Política

MUNDO OBRERO

Contra la corrupción: la administración obrera, las únicas manos limpias

La denuncia por los “cuadernos de la coima” vuelve a poner en discusión el tema de la corrupción con la obra pública y el financiamiento de la política. ¿Quién puede dar una salida?

Raúl Godoy

Dirigente ceramista y diputado del PTS-FIT | Neuquén

Miércoles 15 de agosto de 2018 | Edición del día

La causa de los “cuadernos de las coimas” se ha convertido en un escándalo político que nadie sabe dónde va a terminar. El juez y el fiscal dicen que tienen pruebas de la corrupción con la obra pública durante el kirchnerismo. Este se defiende diciendo que es una operación para desprestigiarlo. Los empresarios “arrepentidos” dicen que en realidad eran aportes para las campañas electorales. El macrismo se hace el desentendido como si no tuviera nada que ver con la patria contratista. Mientras sufrimos el ajuste todos los días, la mayoría de los trabajadores mira el espectáculo perverso con desconfianza. Todos piensan que los gobiernos y los grandes empresarios hacen negocios con los fondos públicos, que están en el mismo lodo todos manoseados.

Es el capitalismo

Con los casos de Lázaro Báez y José López, entre otros, quedó claro que durante el kirchnerismo se siguió con las coimas y sobornos que sostienen a la patria contratista.

Pero nada puede ocultar que la familia del presidente Macri es una de las grandes beneficiarias de la obra pública en nuestro país. Que se hizo fuerte como parte de la “patria contratista” durante la dictadura militar haciendo grandes negociados y luego estatizando su deuda privada. Que siguió haciendo negocios durante todos los gobiernos, incluso los peronistas, y que ahora también los sigue haciendo.

Es que la cuestión de la corrupción en el capitalismo no son hechos aislados sino parte del propio funcionamiento del sistema. En este caso, el reparto de obras entre un puñado de grandes empresas, licitaciones truchas, sobreprecios y “retornos” (coimas), monopolio de empresas como las cementeras, entre otras cosas, son “moneda corriente. Así se construyó la “patria contratista” a través de gobiernos de todos los signos políticos.

Esas mismas empresas que “devuelven” los favores con aportes empresarios a las campañas electorales de los partidos tradicionales. Campañas donde los políticos patronales mienten descaradamente sobre sus planes de gobierno.

Porque más allá de la corrupción, el capitalismo está lleno de “estafas legales”. Porque aunque fuese "transparente" o “legal”, es un sistema basado en la explotación, en el saqueo, en la opresión y el engaño, donde 8 personas tienen el mismo dinero que 3000 millones.

Plan de obras públicas y administración obrera

Ante este escándalo es importante que los trabajadores tengamos una posición independiente. No podemos defender o justificar funcionarios corruptos de uno u otro gobierno. Tampoco avalar operaciones judiciales y mediáticas, que tomando algunos casos de corrupción, terminan siendo la excusa para el avance de gobiernos más de derecha avalados por el imperialismo, como en Brasil.

Pero el fin de la corrupción en la obra pública no va a venir de los mismos que hicieron y hacen negocios millonarios con el Estado.

Para terminar con la “patria contratista” hay que tomar medidas, como la apertura de los libros de contabilidad de todas las empresas vinculadas a la obra pública, para que sean investigadas por trabajadores y especialistas de las universidades públicas. O la expropiación de aquellas implicas en casos de corrupción, así como la nacionalización bajo administración de sus trabajadores las grandes cementeras y las grandes empresas constructoras.

Los trabajadores somos quienes podemos hacernos cargo de un verdadero plan de obras públicas que cubra todas las necesidades del pueblo trabajador. Un plan que en lugar de quedar en manos de funcionarios corruptos sea gestionado por los propios trabajadores, con responsables elegidos democráticamente y que sean revocables, junto a la comunidad.

Cuando los trabajadores tuvimos que hacernos cargo de la producción de fábricas y empresas que, como Zanon, quisieron cerrar o despedir masivamente en la crisis de 2001, tuvimos que dar respuesta no sólo a la gestión obrera en sí misma (organización interna de la producción, mantenimiento, etc) sino a la relación en un mar de empresas capitalistas, con todas las presiones que eso implica. Ahogo financiero, competencia económica, boicot, y junto con esto intentos de sobornos y negociados.

Para enfrentar esto tuvimos una política de organización democrática, como tomar decisiones en asambleas periódicas, la rotación y revocabilidad de todos los dirigentes y responsables de la producción, de ventas, de compras, administración, etc. Esos mecanismos internos son los que nos permiten mostrar que una administración obrera democrática no puede terminar con la corrupción que es inherente al capitalismo donde estamos inmersos, pero la enfrenta y toma las medidas a tiempo para proteger a la gestión obrera.

Estas bases con las que recuperamos y refundamos el sindicato, las aplicamos también en la organización interna de las gestiones obreras.

Por eso la administración y el control obrero de la obra pública no puede quedar en manos de la burocracia sindical, que muchas veces con parte de la corrupción y hasta poseen empresas propias ligadas a los servicios públicos, como Pedraza con las tercerizadas del ferrocarril y otros sindicalistas con las privatizadas de la energía.

Las agrupaciones clasistas del PTS en el Frente de Izquierda apoyamos esta salida, y además rechazamos los privilegios de la casta política y corrupta. Por eso nosotros como diputados ganamos los mismos que una maestra o cualquier trabajador.







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