Sociedad

PROVINCIA DE BUENOS AIRES

Aplazos: la “meritocracia” llega a la educación

Vidal decidió volver al sistema de calificaciones con aplazos. Pero los números no resuelven el debate sobre cómo mejorar la calidad educativa, evitar la repitencia y evaluar los aprendizajes.

Laura Champeau

Secretaria de Organización Suteba Ensenada

Martes 10 de mayo de 2016 | Edición del día

El gobierno de María Eugenia Vidal decidió cambiar el régimen de calificaciones en la escuela primaria y reinstaurar los aplazos para los alumnos de 4° a 6° grado que tengan notas de 1, 2 y 3 puntos. Además, fijó la calificación “insuficiente” o “aún no satisfactorio” para los chicos de 1° a 3° grado que no cumplan con los objetivos.

“El sistema fracasó”, dijo el ministro de Educación bonaerense sobre la vuelta de los aplazos. De esta manera Alberto Finocchiaro explicó por qué tomaron la decisión de volver a calificar con 1, 2 y 3 a los alumnos, sin ninguna evaluación seria ni consulta democrática al conjunto de la comunidad educativa.

La medida fue aprobada por el Consejo General de Educación de la Provincia de Buenos Aires en una ajustada votación de cuatro votos a favor del cambio contra tres que pretendían que el sistema continuara como hasta ahora y el rechazo de los gremios docentes.

Las calificaciones numéricas habían sido modificadas en septiembre de 2014 durante la reforma del Régimen Académico de Primaria (RAP) en la que los aplazos con el 1, 2 y 3 fueron eliminados.

“Meritócratas”

Continuando la campaña que enaltece el esfuerzo individual para quitarle responsabilidad al Estado en garantizar la igualdad de oportunidades para acceder a una educación de calidad, el gobierno comunica como si fuera una empresa privada. Anuncia a sus “consumidores” que serán evaluados según los méritos personales, y que como resultado llevarán el número que les corresponde.

¿Por qué el ministro no anunció que el Gobierno quiere promover un seguimiento individual y colectivo de los estudiantes y que las evaluaciones serán de proceso y no de resultado? ¿Por qué no anuncian que garantizarán las condiciones materiales para que todos los chicos tengan las mismas oportunidades de estudiar?

En la lógica del neoliberalismo en la educación, los estudiantes deben recibir una nota “como dios manda” según sus capacidades. No hay más nada que indagar. No importa si los chicos y chicas pasan por situaciones donde sus familias son despedidas, si no tienen empleo, si no llegan a comprar los libros, si no llegan a cubrir el costo del pasaje. No importa si tienen más afinidad con alguna área más que con otra.

Lo que importa es una nota. Y si la nota es baja, repetir.

El neoliberalismo valoró a la educación según lo que considera “resultados” en términos mercantiles, evaluados según un modelo de eficiencia empresarial antagónica de un criterio social y pedagógico. Y puso a los estudiantes como meros consumidores.

“Una escuela inclusiva es una escuela donde hay clases todos los días, donde los chicos aprenden lo que tienen que aprender y es una escuela además donde se enseñan valores. Y el esfuerzo es un valor”, remarcó Finocchiaro.

¿Sabe el señor ministro que en cientos de escuelas de la Provincia los alumnos se turnan para asistir a clases porque no hay aulas suficientes, ni baños, ni comedor escolar? Está invitado a recorrer el distrito de Ensenada, donde quien escribe da clases, para que se haga una idea.

¿Sabe el señor ministro que una educación de calidad debería empezar por docentes que reciban un salario igual a la canasta familiar por cargo y que en la Provincia de Buenos Aires un maestro de grado no llega ni siquiera a la mitad?

¿Sabrá reconocer el esfuerzo que hacen miles de docentes, auxiliares y padres que pelean codo a codo para sostener humana y materialmente la escuela pública todos los días?

No, señor ministro. Usted no sabe de esfuerzo ni puede hablar de valores. Porque forma parte de un gobierno que otorga millonarios subsidios a la escuela privada vaciando la pública, que decidió pagar millones de dólares a los buitres y aplicar un brutal ajuste sobre los trabajadores.

Un gobierno que gerencia los negocios millonarios de una clase parásita que fuga sus ganancias a paraísos fiscales, como el mismísimo presidente y el ministro de Educación Bullrich.







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