para productos y tiempos muy dispares. Un largometraje puede llevar de dos a cinco años de producción. Un estudio puede tener trabajo constante para gente fija, o puede trabajar con proyectos esporádicos de una semana o dos.
El problema es que cada vez más se está viviendo una precarización del trabajo y de las condiciones de los contratos. Si el trabajo es en relación de dependencia se suele manejar con contratos por tiempo determinado, renovando el contrato casi indefinidamente. Yo llegué a estar en un estudio con un contrato que vencía ese día, y no saber si iba a seguir trabajando ahí mañana o no. Imaginate esa situación con el agravante de que estás haciendo un trabajo creativo con pasión por el proceso de realización.
Pero últimamente una de las mayores formas de contratación es mediante la facturación con monotributo, incluso trabajando dentro de estudios. Esto es lógico, porque en muchos casos se necesita trabajar con elementos que funcionan en el flujo de trabajo de un estudio, y resuelve la contratación para proyectos cortos. Pero hay casos en los que se abusa del recurso, manteniendo trabajadores fijos prácticamente en planta permanente, pero bajo la condición de monotributistas.

Contanos cómo ves el panorama actual: ¿pueden vivir de este trabajo? ¿Cuáles son los problemas laborales más frecuentes?

La animación maneja tantos rubros y técnicas, que por suerte siempre es posible vivir de esto. Últimamente requiere un trabajo adicional que consiste en mantenerse actualizado con las herramientas técnicas, pero por suerte el abanico es muy amplio. Hace unos años parecía que no había lugar para la animación tradicional clásica, y la opción era migrar a una técnica digital (cut-out o 3D), o trabajar en otros campos como la ilustración o la historieta. Hubo muchos animadores tradicionales que no pudieron dar el salto tecnológico, pero otros sí se adaptaron y terminaron volcando todo el conocimiento de la técnica tradicional en las herramientas digitales, enriqueciendo el resultado final.
Y últimamente se está volviendo a la animación tradicional, pero con las herramientas digitales incorporadas. Se dibuja cuadro a cuadro en forma clásica, pero en tableta digital en lugar de papel y lápiz, integrando las dos técnicas.
Los mayores problemas laborales suelen ser la modalidad de contratación, la tendencia a la precarización laboral y la falta de organización sindical.

¿No existe un sindicato o asociación que los represente frente a las productoras? ¿Se organizan de alguna manera para negociar presupuestos, contratos, etc.?

La representación sindical suele caer en SICA (Sindicato de Cine) o SATSAID (Sindicato de Televisión). En general manejan una escala salarial mínima, pero no hay una escala real homologada y que esté sujeta a paritarias. Caemos dentro de rubros con “afinidad”, como “Dibujantes Técnicos”, y con suerte nos ajustamos a esas paritarias. SICA maneja una escala no oficial con rubros establecidos desde la época en que García Ferré manejaba su estudio, y desde aquella época se viene trabajando para intentar homologar la escala, pero siempre fracasa por desacuerdos con la cámara empresarial de turno. Me consta que hay gente muy capaz dentro del sindicato, que la vienen peleando durante años, llegaron a formar una rama de animación fuerte, con colegas que se preocupan por las condiciones laborales. Pero cuesta muchísimo, porque el foco no está puesto ni desde el estado, ni desde las productoras privadas, en mejorar las condiciones laborales.
La forma que los animadores tenemos de organizarnos y fijar presupuestos es muy informal, contactándonos entre nosotros, consultando en cuanto se está presupuestando en el mercado, en redes sociales, y en grupos privados. En general establecemos pisos salariales entre nosotros. A veces esa información es tomada por un sindicato para intentar generar una escala real, pero hasta ahora no viene funcionando.

Cuando el Estado produce o subvenciona producciones de animación, ¿controla las condiciones de contratación de los trabajadores del sector? ¿Qué ocurre con el trabajo tercerizado?

El estado viene realizando un “falso control” desde hace años. El control viene por el lado de los subsidios que el estado otorga para animación. Pero los subsidios suelen ser muy bajos, entonces para aplicar a esos beneficios hay que presentar una planilla de costos que cierre con el monto del subsidio, que termina siendo oficializar una mentira. Para que el INCAA financie parte de mi obra, necesito que la planilla de costos cierre con el número del subsidio, que suele ser mucho más bajo que los números que maneja una producción real.
Por otro lado, no hay ningún control de otro tipo porque no existe una escala mínima real. Para el estado yo puedo cobrar $2000,- o $ 20 el segundo de animación y es lo mismo, porque nunca se estableció un piso.
Esto lo sufren incluso las productoras privadas, que aceptan producir una serie para un canal estatal por un costo bajísimo y con poca o ninguna ganancia, a cambio de tener pantalla y visualización en el mercado, y así conseguir otros clientes en el terreno privado. Es una apuesta de la que el estado se termina beneficiando, pero que finalmente solo produce precarización y una producción local mediocre.

¿Qué se podría hacer para mejorar la situación de los animadores argentinos?

Lo fundamental sería homologar una escala salarial real, y que tanto producciones privadas como subsidios públicos se manejen con un piso mínimo real. A partir de ahí vienen las charlas con canales, coproducciones internacionales o financiación de producciones independientes. Pero nada de esto último va a tener un buen resultado si en definitiva no empezamos por saber cuál es el costo real del trabajo de los artistas.
Se deberían controlar también las modalidades de contratación. Trabajar dos años para una empresa mediante facturación de monotributo es ilegal, y sin embargo pasa todo el tiempo, e incluso con el estado como empleador. No podemos exigir condiciones dignas a empresas privadas mientras el estado siga siendo el principal empleador de trabajo precarizado del país.
Mientras tanto los artistas seguimos produciendo localmente y para el exterior. Muchas productoras de animación del mundo están llenas de talento argentino, muchos animadores que se formaron en Metegol están haciendo carrera en Canadá, USA o Europa, mientras la producción local sigue dibujando números imposibles.







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