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Contactos entre Rajoy, Sánchez y Rivera para formar gobierno… ¿Déjà vu?

Rajoy, Sánchez y Rivera mantienen los primeros contactos para formar gobierno. Se inician negociaciones, pero se mantiene la peor crisis de gobernabilidad del Régimen del 78, con difícil resolución.

Carlos Muro

@muro_87

Martes 28 de junio de 2016 | Edición del día

Las negociaciones no se han hecho esperar. En menos de 24 horas ya se produjeron las primeras llamadas telefónicas en la noche del 27 de julio. Albert Rivera descolgó el teléfono para realizar dos llamadas. Una a Mariano Rajoy y la otra a Pedro Sánchez. Comportándose como si fuera un “hombre de Estado”, Rivera tomó la iniciativa tras el varapalo político recibido en las elecciones.

Una llamada que expresa, en última instancia, la opinión y nerviosismo del conjunto de instituciones españolas y europeas para que el Estado español logre formar un gobierno estable, capaz de calmar a los mercados y formar seguir aplicando recortes y ajustes contra la mayoría de la población trabajadora. Pero el tablero político es casi tan complejo como el posterior al 20D.

Rajoy contestaba a Rivera que la intención del PP es “abrir una ronda de diálogo con todos los partidos en los próximos días”. El PP se siente con mayor fuerza para las negociaciones tras sus 600.000 votos extras arrebatados a Ciudadanos, que pierde 400.000. Aunque, este triunfo táctico del PP en el campo de la derecha, no asegure la resolución del problema de gobernabilidad.

Una contestación que trataba de frenar a Ciudadanos, para que el PP tenga tiempo de seguir maniobrando frente al PSOE y el resto de partidos del arco parlamentario. Con un doble objetivo. Primero, aparecer como un “partido responsable” frente a los mercados. Por otro lado, presionar a Pedro Sánchez apoyándose en la propuesta de “gobierno de gran coalición” y de esa forma profundizar la brecha interna del PSOE.

Para ello Rajoy lanzó dos posibilidades: un “gobierno de gran coalición” o ser investido y formar gobierno en minoría con apoyos puntales. Pero las dos son complicadas de llevar adelante, ya que ambas implicarían una profunda crisis en el PSOE en clave de “pasokización”, pues debería contar con su apoyo por activa o pasiva a que Rajoy sea Presidente del gobierno.

Por su parte, el secretario general de los socialistas le trasladó a Rivera que la iniciativa le corresponde a Rajoy. Trata así de darse tiempo para frenar los frentes abiertos que tiene. Por un lado, el interno, donde a pesar de su “derrota digna” – “derrota” por perder 5 escaños y “digna” en el sentido de no ser superado por Podemos- sigue abierta la discusión con el sector de Susana Díaz. Por otro, tiene que hacer frente al frente externo, tanto a derecha como a izquierda.

En el flanco derecho, Sánchez trata de no quedar muy pegado al PP, negando que su partido vaya a votar la investidura del PP o a abstenerse. Alejando así la posibilidad de unas negociaciones “tranquilas” y rápidas, tal y como les gustaría a los mercados, a las principales instituciones del régimen –en primer lugar, al Rey- y a la Troika-. En el flanco izquierdo, sale “reforzado” temporalmente tras evitar el “sorpasso” del partido de Pablo Iglesias. Pero sigue muy presionado tanto por su electorado tradicional – entre los que se encuentran sectores de la clase trabajadora que no aceptarían una pinza con el PP- como por Podemos -que se la haría pagar cara-.

Como si fuera un “Déjà vu” el problema de la gobernabilidad sigue estando encima del tablero político. La aritmética parlamentaria sigue expresando la crisis política que amplias franjas de la población abrieron en 2011. Sus fundamentos siguen totalmente activos, empezando por la no resolución de “deslegitimidad” del sistema de representación –más aún si tomamos en cuenta el aumento de la abstención-, la crisis territorial y el drama de miles de familias trabajadoras que se ven obligadas a ser las “pagaderas” de la crisis económica y política.

El “centro político tradicional” del régimen –encabezado por el PP y el PSOE- ha tenido un pequeño y relativo respiro. Pero siguen vigentes las tendencias a la polarización social a derecha e izquierda que pueden ir en aumento si se termina constituyendo un gobierno débil políticamente pero muy ofensivo en la agenda de recortes y ofensiva españolista. Nuevas movilizaciones de trabajadores y trabajadoras, de la juventud y los sectores populares, pueden volver a poner en la picota al Régimen del 78 en el próximo periodo.







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