Géneros y Sexualidades

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Arzobispado platense: del 34° Encuentro de las “brujas” a la escurridiza “paz social”

Fuegos de octubre. Entre el Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales y No Binaries del 12 y las elecciones del 27, a Tucho Fernández se le recalentó la agenda. Antiderechos y rosca.

Daniel Satur

@saturnetroc

Estefanía Velo

@Stefania_ev

Martes 1ro de octubre | 22:03

Foto Prensa Arzobispado

Llegó octubre, el mes en el que se realizará el 34º Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales y No Binaries en La Plata, donde estarán en el centro de las exigencias el aborto legal y la separación de la Iglesia del Estado. Pocos días después serán las elecciones nacionales, donde en la ciudad se producirán cambios políticos relevantes (además del recambio presidencial, habrá nuevos ocupantes en la Gobernación bonaerense y en la intendencia).

Ambos hechos acaparan la atención especial del Arzobispado local, uno de los más importante dentro de la estructura de la Iglesia católica argentina, que desde hace meses mantiene intensas reuniones con el peronismo en la búsqueda de lograr la “paz social”.

En ese contexto, no es un dato menor que este año la curia platense quedó expuesta por el encubrimiento de más de una década al cura Eduardo Lorenzo, quien está próximo a ser procesado por abusos sexuales agravados y corrupción de menores.

Tal como lo viene informando este medio, el arzobispo Víctor “Tucho” Fernández ha demostrado con creces su apoyo incondicional al cura Lorenzo. Por ejemplo, en febrero envió cartas públicas de apoyo al sacerdote y hasta compartieron la homilía del 24 de marzo último en la Iglesia de Gonnet.

Desde 2008, con monseñor Héctor Aguer a la cabeza, desde el Arzobispado se encargaron de “tapar el escándalo” con mucha “prudencia” (dos valores que predominan dentro de esa institución). Aguer es una de las máximas figuras eclesiásticas que fue solicitada por el abogado querellante, Juan Pablo Gallego, para que exprese su testimonio en la causa judicial por abusos sexuales agravados y corrupción de menores.

Seguí todas las alternativas del caso Lorenzo a través de esta coproducción de Pulso Noticias y La Izquierda Diario

Foto María Paula Ávila
Foto María Paula Ávila

Ni un pelo de zonzo

En su libro El papa peronista (Ariel, 2019), el filósofo y periodista Ignacio Zuleta define a Tucho Fernández como el ghost writer (escritor fantasma, en las sombras) de Francisco. Lo sindica como “el sacerdote más cercano a Bergolio y pluma de sus escritos más importantes entre 2009 y 2018”. Nada menos. Se podría decir, de alguna manera, que lo que piensa y dice el monarca del Vaticano es un poco lo que piensa y dice el arzobispo platense.

Este martes, en las páginas del conservador diario La Nación, Tucho Fernández publicó una columna referida al 34º Encuentro que se realizará en La Plata entre el 12 y el 14 de octubre. Con un léxico casi progresista, el arzobispo saluda “el sueño de una verdadera igualdad”, los “colores” y las “diferentes formas de defender derechos” que adoptan las mujeres, a quienes las reconoce cargadoras de “siglos de opresión, de humillación, de dominio machista, de violencia”.

Fernández intenta hacer una autocrítica de la Iglesia al reconocer que “durante siglos toleró la esclavitud” y que “en la conquista de América hubo curas que toleraban los excesos y decían que los aborígenes no tenían alma”. Pero omite mencionar esa parte de la Historia en la que la relación Iglesia-mujeres alcanzó el nivel de tragedia: los varios siglos en los que la Iglesia, al tiempo que crecía como institución-Estado en Europa, mandaba a quemar a millones de “brujas” que amenazaban su dominación.

Y sobre el 34° Encuentro, Fernández prefiere ir a lo terrenal y pedirle a “todos los católicos” que no se movilicen y “eviten cualquier forma de agresión” hacia el movimiento de mujeres. Y aclara, para tranquilizarlos, que “quienes cuiden las iglesias” serán “las estructuras dependientes del Estado”, con quienes hace rato viene organizando el tema. Tal como sucede cada año en los Encuentros, son las fuerzas represivas las que “resguardan” las propiedades privadas de la Iglesia.

La columna de Fernández en La Nación va en línea con otro mensaje, esta vez interno, emitido por él mismo dos semanas antes. Con “prudencia”, previo al fin de semana del 21 y 22 de septiembre, a los teléfonos de cada cura de la diócesis les llegó un mensaje de WhatsApp en el que se sugería a sus destinatarios reproducir una “orden” arzobispal a las y los militantes católicos, aprovechando las misas de ese fin de semana.

El mensaje decía “queridos curas, hay grupos católicos que están convocando a ‘defender la Catedral’ el 14 de octubre”, en referencia a la multitudinaria marcha que cerrará el Encuentro. “Les pido por favor que los desalienten”, pide Fernández.

Y agrega una explicación temeraria. Como, según él, “la Policía se está organizando pero no actúa cuando hay dos bandos enfrentados”, entonces no hay que marchar hacia la Catedral, sino más bien reunirse en las parroquias “a rezar”. “Por favor no organicen confrontaciones con grupos violentos que ante cualquier estímulo pueden responder con una violencia peor”, asustó Tucho con su mensaje.

Este medio pudo confirmar que en varias parroquias los curas ajustaron sus homilías a ese mensaje de monseñor Fernández. En algunos casos, tal vez los menos, prefirieron dejar de lado el consejo del arzobispo y hablar de otros temas menos terrenales.

Pese al discurso progresista que usó para La Nación, el verdadero Tucho combate con su poder tanto las denuncias por abusos sexuales infantiles como los reclamos de los derechos de las mujeres, lesbianas, trans, travestis y bisexuales. Principalmente, la legalización de la Interrupción Voluntaria del Embarazo para que dejen de morirse miles y miles de personas gestantes por abortos clandestinos al año.

Con esa reivindicación enarbolada en banderas verdes, violetas, rojas y multicolores, la realización del 34º Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales y No Binaries, donde se estima que participarán unas 200.000 mujeres y disidencias sexuales de todo el país, va levantando la temperatura en la capital de la provincia de Buenos Aires.

Fernández junto a la gobernadora María Eugenia Vidal y el intendente de la ciudad Julio Garro, vienen llevando adelante un ajuste importantísimo que recae principalmente sobre las mujeres y las disidencias sexuales, y en esta ocasión también apuntarán contra las ordas de cientos de miles de “brujas” que marcharán por la ciudad al grito de “¡saquen sus rosarios de nuestros ovarios!” y “¡educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir!”.

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Mucha rosca, poca calle

Otra tarea de la Iglesia en este contexto es contribuir a la llamada “paz social”, una paz que implica dejar de reclamar por el aborto legal, dejar de pelear por la Educación Sexual Integral, por mayor presupuesto a las políticas de géneros, básicamente dejar de exigir mejores condiciones de vida. Dicho en otras palabras, pretenden una paz social donde nadie salga a movilizarse por sus derechos. Todo eso sumado a una militancia constante por la “contención” de la pobreza, sin afectar los intereses de los ricos que podrían sacar a las y los pobres de su situación.

En ese sentido, el viernes 27 de septiembre el arzobispo Fernández se reunió en la sede de la curia local con un grupo de dirigentes sindicales y de organizaciones sociales para conformar la sección regional de la Mesa de Diálogo por el Trabajo y la Vida Digna. De la reunión participaron representantes de sindicatos como ATE, Suteba, La Bancaria, Sosba, Gráficos y Ladrilleros, y de las llamadas organizaciones sociales como Barrios de Pie, CTEP, Movimiento Evita, Vía Campesina y el Frente Popular Darío Santillán.

Foto Prensa Arzobispado
Foto Prensa Arzobispado

Entre los referentes estaban Hugo “Cachorro” Godoy, Oscar de Isasi, Francisco Banegas, Roberto Baradel, Eduardo Berrozpe, Esteban Castro, Emilio Pérsico y Cristian Medina, entre otros. Todos ellos (una treintena de hombres y tres mujeres) prácticamente están alineados con el Frente de Todos, al menos para las próximas elecciones.

El Arzobispado informó que la reunión fue a pedido de las organizaciones para presentar una “propuesta” para la Mesa de Diálogo. Al arzobispo le vino al dedillo la oportunidad para lanzar casi una proclama política, sin mencionar “prudentemente” candidatos ni fuerzas políticas.

Fernández les habló de “la urgencia de pensar el país desde el punto de vista del desarrollo integral productivo” y de que “el trabajo es parte esencial de la experiencia de una vida digna”. Hasta se tiró contra “la especulación financiera” (curiosamente, una de las bases de la riqueza del Vaticano).

“Es muy importante la unidad para que, más allá de las diferencias, todos puedan aportar al proyecto de una Nación más inclusiva”, sentenció el arzobispo. Cualquier semejanza con los eslóganes del Frente de Todos, no es mera coincidencia. Hasta coinciden en aconsejar a sus seguidores que “abandonen las calles”.

En la reunión por la “vida digna” estuvieron ausentes dos temas muy sensibles para la Iglesia: el encubrimiento a los abusos sexuales de curas contra niñes y adolescentes y el combate a derechos elementales de mujeres, lesbianas, trans, travestis y bisexuales. Por lo que se informó, ninguno de esos dirigentes “progresistas” osaron incomodar a monseñor Aguer con esos temas. La mesa por la “vida digna” ya arrancó mal.

Foto Prensa Arzobispado
Foto Prensa Arzobispado

Hacete amigo (y confesor) del juez

A Tucho Fernández le gusta fotografiarse con dirigentes (políticos, sindicales y sociales) abocados a contener la bronca popular a base de tibias movilizaciones, de casi ninguna medida de acción directa de las masas trabajadoras contra el saqueo macrista y de vagas promesas de futuro si cambia el gobierno. En ese sentido, tiene sobradas razones para sentirse a gusto con la rosca política.

Pero la semana pasada al Arzobispado le llegó una mala noticia. La Suprema Corte de Justicia bonaerense suspendió por 90 días en su cargo al juez de Garantías Juan Pablo Masi, un confeso chupacirios y sobre quien recayeron muchas denuncias que, involucrando al poder político, policial y eclesiástico terminaron favoreciendo esos intereses corporativos.

A Masi lo suspendieron por estar acusado de “prevaricato” e “incumplimiento de los deberes de funcionario público reiterados”. ¿La causa? Nada menos que haber dictado en 2009 la absolución del exgobernador Daniel Scioli, de un exfuncionario suyo y de familiares de éste último en un proceso penal en el que se investigaban irregularidades cometidas en torno al funcionamiento del casino flotante de Buenos Aires y del Instituto Provincial de Loterías y Casinos.

Según una investigación de la fiscal Cecilia Corfield, avalada por la jueza de Garantías Marcela Garmendia, Masi intervino hace diez años en ese expediente “pese a que la competencia correspondía a otro magistrado”. Y lo hizo “con el objeto de sobreseer, de modo prematuro e injustificado, a Daniel Scioli, Luis Alberto Peluso y su entorno familiar”. En criollo, el juez no investigó nada y dijo que los acusados (entre ellos, nada menos que el Gobernador) eran inocentes.

Estar suspendido no le impedirá al juez Masi seguir cobrando la totalidad de su millonario sueldo. Pero resta saber qué decisión tomará finalmente el procurador general de la provincia, Julio Conte Grand. Él debe elevar un informe a la Corte para que ésta resuelva si suspende definitivamente al juez y le inicia un jury de enjuiciamiento o no.

Juez Juan Masi
Juez Juan Masi

Conte Grand, como se sabe, es miembro del Opus Dei, la fracción ultraconservadora de la Iglesia católica con influencia directa en el Vaticano y en gran parte del mundo, incluyendo Argentina. Serán 90 días de intensas conversaciones entre los gladiadores del Opus y los representantes del “papa peronista” en estas tierras.

La suspensión del cargo, a Masi además le quitó una oportunidad histórica. Él era el juez que iba a estar de turno el fin de semana del 34° Encuentro. Su función iba a ser, entre otras, la de librar "órdenes de detención y/o de desalojo" durante la masiva movilización del domingo 13. Como sucede consecutivamente desde el 2015, las policías de las provincias donde se hace cada encuentro reprimen y detienen a las mujeres que se movilizan. Y son esos jueces de turno quiénes deben firmar las liberaciones.

Sin dudas para Tucho Fernández fue un golpe que a Corte bonaerense saque del juego a Masi. Tener a un confeso servidor de la Curia a disposición para criminalizar a las mujeres era algo invalorable. Parece que el diablo metió la cola.

En el caso Masi aparecen algunos personajes que se repiten en otras historias conocidas en La Plata, algunas de las cuales involucran también al Arzobispado. Sin ir muy lejos, alcanza con decir que Masi tuvo a su cargo el caso del cura Lorenzo cuando los querellantes pidieron este año reabrir la causa que llevaba una década durmiendo en los archivos judiciales.

Tanto por sus estrechos vínculos con el Arzobispado y con el abogado Alfredo Gascón (además de Lorenzo, defendió a Scioli en la causa en la que el juez lo sobreseyó) como por la aparición de nuevas víctimas y pruebas que incriminan a Lorenzo, Masi decidió no fallar en defensa del cura y, por el contrario, terminó excusándose de tomar la causa apelando a que estaban comprometidas sus creencias religiosas. Vale decir que, entre otras cosas, en los Tribunales a Masi se lo reconoce por ostentar una enorme cruz colgando sobre su barriga.

Foto Prensa Arzobispado
Foto Prensa Arzobispado

La Plata es la ciudad de los arzobispos Héctor Aguer y Víctor Fernández, de curas como Eduardo Lorenzo, Héctor Giménez y Rubén Marchioni, de jueces como Juan Masi, Marcelo Melaso y Alfredo Villata, de fiscales como Marcelo Romero y Ana Medina, de abogados como Alfredo Gascón. Y también fue y es base de operaciones de reaccionarios gobernantes como Daniel Scioli, Julio Alak, María Eugenia Vidal y Julio Garro.

Sobre esa ciudad, en dos semanas sobrevolarán miles y miles de “brujas”, todas dispuestas a pelear por lo que les corresponde. Sin miedo a las hogueras del Siglo XXI ni a los cuerpos celestes que transpiran odio y rabia. Y eso, a los cuidadores de la Catedral, les genera pánico aunque lo disimulen.







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