Internacional

PARO DE PROFESORES

Chile: la calle vuelve a la escena en el segundo Gobierno de Piñera

Los docentes chilenos llevan un mes en paro indefinido exigiendo condiciones dignas de trabajo y denunciando la precariedad en la educación. Millones apoyan a las y los profesores como una forma de manifestar su propio descontento con un gobierno cada vez más impopular.

Fabián Puelma

Santiago de Chile

Sábado 29 de junio | 18:58

"Los portuarios de todo el país apoyando a los profesores. Un movimiento que la ministra Cubillos está transformando en social", plantearon desde la Unión Portuaria. Ese es el sentimiento de millones. Las muestras de solidaridad con el paro que protagonizan las y los docentes se multiplican por todo el país.

El Colegio de Profesores, principal organización sindical docente de Chile, convocó a un paro nacional indefinido hace casi un mes en respuesta a la intransigencia del gobierno con sus demandas. La decisión de eliminar la obligatoriedad de materias como Historia y Educación Física en los últimos años del currículum, el crudo invierno que deben enfrentar profesores y estudiantes en establecimientos que se caen a pedazos, y una educación pública desfinanciada que hace caer todo el peso de la explotación y agobio laboral a los profesores, son el telón de fondo de la movilización.

Las y los profesores lograron algo que hace años no pasaba: su movilización logró irrumpir en la agenda política. Muchos analistas celebraban hace unos meses que pese a la desaprobación de Piñera (que en todas las encuestas se encuentra bajo el 30% de apoyo), el llamado movimiento social se mantenía pasivo, a diferencia de su primer gobierno. Hoy el movimiento docente se ha transformado en el canal de expresión los millones que rechazan al gobierno.

Aunque todavía no se trata de un movimiento que haya logrado poner al gobierno entre las cuerdas e impugnar al conjunto del régimen, como lo hizo la lucha estudiantil del 2011, hay varios síntomas que dan cuenta de un fenómeno más profundo, que va más allá de la rutina gremial, partiendo por la masividad y las múltiples iniciativas de movilización que han surgido desde la base, que destacan por su creatividad.

Su enorme apoyo popular es otra muestra. Las y los profesores vienen de una intensa gimnasia de lucha. Sólo en los últimos años se han desarrollado al menos tres paros prolongados, incluyendo la llamada “rebelión de las bases”, que dejó malherida a la burocracia del Partido Comunista, quien en las últimas elecciones sindicales perdió la conducción que detentaba hace años, en manos de organizaciones ligadas al Frente Amplio encabezadas por el actual presidente Mario Aguilar. Pero estas movilizaciones nunca habían gozado de tan alto respaldo popular como sucede hoy. Esto quedó demostrado en el “cacerolazo” del pasado miércoles: en miles de puntos de todo el país, se realizaron concentraciones que congregaron a docentes, apoderados, estudiantes y vecinos.

La debilidad del gobierno y su agenda de reformas neoliberales

Este apoyo popular se explica en gran parte por la frustración de expectativas que muchos sienten con el gobierno. Piñera llegó al gobierno con la promesa de “tiempos mejores”, de despegue de la economía y creación de empleo. Eso no ha sucedido. De hecho, las imágenes de cierre de empresas, despidos y aumento gradual del desempleo, aunque no sean tendencias generalizadas, han quedado en la retina de muchos trabajadores. Lo que sí es claro es que el despegue nunca llegó y que hoy lo que discuten los grandes empresarios y sus políticos es cómo contener la desaceleración, que se ha acentuado por los efectos de la disputa de China con EE.UU y la consiguiente caída del precio del cobre.

Muchos hablan de un fin de ciclo económico, de estancamiento, en donde las bajas tasas de crecimiento serán la tónica, muy lejos del crecimiento noventista. Como no podía ser de otra forma, la respuesta del gobierno es impulsar medidas que apuntan a dar más privilegios para la inversión y mayores facilidades para explotar a la clase trabajadora, con la conocida tríada de reforma tributaria, previsional y laboral. Los grandes empresarios presionan sistemáticamente para que el gobierno vaya más rápido en las reformas. Lo mismo hizo el FMI, que luego que una delegación visitara el país, recomendó aprobar cuanto antes las reformas para despejar las incertidumbres.

Junto con estas reformas, viene impulsando una agenda de modificaciones institucionales ante la enorme crisis del régimen político que persiste hace años, y que se ha visto acentuada con la llamada “crisis de las instituciones”: escándalos de corrupción que afecta a instituciones tan importantes como las Fuerzas Armadas, Carabineros, entre otras. El gobierno, consciente del poco respaldo que tiene para aprobar reformas impopulares, busca apuntalar el régimen, apostando continuamente a acuerdos con el “centro” de la Democracia Cristiana, y con medidas que busquen limitar la fragmentación política. Pero lejos de ser una agenda moderada, significa medidas que aumentan el autoritarismo del régimen, y que se basan en una criminalización sin precedentes de la juventud, especialmente de sus sectores más activos como los estudiantes secundarios.

Iniciativas de coordinación y solidaridad de clase

El respaldo masivo a los docentes tiene este trasfondo, y en algunas ciudades este apoyo se ha traducido en una tendencia a la confluencia y solidaridad activa entre distintos sectores de la clase trabajadora organizada. El caso de Antofagasta, capital del norte del país, es quizá el más avanzado, en donde ha despuntado un activismo más combativo. El lunes se cortaron los principales accesos a la ciudad, en cortes de ruta coordinados entre docentes, mineros de la principal minera estatal (Chuquicamata, que estuvo en huelga durante 14 días), estudiantes y trabajadores de otros sectores. Ese confluencia se desplegó también el pasado miércoles en una marcha unificada de la que participaron también trabajadores portuarios, manipuladoras de alimentos, asistentes de aula, estudiantes, apoderados y trabajadores de la industria. Algo que también se vio en la ciudad minera de Calama en donde se realizaron marchas comunes entre profesores y mineros.

Se trata de una región caliente, en donde sectores de izquierda del profesorado han conquistado mayor influencia, como la agrupación Nuestra Clase, compuesta por militantes del Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR) e independientes, que ha jugado un rol importante en las iniciativas de lucha y coordinación, y que plantean la necesidad de impulsar una jornada de paro nacional convocada por las principales organizaciones sindicales y estudiantiles, un pliego único de demandas que parta por apostar al triunfo de todos los reclamos docentes, pero que apunte a derrotar el plan de reformas del gobierno, que incluye una reforma laboral, previsional y tributaria.

El gobierno ha hecho de todo para poner a la población contra los docentes, pero no lo ha logrado. De hecho, Marcela Cubillos, la odiada ministra de educación, se vio obligada a sentarse a negociar con el Colegio de Profesores para intentar desactivar el conflicto. Pero ofreció una propuesta que deja fuera las demandas más sentidas de las y los profesores. Este lunes se realizará una votación en donde las y los profesores definirán si siguen o deponen el paro.

Frente Amplio: unidad de la oposición con partidos neoliberales y luchas dispersas

La dirigencia gremial ha evitado pronunciarse claramente sobre si el paro debe continuar o no. No quieren vivir el mismo destino que tuvo el Partido Comunista que en una movilización anterior, se ganó el repudio de miles de docentes cuando bajó el paro. Pero lo que es claro, es que las direcciones ligadas al Frente Amplio han rehuido mezclar sus demandas con la de estudiantes y otros sectores obreros. Pocas veces se habían desarrollado tantas acciones de solidaridad obrera y popular desde la base, y tan pocas acciones coordinadas entre las principales organizaciones sindicales y estudiantiles del país. Las condiciones para llamar a una jornada de paro nacional unificado son idóneas. El Frente Amplio y el Partido Comunista decidieron no hacerlo. Recién a un mes del paro docente y a más de dos meses de continuas agresiones por parte de la policía a los niños y jóvenes del emblemático colegio Instituto Nacional, convocaron a una marcha común.

Estas organizaciones vienen poner todas sus fichas en una estrategia de “unidad de la oposición” en el parlamento, llamando a la unidad a partidos abiertamente neoliberales como la Democracia Cristiana. Este partido ha sido clave para que un gobierno sin mayoría parlamentaria pueda aprobar sus principales medidas. Es más, la DC ya está cocinando con la derecha la reforma tributaria, la previsional y se mostró abierto a aprobar la reforma laboral. Esta estrategia no sólo ha sido un fracaso para frenar las reformas, sino que lo único que ha entregado son luchas dispersas. El Frente Amplio no ha dicho cuál es su plan para frenar las reformas. Pero lo que es claro es que su apuesta no es derrotar las reformas a través de la movilización popular.

El gobierno se juega la vida en la aprobación de sus reformas. Es una batalla táctica que concentra varios de los dilemas estratégicos de la situación. La lucha de las y los profesores, el apoyo popular como vehículo de expresión de descontento frente al gobierno, la tendencia inicial a la confluencia de diversas luchas obreras y sectores de la clase trabajadora, una juventud estudiantil que sigue protagonizando movilizaciones como los secundarios del Instituto Nacional y los paros en universidad; muestran que hay fuerzas para hacer frente a los planes de Piñera. Derrotar las reformas mediante la movilización, es un paso indispensable para proponerse enfrentar el Chile autoritario heredado de la dictadura, gobernado por 10 familias y las multinacionales, y acabar con toda la herencia pinochetista.







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