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Ciencias morales: una novela de Kohan para leer por fuera del tiempo

Martín Kohan obtuvo el premio Herralde de Novela en el año 2007 por su libro Ciencias Morales, ambientado en el colegio Nacional de Buenos Aires en los últimos meses de la dictadura militar que culminó con la guerra de Malvinas. Se trata de una obra apasionante que mezcla la ficción con una perspectiva histórica que lo vuelve un material de lectura imprescindible para pensar la literatura argentina contemporánea.

Facundo Tisera

@facu.tisera.11

Martes 19 de marzo | 19:42

María Teresa es una mujer joven que comienza a trabajar en el colegio Nacional de Buenos Aires como preceptora. Vive con su madre y tiene además un hermano del que apenas recibe postales porque se encuentra haciendo el servicio militar.

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Podemos aclarar de entrada que uno de los aspectos más interesantes de Martín Kohan es la capacidad que tiene para elegir ambientes fuertemente marcados por el contexto socio histórico. Nada en su obra es azaroso: la elección del colegio Nacional como escenario principal y el fin de la dictadura como fondo ya nos plantea un aura particular donde la tensión y el gris son el paisaje natural. Entremezcla la solemnidad de una institución emblema de la Argentina con el presente tortuoso y acotado de un pueblo sometido.

Ese vaho misterioso y opresor se va a respirar a lo largo de toda la novela, sobre todo en presencia del señor Biasutto, jefe de preceptores que va a encarnar la ley inquebrantable en todo su peso. La trama va a girar principalmente en función de éstos dos personajes.

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El punto de quiebre de la novela se da cuando María Teresa –Marita- comienza a tener la sospecha de que uno de los alumnos, Baragli, se escabulle en horas de clase para fumar a escondidas en el baño. Esto resulta determinante ya que desde aquí el argumento gira y el lugar de Marita empieza a tomar dimensiones que se expanden hacia la construcción de un personaje que adquiere una profundidad majestuosamente trabajada por el autor.

María Teresa toma la decisión de encerrarse en el baño a la espera del momento en que pueda sorprender al alumno en falta y de esa manera ganarse la gratitud de sus colegas, principalmente la del señor Biasutto. Los resultados de su pesquisa no serán, sin embargo, los esperables: lo que Marita va a encontrar en los baños es, sin duda, la cara de la perversión propia y ajena.

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Cuando se lee a Martín Kohan no puede creerse que alguien pueda escribir tan bien. Es uno de los mejores escritores argentinos de nuestra época. Lo más interesante, técnicamente hablando, es la manera en que presenta un narrador en tercera que no filtra nunca su propia subjetividad. El efecto es concreto: puede describir las peores atrocidades sin caerse o pisar en falso. Este narrador que apenas se involucra va a conducir la historia con un grado de detalle que nos va a hacer imaginar las escenas como una película. Dicho sea de paso, Ciencias Morales fue llevada al cine con algunos cambios argumentales bajo el nombre de La Mirada Invisible y protagonizada en forma impecable por Julieta Zylberberg.

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Un libro atravesado por distintas aristas con mucho peso social que sin embargo se sostiene y deambula por los márgenes. Teniendo en cuenta que la mayoría de las escenas son en el baño del colegio, que el personaje de Marita no es en principio el más carismático y, principalmente, que el Nacional funciona como una suerte de burbuja aislada del mundo, la gran pregunta es: ¿cómo se puede impregnar la novela con el fascismo que surca las calles de Buenos Aires en los primeros meses de marzo de 1982? Ciencias Morales: para leer y aprender.







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