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Bolsonaro frena reformas económicas por miedo al contagio de las protestas en la región

El ultraliberal ministro de Finanzas de Bolsonaro, Paulo Guedes, anunció que suspenderían la reforma que ataca a los empleados públicos por temor a que genere protestas como las de Chile, Ecuador o Colombia.

Jueves 28 de noviembre de 2019 | 10:30

Hace tan solo dos semanas el ultraliberal ministro de Finanzas de Bolsonaro, Paulo Guedes, declaraba al Financial Times que las protestas en Chile no le harían desalentar en avanzar en la reforma de la función pública que implica un ataque brutal a las conquistas de los empleados estatales. Sin embargo esta semana su discurso cambió radicalmente. Ante la persistencia de las protestas en Chile, que fueron precedidas por las de Ecuador y a las que se sumaron en los últimos días las de Colombia, tanto Guedes como Bolsonaro anunciaron que frenaban al menos hasta el año que viene una serie de reformas, que además de la de la función pública incluye una reforma tributaria.

El anuncio "oficial" lo hizo Guedes el lunes por la noche en EE. UU. donde se reunió con miembros de la administración Trump. Si bien su discurso petardista incluyó una mención a un decreto de la dictadura por el cual se cerró el Congreso, dando a entender que el Gobierno seguía teniendo firme las riendas de la situación, la realidad es que la finalidad fue sincerar que iban a tener que frenar el ambicioso plan de contrareformas neoliberales ante el retorno de la lucha de clases a la región.

Justamente Chile es el país que siempre puso como ejemplo Guedes. La reivindicación de la herencia neoliberal pinochetista, de la que él mismo participó como asesor, está hoy profundamente cuestionada y generó la rebelión del pueblo chileno que hoy se levanta contra esos 30 años en los que se siguieron llevando adelante las políticas neoliberales que generaron precarización y desigualdad récord.

Las protestas previas en Ecuador, contra la aplicación directa de un ajuste dictado por el FMI, y en la última semana en Colombia contra un paquetazo de reformas del Gobierno de Iván Duque, al que se le suma las imágenes de resistencia al golpe en Bolivia (a pesar del rol traidor y pasivizador de los parlamentarios del MAS de Evo Morales), terminaron de convencer a Bolsonaro de patear al menos un año las reformas que puedan instalar en Brasil el fantasma de las protestas que recorren el subcontinente.

"Cuando todo el mundo empieza a salir a la calle sin motivo aparente, dices: ‘Mira, para no darles un pretexto vamos a ver, vamos a entender lo que está ocurriendo”, le dijo Guedes al diario brasileño Estadão. Aunque el ministro de Finanzas de Bolsonaro quiera evitar hacer mención al asunto, las protestas no son "sin motivo aparente" sino que en todos los países enfrentan los ataques a las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo.

Guedes sabe que ya tiró demasiado de la cuerda con la aprobación de la reforma previsional, que pasó en Brasil sin ningún tipo de resistencia ni de parte de las principales centrales sindicales ni del Partido de Trabajadores de Lula, y que significó un ajuste brutal sobre los trabajadores y pensionados brasileños. Sin embargo, al calor de las luchas actuales en la región, el Gobierno de Bolsonaro tomó nota del riesgo de avanzar hoy en una reforma que implica despedir a miles de empleados públicos y congelar salarios.

A este clima de lucha de clases regional se suman los vientos de recesión económica que soplan de todos lados, la devaluación del real y la debilidad del Gobierno de Bolsonaro. Esto último se expresa en múltiples escenarios, desde la derrota judicial que permitió la libertad de Lula, el golpe a la operación Lava Jato y a su mentor el ministro de Justicia Sergio Moro, hasta los roces con el Parlamento donde el presidente ultraderechista parece haber perdido el control ante la "rosca" de la política tradicional y que terminó en la ruptura con su propio partido, el PSL, para formar uno nuevo bajo el nombre Alianza para Brasil. Con esta jugada espera arrastrar a un sector de la derecha con el objetivo de tratar de conquistar una nueva fuerza política hacia las elecciones del año que viene (aunque aún debe llegar con los tiempos para legalizar su nueva alianza, lo que no está confirmado que pueda hacer).

Por su parte el líder del PT, Lula, comenzó desde su liberación una serie de actos por todo el país pero no para enfrentar a un Bolsonaro debilitado y a sus reformas en las calles, sino con el objetivo puesto en las elecciones del año que viene y, sobre todo, en las presidenciales de 2022. El PT maneja unos "tiempos largos" que no se condicen ni con los ataques al interior de Brasil ni con la emergencia de la lucha de clases en toda la región.

A pesar de que en una de las entrevistas Guedes mencionó al dirigente del PT y denunció que este querría sacar a la gente a las calles de Brasil, la verdad es que los que realmente frenaron por ahora las reformas de Bolsonaro, son los miles de manifestantes que enfrentan los planes de ajuste y las agendas neoliberales en la región.







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