Mundo Obrero

COMIENZA EL JUICIO

Carlos Propato: “Ford tuvo un centro clandestino en la fábrica, nos torturaron doce horas”

El martes, en el TOF 1 de San Martín, arranca el juicio oral contra directivos de la automotriz por delitos de lesa humanidad. Uno de los obreros sobrevivientes habla de la lucha de su clase, ayer y hoy.

Domingo 17 de diciembre de 2017 | 10:09

Las cuatro décadas a la espera de justicia no lograron doblegarlo. Carlos Propato espera el inicio del demorado juicio por los delitos de lesa humanidad cometidos por parte de directivos de la empresa Ford Motors Argentina S.A. con toda la garra que caracteriza a este luchador, a quien sus amigos definirían como solidario y alegre.

Propato Integra el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj) de la zona norte del Gran Buenos Aires y milita en derechos humanos: no falta cada año, por ejemplo, a la Marcha del Apagón en Jujuy. Sabe que lo que se viene no será fácil, enfrentan a una de las multinacionales más poderosas del mundo. Y además, el tribunal que juzgará a los imputados (Pedro Müller, exgerente de manufacturas y segundo en la escala jerárquica de Ford, y el teniente coronel retirado Héctor Francisco Sibilla, exjefe de seguridad de la planta de General Pacheco, que llegó a tener su propio centro de detención y torturas en el campo de deportes) es el que recientemente absolvió a un genocida de Campo de Mayo que practicaba la tortura con perros, Rafael López Fader.

Propato tiene 69 años, vive con su compañera Mariana, hija de Miguel Angel Rouseaux, trabajador desaparecido de Gilette.

El juzgamiento de la denominada “pata civil” de la dictadura, que lejos de ser mera cómplice fue partícipe o directamente autora intelectual de estos crímenes que no prescriben, acumula una demora que otorgó mayor impunidad a estos genocidas de saco y corbata. Aún hoy sigue siendo ardua tarea destrabar los burocráticos escollos que se empeña en poner la corporación judicial. Por eso, a horas de la primera audiencia, durante la charla de Propato con La Izquierda Diario se cuela una pizca de ansiedad.

El martes a las 9:30 los dos exdirectivos de la automotriz norteamericana se sentarán como acusados junto al exgeneral Santiago Riveros ante el Tribunal Oral Federal 1 de San Martín (Pueyrredón 3728, San Martín). La causa se elevó hace tres años y medio, el inicio se postergó dos veces, y en el camino fallecieron dos de los acusados: el exgerente de relaciones laborales Guillermo Galárraga, que llegó a estar procesado por su participación primaria en estos delitos de lesa humanidad, y el entonces presidente de la compañía, Nicolás Courard.

A mediados de 1975, en el marco de una huelga con ocupación de fábricas por parte de los obreros de automotrices, los de Ford marcharon hasta la sede de Smata, que conducía José Rodríguez, para rechazar la paritaria y exigir la convocatoria a un plenario de delegados. En ese proceso los delegados presentaron su renuncia al sindicato, al que la empresa aceptó aportar un 2 % de los salarios de cada obrero, aún de los no afiliados.

Aquella lucha concluyó con el despido de más de 300 trabajadores, un estricto régimen de control policial dentro y fuera de la planta, y el desplazamiento de la comisión interna, según se relata en el libro Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad, coeditado en 2015 por la Secretaría de Derechos Humanos, el Programa Verdad y Justicia, Flacso, el CELS e Infojus.

El 25 de marzo de 1976, un día después del golpe, los delegados fueron citados a una reunión. Galárraga les leyó una esquela, que adjudicó a un coronel, que los exhortaba a olvidarse de todo reclamo gremial. “Se acabaron todos los problemas”, ironizó el gerente. “La empresa Ford Motor Argentina pasa a ser objetivo y prioridad militar”, afirmó. En los últimos días de marzo comenzaron los secuestros, la mayoría en el predio de Pacheco, en horario laboral y frente a compañeros, seguidos por interrogatorios y torturas en el quincho del campo de deportes donde el Ejército había instalado su campamento.

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Durante las detenciones varios militares mostraron a sus víctimas las fotos tamaño carnet que obraban en sus fichas de ingreso a Ford y admitieron que la empresa les había facilitado los legajos.

La jueza Alicia Vence procesó en mayo de 2013 a los tres exdirectivos de Ford como partícipes primarios de los secuestros y tormentos de 24 trabajadores, todos delegados o activistas gremiales, de los cuales tres permanecen desaparecidos. Müller, Galárraga y Sibilla fueron responsabilizados por haber entregado al Comando de Institutos Militares datos personales y fotos de empleados que luego fueron secuestrados, y por “haber permitido que se montara un centro de detención en el interior del predio de esa fábrica, en los sectores del Campo Recreativo y/o de Deporte, para que en sus dependientes fueran interrogados, en ese lugar fueron golpeados, maniatados, tapándoseles sus rostros para que no pudieran observar lo que ocurría”.

La magistrada dio por probado que “la empresa aportaba recursos y apoyaba al gobierno de facto a cambio de la limpieza de los elementos que le impedían sojuzgar al personal y avasallar sus derechos laborales obtenidos”. A su criterio, los aportes de los gerentes “fueron esenciales” para materializar los secuestros. “La automotriz quería generar más productividad a bajo costo. Por otro lado, los militares necesitaban un ‘enemigo’ interno para justificar la estabilidad del régimen ilegal. De esa conjunción emergió la llamada ‘subversión industrial’, que no era otra cosa que un puñado de delegados de base que pujaban por los derechos laborales de sus compañeros, obviamente impidiendo así los atropellos de la patronal y minando la posibilidad de que la productividad creciera a cuesta de su salud física y mental”, explicó Vence.

La expropiación del llamado “quincho recreativo” de la Ford, donde funcionó el campo de exterminio a medida fabril, tiene media sanción en la Legislatura bonaerense, a propuesta del diputado (mandato cumplido) Christian Castillo. En tanto, en mayo de 2012 los sobrevivientes habían logrado ingresar a la planta para realizar una inspección ocular: Propato, Pedro Troiani, Carlos Garey, Rúben Traverso, Ismael Portillo y Carlos “el Negro” Cantelo, entre otros.

“Acá el Ejército ocupó la planta. La llenaron de camiones y tanquetas, mientras sobrevolaban rasantes los helicópteros. Rápidamente la empresa nos marcó, les entregó el comedor y los abasteció de combustible. En pocas horas instalaron un cuartel militar dentro de la fábrica”, recordó uno de ellos, que habían sido acompañados por Victoria Moyano, hija de desaparecidos y miembro del Ceprodh.

“Éramos muy chicos, adolescentes, estábamos empezando una vida. De tanta picana me generaron un derrame cerebral, y nunca más pude volver a trabajar”, dijo otro. “Peleábamos por el salario, por el día femenino, la guardería”, contó aquel día Propato a Moyano, quien tras su secuestro, estuvo en la comisaría de Tigre y luego en Sierra Chica.

“Vamos a financiar el golpe”

“La organización de aquellos años arranca alrededor de 1972 dentro de la Ford, anteriormente era un mundo totalmente distinto, no había una organización directa, eso fue una lucha de hablar de hombre a hombre y día a día. La lucha sindical existía en ese momento en todo el cinturón industrial de Pacheco y toda zona norte. Peleábamos en Ford, en el Cordobazo, y en otras automotrices”, describe Propato, que pronto será testigo en el juicio, entrevistado por La Izquierda Diario.

“En aquel momento los compañeros que trabajaban en la sección Chasis morían por plomo en la sangre, esos eran los grandes problemas que teníamos en Ford, los que entraban al año o dos años terminaban con cáncer de pulmón pero nunca se sabía por qué. Los echaban y les pagaban plata que les alcanzaba solamente para su cajón, y desaparecían de la planta. Un compañero nuestro hizo un estudio, la gente pulía los lomos del baúl a cara descubierta por eso se fue tragando y tragando tóxico, y esos hombres morían y no sabíamos por qué. Reclamamos por eso y ahí empezaron en el 74 y 75 nuestros grandes enfrentamientos contra la Ford.

¿La empresa cómo reaccionó?

  •  Sostenía que eso no podía ser, pero nosotros con nuestra organización en la fábrica y en la zona del cinturón industrial de Pacheco, con una gran fuerza obrera, llegamos a la conclusión de que morían por plomo en la sangre. Eso Ford nunca lo perdonó pero los grandes acontecimientos de la época pasaron a la historia y hoy son hojas de un libro que hay que remover para saber que pasó. No solamente luchábamos porque fuéramos revolucionarios, pensábamos en la salud del obrero y así se hicieron muchísimas luchas.

    ¿Cuándo empezó la represión adentro de la planta?

  •  Los chicos delegados del comedor fueron los primeros detenidos que hubo, que tenían 19, 20 y 21 años. Tres de ellos fueron detenidos del 24 de marzo de 1976 a las 19, tipos que eran pibes, les hicieron simulacros de fusilamiento entre otras cosas. Creo que hubo cinco empresas que tuvieron centros clandestinos de detención dentro de las plantas y la primera fue Ford, nosotros estuvimos bajo tortura de las 11 de la mañana hasta las 11 de la noche. Pero acá estamos, luchando para llegar hasta este juicio pero también en las luchas actuales y las que tendremos por delante.

    ¿Considera que el caso de Ford es emblemático respecto del rol central que tuvieron durante la dictadura empresas y muchos sindicatos?

  •  En el año 74 empezamos a ver los primeros servicios dentro de la planta. Empezaron a aparecer las fuerzas que comenzaron a custodiar para vigilar todo dentro de Ford. Al año siguiente vino un cambio muy fuerte dentro del movimiento sindical. El Gobierno le sacó el bozal a la Triple A que empezó a diezmar compañeros día a día y algunos tampoco creían que esto pasaba, o no creían que las cárceles estaban llenas de presos políticos. Muchos de nosotros lo alertábamos y la Triple A se empezó a soltar y a actuar con un sadismo total y comenzó una caza de brujas que fue terrorífica. Compañeros empezaban a aparecer muertos por todos lados en enfrentamientos totalmente ficticios y nosotros ya nos despegamos del sindicato Smata porque verdaderamente era nuestro peor enemigo. La burocracia sindical fue uno de los traidores más grandes que tuvimos en esa época.

    ¿Es decir que recrudece la represión en medio de una fuerte ebullición de lucha sindical?

  •  Ya en 1975 comienza una organización muy fuerte obrera que se llaman las Coordinadoras Obreras de todos los gremios en zona norte, sur, oeste, y este. Esas coordinadoras eran las que dirigían las luchas gremiales de todo el gran Buenos Aires. En el 73 un gran aliado que tuvimos fueron los trabajadores de astilleros Astarsa que se organizaron y peleaban contra las muertes que sufrían por las terribles condiciones de trabajo. Estos compañeros se unen a nuestra lucha hasta 1976 con la caída de María Estela Martínez de Perón y asume Videla. Pero no fue sólo que asume el Ejército, estaba bancado e impulsado por la mano civil, a los que les convenía que el golpe militar exista era a la mano civil, con eso se liberaron de muchísimas cuentas que tenían con el Estado, que después terminó pagando el obrero, el pueblo. Entonces las grandes empresas los grandes monopolios internacionales impulsaron al Ejército diciéndoles ‘señores ustedes actúen que nosotros vamos a financiar el golpe de Estado’. Las empresas, los grandes monopolios, la Iglesia son los que siempre financiaron e impulsaron los golpes de Estado en Argentina.

    ¿La situación cambió a partir del 76?

  •  Ya del 76 en adelante era otro mundo totalmente distinto, las declaraciones que hizo el radicalismo contra el movimiento obrero, los grandes desastres que hizo Luder del peronismo contra el movimiento obrero, no tenemos que olvidarnos de eso. El 15 de abril del 75 fue la marcha más grande que hubo, la más organizada. Levantamos toda la zona norte desde Garín hasta puente Saavedra, las fábricas, talleres, todos los trabajadores fuimos a esa marcha que tenía unos diez kilómetros aproximadamente. En Márquez y Panamericana nos esperaban las fuerzas represivas y nosotros conseguimos un camión con garrafas y les dijimos que si nos reprimían iban a volar ellos también junto con nosotros y los restos se iban a repartir por toda la provincia, tanto los nuestros como los de ellos. Así que llegamos a un acuerdo y cada uno se fue a su casa, pero eso a la noche hubo una cacería, nos buscaron en todas las esquinas, en nuestras casas.

    El inicio del juicio sucede en un momento particular, con el intento de imponer un ajuste brutal con represión y con un gobierno que niega el genocidio. ¿Qué apreciación le merece?

  •  Estamos en épocas difíciles, este Gobierno niega a los 30 mil compañeros desaparecidos que fueron el 70 % trabajadores y también chicos, viejos, abuelos, artistas. Todo aquel que pensaba en lo más mínimo distinto al Estado era un subversivo, y es lo mismo que está pensando y diciendo hoy este Gobierno. Un obrero reclama algo y automáticamente están diciendo que es un subversivo, que no puede ser que se muevan con las caras tapadas. Me pregunto ¿cómo puede ser que las fuerzas del Estado estén tan tapadas que ni los ojos se les ven? Nosotros estamos peleando derechos desde el Siglo XX, estamos en el Siglo XXI y tenemos que seguir luchando, contra una burocracia y maltrato total hacia el obrero, hacia el trabajador. Estamos viendo lo que está pasando, este Gobierno es siniestro, totalmente siniestro, caritas de buenos, muchachitos que hablan de historia cuando a la historia la conocieron a través de los libros, no del olor a pólvora, a sangre que hubo en aquellas luchas gremiales en la época en que el pueblo se reveló. Este gobierno dice que nosotros estamos obstruyendo los caminos del futuro de este pueblo, es una gran mentira. ¿A quien pueden convencer con esto? Ahora se la agarran con los viejos, con los discapacitados, las jubilaciones de gente que está totalmente indefensa. Creo que cualquier ser humano tiene que darle la mano a otro que se cayó, se enfermó, o está en una silla de ruedas, tenemos que ayudarlo, lo tiene que ayudar el Estado y esto de sacarle a toda esta gente es una barbaridad. Por eso yo creo que el pueblo se va a revelar y no va a claudicar ante estas luchas que se presentan. Lo que pasó con Santiago Maldonado, con Rafael Nahuel, son crímenes que cometió el Estado, estas cosas son terribles para esta época y son negadas por el Gobierno. El jueves vimos en el Congreso un pueblo que solamente combatía contra los insultos, el ajuste y mostraba su dolor ante este avasallamiento de la clase rica contra un pueblo y es increíble la cantidad de fuerzas armadas para reprimir a un pueblo que solamente iba levantando la mano y reclamando justicia.

    ¿Qué valor cree que tienen sus testimonios para las nuevas generaciones de trabajadores?

  •  Somos simplemente una hoja de un libro de una historia de la que ya pasaron 42 años, de una lucha sin cuartel, muchos compañeros quedaron en el camino. Pero lo importante para decirles a las nuevas generaciones es que hay que estar unidos, que todos pertenecemos a la misma clase trabajadora y los trabajadores lo que tenemos que hacer es estar unidos y que esto que nos pasó a toda nuestra generación quede y que no vuelva a ocurrir, que estas grandes empresas como ser Ford Motor Argentina, la General Motors, la Mercedes Benz no lo vuelvan a hacer. Para eso las nuevas generaciones tienen que trabajar juntas y conocer esa historia de lo que fueron los 70. No fuimos los mejores pero luchamos por eso y me parece que fue importantísimo defender esa causa que valió la pena. La nuevas generaciones lo que tienen que hacer es levantar nuevamente las banderas de los trabajadores y sentirse verdaderamente trabajadores, no pensar que pertenecen a otra clase social. El trabajador es trabajador.

    ¿Con qué expectativa llega al inicio del juicio?

  •  Después de 42 años de lucha logramos la posibilidad de reivindicar los derechos por los que siempre luchamos. Llegamos al juicio a estos empresarios que en principio eran cuatro pero dos murieron impunes. Lo importante es que hemos llegado al juicio buscando la reivindicación de la historia para los trabajadores, no sé si para nosotros. Empezamos 24 y llegamos hasta acá 12, el tiempo nos fue diezmando y ahora pedimos que nos acompañen. Nosotros ya estamos entregando, como un equipo, ya somos grandes, esto es precisamente para las nuevas generaciones. El martes a las 9:30 empieza el juicio a Ford, uno de los más grandes monopolios internacionales explotadores de obreros. Sería bueno que nos den el apoyo para que exigir justicia. Es importante que sepan que el obrero nunca gana para siempre un derecho, el derecho lo pierde con los distintos gobiernos si no se organizan y luchan. Los gobiernos pasan, pero los obreros quedan.





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