Política

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Cambiemos y su problema con las palabras

Los “ensayos y errores”, la discusión por la soberanía de Malvinas y la convocatoria de Marcos Peña a una reunión con todos los estrategas de la comunicación del Gobierno.

Juana Galarraga

@Juana_Galarraga

Viernes 23 de septiembre de 2016 | Edición del día

Los “problemas de comunicación” se han convertido en otro latiguillo institucionalizado en el discurso del Gobierno. Tratándose de un gabinete que hace gala de eficiencia y profesionalismo, en cuanto a la cuestión de la comunicación, se ve que el Gobierno no está conforme con lo que ha sido capaz de hacer hasta ahora.

Muestra de la importancia otorgada a esto, es la reunión que Marcos Peña prepara con todos los voceros del Gobierno en el Centro Cultural Kirchner, para trabajar “una mejor comunicación con la gente”. Esto ocurrirá hoy viernes.

De la jornada participarán funcionarios que conforman el esquema de comunicación del jefe de Gabinete, ministros, secretarios, expertos en redes sociales, comunicación visual, estrategia de vínculo directo, discurso y diseño. Entre los principales disertantes estarán el ministro de Cultura, Pablo Avelluto, y el titular del Sistema Federal de Medios Públicos, Hernán Lombardi.

Esta convocatoria se da a conocer en el marco del papelón internacional, por los dimes y diretes en torno a la soberanía de Malvinas y el cruce con el Gobierno británico luego de que el presidente argentino anunciara que se hablaría hasta de la “soberanía sobre las islas”. Precisamente, el debut de Macri en la ONU no estuvo exento de los “problemas comunicativos” que el Gobierno parece tener. Parece que Macri piensa poco antes de hablar.

Del encantamiento al sinceramiento

Estar al frente del Estado y ser el principal responsable del desarrollo concreto de la política en el país, viene mostrándole a Macri, desde hace tiempo, que con las charlas motivacionales que caracterizaron a su campaña electoral ya no alcanza. El “sí se puede” hoy tiene que tomar formas y valores concretos.

En el paso del “va a estar buena la Argentina” -en forma de promesa de buen desempeño técnico- al momento actual en que la población debe tener “más paciencia”, se interpuso un desafío para el Gobierno. Básicamente, el estilo de Durán Barba sirvió para los tiempos del encantamiento, no para los del “sinceramiento”.

Precisamente, los cambios que han acontecido desde la asunción del nuevo oficialismo, lo ponen en una gran encrucijada. De lo que se trata ahora, es de explicar una realidad que no se condice con viejas promesas de campaña: ahora hay que explicar el ajuste y hacerlo digerible.

Dime ante quién hablas…

El primer traspié importante que el Gobierno atribuyó a un problema de comunicación fue la crisis abierta con el intento de imponer un tarifazo salvaje, que se topó con la “rebeldía” judicial. Según el discurso de los funcionarios y de gran parte de la misma corporación mediática, si Cambiemos hubiese sido capaz de comunicar mejor de qué se trataba la idea, no hubiese generado el descontento que se extendió a lo largo y ancho del país.

La hipótesis es poco creíble. Aumento de tarifas es aumento de tarifas en todos lados y en todos los idiomas. En un contexto de ajuste, de caída del salario real, de despidos y suspensiones, es poco probable que el tarifazo hubiese sido aceptado con mayor simpatía por parte de la población, por más recursos que el Gobierno hubiera dispuesto para explicarlo. Precisamente la confirmación de ello se puede ver en el hecho de que la suba inicial propuesta por el Gobierno alcanzará el 203 % promedio en los primeros seis meses. Esto, cuando las primeras subas podían alcanzar porcentajes de más del 1500 %.

Ensayo y error, otra marca de estilo de gestión de Cambiemos, que contradice sus promesas de eficiencia. Ante el error en la comunicación de la política tarifaria, el presidente se lanzó a una cruzada mediática aclaratoria y asistió a una serie de entrevistas con periodistas de distintos medios de alcance nacional. Allí vertió toda su (escasa) capacidad pedagógica y desplegó un discurso plagado de metáforas risibles para explicar sus decisiones y tratar de revertir el descontento popular que venía en ascenso.

El Gobierno hoy se enfrenta a un objetivo que le implica desarrollar un doble estándar discursivo. En Argentina y ante sus compatriotas debe recurrir a una y mil estrategias para explicar su plan, pero suavizado, en cierta forma solapado, para no provocar mayor antipatía. “Recibimos una pesada herencia, pero vamos por el buen camino. Tengan paciencia” es el discurso que prima.

Por el contrario, en escenarios internacionales, frente a los grandes inversionistas y representantes del capital imperialista, se expresa de forma más sincera y directa: “Vengan por favor, que vamos a ajustar todo lo que sea necesario”. Aunque acá también pide paciencia: “Aguanten un poco, hasta 2017”.

Estando en Argentina, pero con periodistas del exterior, Macri ha dado cuenta de una mayor “sinceridad”. Imposible olvidar su desparpajo al asegurar que no le interesaba si los desaparecidos fueron 30.000 o 9.000 a periodista mexicana Karla Zabludovsky.

La palabra del papelón

“Mauricio o Néstor: la palabra soberanía después de comer siempre cae pesada”. “Una palabra sensible”. “Macri admitió que ‘nunca se mencionó la palabra soberanía’”. Los titulares corresponden a los diarios Clarín, La Nación y Página/12 de la tarde de ayer.

La admisión por parte del presidente de la mentira (nunca habló con la primera ministra británica de “soberanía”) vuelve a poner en evidencia el problema de Macri con el manejo de la palabra y la comunicación. Como un claro antecedente de esto, aunque en otro nivel, podría mencionarse la desafortunada frase sobre las personas que andan por su casa “en remera y en patas”.

Los medios centran su análisis en esta cuestión, como si todo se tratara de una cuestión de discurso y de inexperiencia. “Macri aprobó cuando estudió de memoria, pero falló al improvisar”, tituló Clarín. El gran diario argentino planteó que el discurso del presidente ante la asamblea de la ONU estuvo perfectamente estudiado, memorizado y cronometrado. Por eso a Macri le salió tal y como esperaba, y apenas se excedió 20 segundos de lo previsto. Sin embargo, el problema surgió cuando improvisó en declaraciones ante los medios.

Resta ver si el malentendido sobre la intención de discutir la soberanía de Malvinas, se trató en realidad de un “error” en la elección de las palabras o de otro de los gestos de sinceridad bruta y cipaya ante el imperialismo.







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