Mundo Obrero

TRABAJADORES Y ESTUDIANTES

Crónicas de un asado en la zona sur GBA

Más de 60 trabajadoras, trabajadores y estudiantes se juntaron en Monte Grande a compartir comida, ideas y experiencias en torno a una mesa

Alan Gerónimo

@Gero_chamorro

Jueves 23 de junio de 2016 | 08:28

El sol empieza a calentar el ambiente de esa vieja casona estilo inglés con un frondoso y verde patio. Es fin de semana largo, y las puertas de ese nuevo local del PTS se abren nuevamente para recibir a más de 60 trabajadores de distintos gremios: se acercan laburantes del sindicato de camioneros, de Cresta Roja, de limpieza del aeropuerto, de Coca Cola, ferroviarios, del hospital Alende de Ingeniero Budge, de Shell y estudiantes de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ).

El humo y el olor del asado empiezan a invadir el aire y las charlas al lado del fuego empiezan a fluir:

  •  ¿Che viste lo de José López?
  •  Sí ¡lo vi! Estos tipos se llenan los bolsillos a costa del laburo nuestro.

    Las charlas políticas fluyen livianamente entre trabajadores que nunca se habían visto en su vida, pero entendían que los estafados eran ellos: esa plata que López quiso poner a “plazo fijo” en el convento es la misma plata que les falta al final de mes en sus mesas.

  •  Esta gente nos hace elegir entre los “Panamá Papers” de Macri o los bolsos de López.
  •  ¿Y en tu laburo qué onda? ¿Cómo están?.
  •  Mirá, en nuestro trabajo la situación es compleja, nos arman causas por cualquier cosa, obviamente que inventadas; hasta nos echan con esas causas, y se las arman a esos compañeros que descreen de la conducción del sindicato de camioneros y levantan la cabeza contra la empresa. Qué casualidad ¿no? – responde un trabajador camionero.

    Uno de la Coca Cola escucha y les dice:

  •  A mí también me echaron y me inventaron una causa que con el Clark rompí 15 conos a propósito ¿a quién se le ocurre que quiero romper 15 conos?

    Las risas resonaron en la casona; los empresarios se sienten con tanto poder que inventan causas irrisorias para despedir a los trabajadores, tan burdas que ni ellos se la creen.

  •  ¿Sabés lo que pasa? Que para ellos somos un número más, cada vez que les demostramos que no es así nos intentan comprar; si no es así, nos despiden.
  •  ¿Sabés que a uno de nuestros delegados le ofrecían 1 millón de pesos para que nos deje tirados? – dice uno de camioneros.
  •  ¿Y qué hizo? ¿Agarró viaje? – se escucha por el fondo.
  •  No, nada que ver, es uno de los nuestros. Nos dijo que su dignidad no se vendía, nos decía que no iba a poder dormir tranquilo en las noches sabiendo que dejó a sus amigos y compañeros que lo eligieron para representarlos tirados – le responde el trabajador.

    Entonces toma la palabra un trabajador aeronáutico de limpieza y dice:

  •  Nosotros realmente vivimos en una dictadura; sí, aunque suene fuerte, vivimos en una dictadura. En el estatuto de la empresa tenemos un punto que dice que nosotros mientras estamos limpiando los pasillos no podemos levantar la cabeza, no podemos mirar a nadie a los ojos porque si no nos suspenden. Quieren hacer creer al pasajero que el aeropuerto se limpia solo y no es así, lo limpiamos nosotros.

    La cara de todos se transforma, lo que se escuchaba no se podía creer. Verdaderamente en esa empresa se vive una dictadura, no solamente por lo opresivo sino también porque, como en el último golpe de Estado, quieren hacer que las personas trabajadoras pierdan su identidad.

    Un trabajador de Cresta Roja agrega:

  •  Nos están dejando a más de 1200 compañeros afuera, tenemos contratos “a prueba” en la empresa en la que trabajamos hace muchísimo tiempo, hay compañeros que tienen más de 20 años de fábrica. Los que están afuera viven con $6.000 por mes cuando hace tiempo se llenaron la boca tanto los delegados, la empresa y el mismísimo Macri diciendo que Cresta Roja estaba en orden y había más gente reincorporada. Ni hablemos de cómo nos llenaron de balazos de goma y palazos en la autopista Ricchieri en diciembre. Ni los de afuera ni los de adentro tenemos el trabajo asegurado.
  •  Yo la verdad que ya me cansé, me cansé de que nos persigan, me cansé de que nos echen, me cansé de que el sindicato no haga nada por nosotros, me cansé de dejar la vida en la fábrica. ¿Cómo hacemos para hacerles frente? Nosotros nos plantamos, pero ellos tienen todo un aparato atrás que parece imposible plantárseles – plantea otro de los presentes.
  •  Nosotros cuando nos echaron nos empezamos a organizar; primero nos juntamos a comer, a charlar y a empezar a ver que podíamos hacer. Llegamos a la conclusión de que la mejor forma de ponerles un freno y darles pelea era formando una agrupación, ahí entre los que no habían sido despedidos y nosotros empezamos a movernos y a rodear de solidaridad el conflicto, organizamos fondos de lucha, vendimos bonos, organizamos fiestas para juntar la guita para bancar la pelea, de paso también charlábamos con la gente y le mostrábamos que Coca Cola no es esa empresa feliz que nos quieren mostrar en las propagandas de televisión, mostramos que Coca Cola persigue y despide a los trabajadores – dice un obrero de la empresa de gaseosas.

    Una empleada del hospital Alende transmite:

  •  Nuestra lucha en el hospital no es solo para que dejemos de cobrar los miserables $4.000 de salario que nos pagan Insaurralde del kirchnerismo y Vidal del PRO, si no para garantizar que todos los trabajadores y trabajadoras tengan acceso a los hospitales públicos. Nuestra pelea es también por ustedes y por sus hijos.

    Una estudiante de la universidad escucha esas palabras y sin dudarlo les dice:

  •  Compañeros, nuestra organización está a su disposición para lo que necesiten, podemos organizar todo tipo de eventos para dar a conocer los conflictos, si es necesario tienen las puertas de la facultad abiertas para pasar sus fondos de lucha. Estamos completamente con ustedes y a su disposición.
  •  Lo mejor que podemos hacer es organizarnos mostrándoles que si ellos se organizan y conspiran constantemente contra los trabajadores, nosotros los trabajadores también que tenemos que conspirar para sacar a la burocracia sindical que no nos representa y está entongada con la empresa; es más, muchísimas veces ellos son la empresa. Cuando nos organizamos vemos el verdadero poder que tenemos, vemos que en realidad nosotros somos más – comenta un ferroviario.
  •  Ellos tienen el gobierno que quieren, la empresa que quieren, los empresarios que quieren y los sindicatos manejados por los burócratas que quieren; nosotros tenemos que tener esa organización que queremos y nos merecemos – Dice otro obrero de la Coca Cola.

    El aplauso espontáneo fluye como el viento y se escucha por todo el local, las últimas palabras que se escuchan son:

  •  Después de lo que viví hoy en el asado me siento mejor armado para salir a luchar, aprender de otras experiencias de lucha siempre es la mejor escuela – acota un trabajador.
  •  Che si necesitan algo, cualquier cosa que sea, avisen que nosotros estamos ahí… - dice otro.

    La semilla de la conciencia de clase que plantaron las viejas generaciones de la clase obrera empieza a florecer nuevamente. Los trabajadores quizá entendieron aquella no tan vieja frase de Carl Marx: “Los trabajadores no tienen nada que perder, excepto sus cadenas”.







    Temas relacionados

    Monte Grande   /    Aeropuerto   /    Hospital Alende   /    Cresta Roja   /    Shell   /    Coca-Cola   /    Ferroviarios   /    Provincia de Buenos Aires   /    Zona Sur del Gran Buenos Aires   /    Mundo Obrero

  • Comentarios

    DEJAR COMENTARIO