Política

Córdoba: entre la crisis social y los discursos sindicales combativos

Como ocurrió en todo el país, el jueves de la semana no fue un día cualquiera en Córdoba. En un marco donde la UTA garantizaba el funcionamiento normal del transporte, a tono con el paro nacional, la medida se sintió con fuerza y aunque, para muchos analistas fue de menor envergadura que el paro del 10 de abril pasado, esta medida expresó tanto en las calles como en los discursos un malestar profundo, muy superior al anterior paro.

Martes 2 de septiembre de 2014 | Edición del día

Importantes sectores pararon además de registrarse una nutrida movilización por las calles del centro de la ciudad. Empresas centrales de la alimentación, como las plantas de Lía y de Arcor de Colonia Caroya, fueron al paro avaladas por la conducción de ese gremio. El paro de los trabajadores del transporte interurbano de pasajeros, realizado por AOITA, impidió que miles de personas pudieran llegar a Córdoba para sus tareas habituales desde el Gran Córdoba o ciudades cercanas. Incluso el SURBAC (recolectores de basura), a pesar de su alineamiento político con el gobierno nacional, tuvo que adherir a la medida de fuerza, aunque guardó silencio frente a los micrófonos para no levantar más polvareda en el ya turbio ambiente del kirchnerismo cordobés. La lista opositora a Dragún (SMATA) en VW realizó un corte frente a la planta aportándole a la foto provincial, un condimento nacional de estos días, la de delegados díscolos en la industria automotriz que desafían a la conducción realizando asambleas y acciones callejeras.

Los trabajadores de Luz y Fuerza, Camioneros y Municipales, además de parar, se movilizaron por las calles de la ciudad. La manifestación en el centro de la ciudad reunió a más de 5000 trabajadores y estuvo marcada por el discurso combativo de sus dirigentes. Entre estos se destacó el de Rubén Daniele, dirigente del SUOEM de Municipales.

"La historia nos dice de que todas las crisis las terminamos pagando los trabajadores y el pueblo” bramó el dirigente que lleva más de 30 años al frente del gremio. A eso agregó que la única alternativa a eso era “ser independientes de la patronal, de los gobiernos, de partidos políticos y asumir una postura en ese sentido". Un discurso tan encendido requiere algún mínimo de análisis.

Una crisis social creciente

Córdoba es hoy la provincia record en materia de suspensiones y despidos. Como ya hemos señalado en este diario, las suspensiones afectan a cerca de 5000 trabajadores en el conjunto de la industria metalmecánica, afectando casi por partes iguales a autopartistas y terminales automotrices.

Este domingo, nuevos datos vinieron a marcar a fuego la crisis social. Según un informe publicado por La Voz del Interior, en los últimos seis meses los pedidos de asistencia social que reciben los gobiernos provincial y municipal, crecieron más del 40%, evidenciando el deterioro de la situación social y económica.

En ese marco, ninguna de las variantes políticas patronales -PJ, UCR, juecismo o macrismo- pasa de los lamentos frente a esta situación. Mientras la crisis social se desarrolla, alterando la vida y el bienestar de cientos de miles de familias obreras, para el conjunto de los políticos que pertenecen a esos partidos lo único importante es el armado de las listas electorales hacia el 2015. Cada día que pasa queda más en evidencia la marcada distancia que existe entre las preocupaciones del pueblo trabajador y la de la casta política que se halla servicio de los intereses del empresariado.

Un espacio vacío

En este escenario, el discurso de Rubén Daniele parece ser el que mejor dialoga con la realidad, las aspiraciones y los problemas de amplios sectores del movimiento obrero y de la población pobre de Córdoba. Si la dirigencia tradicional apela este tipo de discursos combativos es porque tiene que responder ante el creciente descontento obrero y popular.

Estos discursos tienen además, como objetivo a más largo plazo, impedir el crecimiento de la simpatía por la izquierda en sectores amplios de los trabajadores, en el marco de que la agenda de los partidos mayoritarios no tiene importancia estas cuestiones sociales.

La campaña electoral del 2013, donde el Frente de Izquierda fue la única fuerza en denunciar despidos y suspensiones, la caída del salario frente a la inflación, el rol completamente inmovilizador de las conducciones sindicales frente al ajuste que se preparaba. Fue esa campaña de denuncia la que permitió cosechar una importante votación que, en algunos de los más grandes centros industriales de la capital provincial, alcanzó cerca del 20-25% de los votos.

Las conducciones sindicales hoy, como lo han hecho en otras ocasiones, se proponen ocupar un espacio político vacante. Lo hacen tanto para impedir el desarrollo de una conciencia más independiente entre los trabajadores como para terminar llevando el descontento que éstos tienen al apoyo de variantes políticas opositoras a los actuales gobiernos de turno.

En este escenario, la izquierda, referenciada en el FIT, tiene la oportunidad de seguir avanzando en consolidarse como referente. No solo en el terreno político en amplias franjas, sino también de enraizarse mucho más entre los trabajadores y la juventud.







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