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EMPRESAS Y MEDIOAMBIENTE

Con un festival en San Justo denunciaron la contaminación de Klaukol

Ayer frente a la Municipalidad, donde hace semanas acampan vecinos autoconvocados de Virrey del Pino, se denunció la situación que se vive en el Km 44.500 de la Ruta 3 y la desidia gubernamental.

Santiago Fucík

Estudiante Terciario Nº 46 | Ramos Mejía

Lunes 12 de diciembre de 2016 | 16:10

Con bailes, clown y demás actividades culturales, ayer los vecinos autoconvocados de Virrey del Pino junto a organizaciones solidarias realizaron un festival frente a la Municipalidad de La Matanza, en la plaza de San Justo.

Banderas como “el poder es cómplice” y “Klaukol contamina y asesina” adornaban la plaza dejando claro el mensaje.

En la radio abierta también se expresó la voz de vecinos que sufren situaciones similares por parte de otras empresas que lucran a costa de la salud del pueblo trabajador. Como Hugo, vecino autoconvocado contra el Ceamse que abogó por la unidad y coordinación de los de abajo como única forma de derrotar el actual sistema.

También estuvo presente la crítica a la lucha desigual por pertenecer a un barrio humilde y la cantidad de trabas burocráticas impuestas por las gestiones municipales y provinciales.

Hace un mes que se instaló la carpa frente a la Municipalidad y el acampe en la puerta de la fábrica sigue en pie. En el transcurso del mes ganó la visibilidad que durante los siete años de lucha no les fue dada. Los tres poderes desoyeron el reclamo genuino de la condición alarmante de los vecinos de la zona.

Los autoconvocados ayer entregaron volantes que denunciaban que “la constante emanación de material particulado proveniente de las tolvas, es causa de múltiples enfermedades: leucemia fulminante, insuficiencia respiratoria, cáncer pulmonar, renal y de la piel, etc. Los informes médicos realizados por Acumar comprobaron la existencia de plomo en sangre de 74 niños y niñas del barrio. Lo cual afecta su desarrollo físico e intelectual. El promedio de vida en el barrio es de alrededor de 60 años; no hay gente de más de 70 y los de mayor edad tienen algún cáncer o salud deteriorada. El 99 % de los habitantes deben usar medicamentos para poder vivir (aspiradores, cremas, gotas oftalmológicas, etc.). La empresa niega todo el tiempo que subcontrata obreros para estar expuestos a trabajo insalubre. Los ex empleados han fallecido a temprana edad, sin llegar a jubilarse”.

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Durante esta semana habrá reuniones clave en la mesa de negociación, con lo cual este festival funcionó para cerrar esta etapa del acampe en San Justo, con la promesa de que si no se llega a un acuerdo se evalúan nuevas medidas frente al Congreso o Plaza de mayo.

“Las multinacionales nos usan de basurero”

La izquierda Diario entrevistó a Susana Aranda, incansable luchadora, que conoce el barrio desde sus inicios y que al igual que todos los vecinos padece la contaminación, junto al hostigamiento de las mafias por querer dar a conocer el evidente complot entre la empresa, el poder político y las instituciones.

Cuarenta son los días que Susana está en huelga de hambre, y siete son los años que está estudiando para entender qué es la contaminación, recolectando datos y haciendo un trabajo social en el barrio con el fin de que los chicos y chicas puedan vivir una infancia digna, sin fábricas que tiren sus desechos en el patio de su casa y contaminen el aire, el agua y su sangre.

Susana criticó duramente al gobierno municipal, ya que se llenaron la boca con la campaña del 95 % de matanceros con agua potable, mientras lo que sucede en el Barrio Las Mercedes, al igual que en muchos barrios de La Matanza, es que de potable no tiene nada, ya que es agua de pozo clorada contaminada con metales pesados que repercuten en la salud de quienes tienen contacto constante con ella.

La otra crítica que se dio en su testimonio es contra las multinacionales asentadas desde el Km 43 a 46 y operan sin ningún control, sobreproduciendo y lucrando a costa de la contaminación de recursos naturales y de los cuerpos de la clase trabajadora.

Susana expresó que su lucha no es solo para el barrio en el que vive, sino para todos los que se ven perjudicados por la explotación que generan las multinacionales. Como cualquiera que cuestiona el sistema y se lanza contra él, esta vecina, recibió amenazas de todo tipo, desde los aprietes típicos por parte de las fuerzas policiales, cómplices de las empresas y del Estado, hasta la persecución personal y familiar, como la vez que le hicieron elegir entre “plomo o tragar pilas”

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Susana elige la causa de la que es parte todos los días, en palabras de ella, “si sos débil y te quedás es una máquina que consume personas”, refiriéndose al sistema. “Las multinacionales nos usan de basurero, nos matan y destruyen a nuestros jóvenes, ¿y quién nos defiende? No son ni los jueces ni los funcionarios. Los puestos de trabajo que ofrecen no son puestos de trabajo, son puestos de muerte”.

Vecinos del barrio perdieron hasta diez familiares por los desechos tóxicos que emanan las tolvas, y como si fuera poco, el juzgado los avasalla y la policía entra al barrio a provocar mostrando el arma intentando callar a aquellos que gritan fuerte que Parex Klaukol envenena y asesina, “sólo les falta el Falcon verde, para nosotros la dictadura no se terminó”, sentenció con tono firme Susana.

Y no, la dictadura para Susana no se terminó, porque aquellos que le hicieron elegir entre plomo o tragar pilas están impunes, la vigilan y controlan sus horarios, la arrinconan en lugares solitarios, “visitan” a sus familiares y, como si el cinismo no tuviese límites, se aparecen en el propio acampe, con peluca y anteojos, y le muestran un arma.

Susana no se calla, elige morir luchando que en silencio. Deja su legado a sus “queridos pibes y pibas”, vuelve a gritar fuerte “¡La contaminación de Klaukol mata, el gobierno y la justicia los protege!”







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