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CRISIS POLÍTICA

Brasil: resucitarán la propuesta del parlamentarismo en caso de agravarse la crisis del gobierno

Con las dificultades para gobernar que atraviesa el gobierno de Dilma Rousseff, el presidente del Senado Renan Calheiros (PMDB-AL) y de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha (PMDB-RJ), decidieron retomar la discusión en torno al cambio del sistema de gobierno hacia un sistema parlamentarista.

Leandro Lanfredi

Trabajador petrolero | Rio de Janeiro

Jueves 31 de diciembre de 2015 | Edición del día

El área técnica del Senado evaluó los sistemas en Alemania, Australia, Austria, Bélgica y Canadá. Renan justificó la medida en respuesta a varios pedidos que recibió para dar curso a esta discusión en el Senado, en caso de que la crisis del gobierno de Dilma se agrava. Una de las alternativas, en este escenario, sería convencer al presidente a pasar el poder al Parlamento y quedar como Jefe de Estado. Pero el asunto se enfrió con el reciente acercamiento de Renan al gobierno. Próximo al PMDB, el senador José Serra (PSDB-SP) es uno de los mayores defensores del cambio de sistema.

En el Senado, la propuesta más avanzada es la del senador Antonio Carlos Valadares (PSB-SE) que recibió el apoyo de 40 senadores para iniciar el pedido. El texto prevé la realización de un referéndum en 2017, en caso de que el Congreso lo apruebe y la entrada en vigor del parlamentarismo en 2019, con el nuevo gobierno. “El régimen presidencialista es generador de crisis, el régimen parlamentarista es generador de soluciones”, destacó.

Parlamentarismo en la agenda y negociaciones en curso

En la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha afirmó que de obtener la unanimidad de parte los colegas, el tema ingresará como prioridad en la agenda de 2016. “Si estuviésemos en un régimen parlamentarista la actual crisis estaría resuelta. En el presidencialismo no se da esta previsión de disolución del Parlamento y nuevas elecciones”, afirmó. “Estamos obligados a convivir con un gobierno defectuoso, sin apoyo popular, hasta el fin del mandato. Si estuviésemos en el parlamentarismo, el actual gobierno ya hubiese caído”. Para Cunha, cualquier cambio en la Constitución solo debe entrar en vigor luego del término del mandato de la presidenta, “sino es golpe”, afirmó.

La discusión en la Cámara de Diputados está más avanzada. La propuesta de enmienda a la Constitución (PEC) presentada en 1995 por el entonces diputado Eduardo Jorge (PV), fue aprobada en comisión especial y depende apenas de su inclusión en la agenda del plenario en la Cámara de Diputados. El diputado Luiz Carlos Hauly (PSDB-PA), ya presentó una solicitud para que se dé prioridad a esta discusión. Si fuese aprobado, se envía al Senado.

Estas discusiones sobre el parlamentarismo, que rondan la política nacional, sobretodo en momentos de crisis abren la discusión sobre las diferentes alternativas políticas pero también actúan como un elemento de presión sobre el poder Ejecutivo. Renan Calheiros, al encabezar esta propuesta junto a Cunha intenta mostrarse como algo más que un oficialista al interior del PMDB y al mismo tiempo puede “vender su pescado” más caro a Dilma y al PT.

Una respuesta a la crisis política que no soluciona ni garantiza “mayor representatividad”

En la crisis política que se abrió luego de la muerte de Getúlio Vargas, y particularmente después de la renuncia de Janio Quadros, la solución que diversos sectores de la elite nacional encontraron para impedir la pose de Jango fue la adopción del parlamentarismo. Tancredo Neves, abuelo de Aécio Neves (PSDB), se convirtió en primer ministro por un año hasta que un plebiscito reinstauró el presidencialismo y los poderes a Jango. Ahora, en medio de la crisis política que atraviesa no solo el gobierno sino el parlamento con interminables denuncias de corrupción como las que incluso afectan a Cunha y a Renan, esta propuesta vuelve a ganar espacio.

La propuesta intenta argumentar que los deseos de los electores estarían mejor representados en un sistema parlamentarista, teniendo posibilidades de convocar a nuevas elecciones en cualquier momento. Este argumento es triplemente falaz.

En primer lugar falta a la verdad a partir del presupuesto de que este sistema se caracteriza por imponer enormes restricciones democráticas para que los trabajadores disputen las elecciones con representación política propia. Vale mencionar que hasta Marina Silva con ayuda financiera del Banco Itaú tuvo dificultades para regularizar y legalizar a su partido.

Un sistema donde partidos como el PSOL están prohibidos de participar en debates por TV por no contar con al menos 9 diputados federales, claramente está lejos de ser un sistema “representativo”. O el parlamentarismo con cláusulas de barrera como en Alemania, donde cualquier partido con menos del 5% de los votos tiene prohibido ingresar en el parlamento tampoco parece ser “representativo”.

En segundo lugar, esta propuesta esconde un intenso juego de cambio de gobiernos que puede darse bajo el sistema parlamentarista. Con frecuencia los gobiernos se forman en los países con sistema parlamentarista por fuera de la intención de sus votantes, como son los gobiernos de "unidad nacional" o "técnicos", que se dieron en Grecia e Italia. Y peor aún, en este sistema parlamentarista cuestiones de "estado" y no de "gobierno" no están a cargo del Primer ministro sino del "presidente" que, por lo general, es elegido para mandatos extensos de una década. Es decir, con un discurso democrático buscan en realidad blindar al Estado, retirar del debate, supuestamente democrático, los temas centrales.

Esta propuesta también encuentra límites importantes en la configuración de las élites en el país. En un sistema parlamentario sin una fuerte figura central que distribuya “beneficios”, los intereses regionales tienden a chocar más. Las élites del país, nacidas de su acumulación a partir del campo, del comercio de esclavos y como importadoras locales de productos manufacturados, antes y después de la industrialización y urbanización nacional, siguen teniendo intereses contradictorios y todas dependen del Estado nacional y un Ejecutivo fuerte para dos motivos centrales: reprimir a la clase obrera y a los sectores populares y negociar mejores condiciones para sí mismas, frente a las demás y frente al imperialismo.

Hasta incluso la más poderosa elite nacional, la paulista, siempre dependió del Estado nacional para “bancar” sus préstamos y honrar sus compromisos. Símbolos de las elites de otras regiones como la familia Marinho de Rio de Janeiro, Eike Batista, Odebrecht de Bahia, Queiroz Galvão de Pernambuco, todas dependen fuertemente del Estado para su acumulación, sea para obtener concesiones (de radio, TV, minería, carreteras) sea para las licitaciones públicas.

Poner en marcha una propuesta de sistema parlamentarista con partidos fragmentados en intereses regionales y de caudillos, como bien ilustra el caso del PMDB, parece una propuesta que puede hasta tornarse viable para algunos sectores de la elite si no hubiera otra salida más costosa, pero incluso así no parece ser que esta respuesta resuelva las contradicciones, entre otras la de la integración nacional que depende de un fuerte Ejecutivo con fuerte legitimidad popular, sus tropas, su bancos de desarrollo y otros instrumentos financieros para arbitrar, supuestamente en nombre de la nación, cómo distribuir los recursos entre los estados, cómo colocar en los bolsillos de cada contratista los grandes negocios, legales o no, del Estado nacional.

La continuidad de la crisis política en 2016 promete seguir agregando leña en la hoguera de este viejo debate, que está lejos de resolver las necesidades de los trabajadores comenzando por terminar con este régimen corrupto, de privilegios, de impunidad y que solo sirve a los grandes empresarios que despiden y destruyen el medio ambiente como ocurre con la empresa privatizada Vale do Río Doce.







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