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TEATRO // CABA

“Certeza de una falsa profecía”, últimas funciones

Entrevistamos al director de la obra Gonzalo Eloy y a una de sus actrices Carolina Darling, que reflexionan sobre la obra y sobre el teatro en la coyuntura actual.

Natalia Rizzo

@rizzotada

Martes 18 de septiembre de 2018 | Edición del día

Fotografías: Fernando Lendoiro

La obra tiene un planteamiento sencillo en una primera lectura: un grupo de personajes de la alta burguesía de una Buenos Aires ficcional, es invitado a una cena en la mansión de la Señora Paredes. Cuando termina el banquete, los invitados advierten que el personal de servicio se ha retirado, y además que por razones inexplicables no pueden abandonar la mansión. Dicha situación se prolonga a lo largo de los días mostrando que los personajes van abandonando las buenas costumbres a cambio de adoptar conductas primitivas y brutales. A su vez, la obra se complejiza y se hace ineludible que se perpetúen una infinidad de interpretaciones propias tanto de las subjetividades de los públicos, como así de la gran cantidad de recursos narrativos, de signos, símbolos, estéticas y caracterización de los personajes, que combinados abren una especie de libertinaje interpretativo.

Una multiplicidad de sentidos que tiene ciertos condicionantes que atraviesan tangencialmente la pieza: la crítica a las costumbres de la aristocracia, la sociedad de clases, y los valores de la propia condición humana cuando aparece la carestía de recursos básicos de supervivencia.

Podría decirse, que se encuentran en la obra reminiscencias a la película de Buñuel “El ángel exterminador”, así como nos comenta parte del elenco que tomaron como inspiración “elementos del expresionismo, directores de cine que gustan como Derek Jarman y Fassbinder, del teatro del absurdo, del apocalipsis de San juan, de la estética punk y Bertolt Bretch".

Gonzalo Eloy, director y autor de la obra, nos cuenta sobre el proceso de creación: Se centró en una cuestión que tenía que ver con usar el encierro para trabajar sobre los comportamientos en la obra. Después notamos que el encierro de los personajes es más personal, más íntimo. Tiene que ver con la angustia de cada uno, con la imposibilidad de la comunicación, no reconocerse ni en lo que se dice y ni lo que se percibe o en lo que los demás perciben. También me interesa la impostación de esa aristocracia berreta y bestial que presentamos; lo vinculo a las fantasías y las proyecciones de un tipo de gente que no se reconoce cuando se mira al espejo. En algún sentido creo que pocos escapan de proyectarse en una fantasía absurda, alienada, y muchos son los que no se pueden identificar con los otros.

Esta obra es un relato coral y un trabajo colectivo. Mucho de lo que está en escena partió de improvisaciones. El proceso de ensayos fue extenso, trabajamos sobre lo escatológico, y lo bestial que deviene en la caída de “las normas”, pero son normas en las que de entrada nadie cree demasiado, que son constitutivas y constituyentes de rituales vetustos. Señalamos lo frágil de esas convenciones y cómo se caen. Hablamos de las máscaras sociales y de la hipocresía, pero también entendemos que cualquier “dispositivo de información” (el teatro entre ellos) también es una máscara.

Hay una marcada expresión en ‘Certeza de una falsa profecía’, donde muchos componentes, además del propio nombre que titula la obra, nos llevan a que se evidencie de manera contundente la hipótesis de que todo es falso, aparente, ficticio.

Elegimos contar esta historia como un pastiche decadente, que hace referencias a estéticas decadentistas (y perimidas)… pero enfatizando en el trabajo de las actuaciones sobre el presente de lo que sucede en escena. No sería el texto lo que está en primer plano, sino el juego escénico; La intención es presentar un juego donde se cuenta una historia hipotética y caprichosa.

En esa decadencia que se respira con pesadez y rigor a medida que avanza la historia, los personajes se van adentrando en el camino de perder su condición de privilegio. Ya no tienen a nadie que responda por todas esas tareas que su clase considera “menores”, y no saben cómo manejarse en las cuestiones más básicas de la vida.

A la máscara de los personajes se le ven los piolines por todos lados, se enuncia una opulencia que no está, que no existe, y en esa erosión de la máscara está nuestro territorio de actuación. Habría más bien una voluntad lúdica que mimética. Es un juego serio y paradójico. Intentamos reflexionar sobre las convenciones del teatro, agrega el director.

Sin espoliar la calidad de detalles en cada parte de las escenas corales, puede decirse que se evidencia un clima cargado de fantasía, ensueño, de simbolismos alrededor de valores universales, que recuerdan a la tradición surrealista y que potencian esa multiplicidad interpretativa, donde la imaginación nos toma y se reverbera al infinito sin soltarnos.

Cuando conversamos sobre surrealismo Eloy reflexiona: Respecto del surrealismo es una de las estéticas caducas a las que aludimos. Serían los despojos de los clichés del surrealismo (y otras estéticas), que desempolvamos para presentar “Certeza...”. El surrealismo como todas las vanguardias, ya en el siglo pasado perdió la potencia subversiva. En la búsqueda de procedimientos tratamos de utilizar recursos simples; el relato y la sinécdoque sobre todo para despertar la imaginación y plantear un vínculo directo con el espectador. No hay un afán de “innovación estética” en lo que hacemos en ese sentido. En el montaje de este material, en la recontextualización de la cita, en apropiarnos de esos discursos gastados; en esos gestos podemos encontrar una intención política y una toma de posición respecto al teatro contemporáneo.

El director continúa desarrollando alrededor de los conceptos de simulacro y de los simbolismos utilizados: La paradoja de hablar de la impostación mostrando el montaje de un simulacro tiene sentido en una realidad tan mediatizada como la que vivimos. El lenguaje, en sentido amplio, como algo que nos excede y nos determina. Constituye realidad, una realidad vana y fugaz, pero necesaria.

Los simbolismos tienen más que ver con el funcionamiento de la obra. A veces son fugas o posibilidades para los que están adentro. No creo demasiado en ninguno, pero ahí están; “el buda sin seso” lo asocio a la frivolidad de cierta espiritualidad de mostrador, que sería cualquier credo contemporáneo tirado de los pelos con pretensiones orientalistas como garantía de verdad. Algunos símbolos cristianos también están parodiados. No tengo problemas con la fe o las creencia de cada quien. Sí me hace ruido la mercantilización y la institucionalización de esos asuntos.

Hay simbolismo en los animales que se mencionan; aluden al “Apocalipsis de San Juan” y a otras versiones del apocalipsis; la del Greco por ejemplo o “el enjambre” que se menciona en una de las alucinaciones.

LID: ¿Qué opinan de la situación actual del teatro dentro del ataque a la cultura en general, incluso ahora con la eliminación del Ministerio de Cultura?

Carolina Darling, una de las actrices de la obra comenta: Buenos Aires es una de las cinco ciudades con mayor cantidad de espacios teatrales del mundo. Es un centro de investigación y experimentación que cuesta tomar dimensión. A partir de los tarifazos, en particular por los aumentos de las facturas de electricidad y, como bien sabemos sin luz no hay teatro, hubo cierres de espacios independientes, el gobierno macrista tiene grandes responsabilidades teniendo en cuenta que gobiernos la ciudad desde el año 2007. Esto sumado a la enorme precarización que hay en sector que viene de arrastre del gobierno anterior. Tampoco olvidamos las declaraciones negacionistas, relativizando el genocidio de la última dictadura militar del anterior ministro de Cultura, Darío Lopérfido que le costó su renuncia a partir de una fuerte campaña de artistas. El ataque a la cultura es gravísimo pero también vemos cómo está afectando a la salud y a la educación.

Gonzalo Eloy: Producir teatro como en cualquier otra cosa, en un contexto de crisis es muy difícil. Tanto el gobierno de la ciudad, como el gobierno nacional llevan adelante una política de desguace de la cultura, un criterio mercantilista nefasto. A la quita de presupuesto, subsidios para obras y salas se sumó la suba de las tarifas que llevo al cierre de teatros, centro culturales a lo que se suma un discurso la insistencia en un discurso negacionista por parte de funcionarios impresentables, brutos e incapaces. Desidia y descuido en el manejo del complejo teatral de la ciudad.

LID: ¿Ya vieron ecos del gran movimiento de mujeres en el ambiente del teatro? ¿Cuáles?

CD: El gran movimiento de mujeres como se vio en las calles parecería ir más allá de que salga la ley por el derecho al aborto o no, sino un cuestionamiento a este sistema en el cual las mujeres somos las más perjudicadas, en el cual sabemos que la iglesia tiene un papel privilegiado, primero impidiendo que salga la ley, por eso es importante que el Estado deje de financiar a la Iglesia. Una institución reaccionaria, oscurantista y perversa que odia a las mujeres.

GE: Si, lo veo en el elenco. Y en todos lados. Es tema para nosotros todo lo que está sucediendo. Encuentro que es un movimiento políticamente interesante, necesario y que atraviesa todos los estamentos. Creo que no hay vuelta atrás. Que no podemos hacernos los giles con todas las problemáticas de género, pero soy la parte privilegiada en el conflicto.

Ficha artística
Texto y dirección Gonzalo Eloy
Actúan: Lorena Ascheri, Carolina Darling, Jorge Gazzaniga, Noemí Macías, Amalia Martini, Sandra Pervieux, Julián Quilaqueo, Sebastián Stanicio, Natalia Urbano
Diseño de maquillaje: Camila Galán
Diseño de vestuario: Daniela Chihuailaf
Diseño de luces: Miguel Angel Madrid
Realización de escenografia: Miguel Ángel Madrid, Jerónimo Sabaté
Música: Gustavo Jurio
Fotografía: Ever Bueti, Fernando Lendoiro
Asistencia de escenario: Maria Ema Mirés
Asistencia general: Julián Quilaqueo
Producción: No Veré El Exterminio
Gráfica: Mumy

Últimas funciones:

  •  Viernes 21 y 28 de septiembre 21hs Espacio Cultural Urbano, Acevedo 460, CABA
  •  Viernes 2 de noviembre 20.30hs
    Centro Cultural Carlos Gardel - Olleros 3640

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