HIPOCRESÍA Y PROVOCACIÓN

Cúpula de la Iglesia impulsa la “reconciliación” y recibe a familiares de genocidas

En el marco de la asamblea de la Conferencia Episcopal Argentina, obispos de todo el país recibirán a familiares de víctimas del terrorismo de Estado y a familiares de represores.

Juana Galarraga

@Juana_Galarraga

Miércoles 3 de mayo de 2017 | Edición del día

Este martes comenzó en Pilar la 113° asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA). La jornada de reflexión de la cúpula eclesiástica nacional se extenderá hasta el sábado 6.

Encabezados por el presidente de la CEA, el arzobispo de Santa Fe, monseñor José María Arancedo, alrededor de cien obispos abordarán un temario que ya generó polémica: hablarán de la necesidad de "reconciliación" ante lo ocurrido durante la última dictadura cívico-militar.

Para tal fin los obispos del país comenzaron la jornada de ayer recibiendo a un grupo de personas vinculadas a la dictadura. La decisión de la cúpula eclesiástica constituye una verdadera provocación: tal grupo se compone de familiares de víctimas del genocidio, pero también de familiares de genocidas, lo cual pone en un mismo plano a las víctimas del terrorismo de Estado como a sus victimarios.

El argumento para impulsar el debate por la "reconciliación", es la supuesta importancia de fomentar la "la cultura del encuentro”. Según se comunicó desde la CEA, esta iniciativa debería entenderse como “un servicio al encuentro fraterno de los argentinos". El “servicio” parece más acorde a las necesidades de los genocidas que buscan impunidad, que del pueblo argentino y los organismos de derechos humanos que pelean hace más de 40 años por memoria, verdad y justicia.

Precisamente, el domingo 30 de marzo se cumplieron 40 años de la primera ronda que dieron las Madres en Plaza de Mayo. Apenas pasados unos días deben hacer frente a esta nueva afrenta insultante, de parte de una institución sobre la cual hay sobradas pruebas de su complicidad con el genodicio. La integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Nora Cortiñas consideró “hipócrita” a la iniciativa de la cúpula de la Iglesia Católica.

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“Que abran los archivos y le digan a los militares genocidas que vayan a los juzgados a declarar toda la verdad” sobre lo que ocurrió con los 30 mil desaparecidos, cuestionó Cortiñas. En un reportaje a radio Blue, la referente de los derechos humanos enfatizó en que la Iglesia debería decirle a los “militares genocidas que vayan a los tribunales a declarar toda la verdad sobre nuestros hijos”. Por otro lado insistió en que los obispos también deberían decir “qué saben” sobre lo ocurrido en la última dictadura.

En relación a los archivos sobre el genocidio en posesión de la Iglesia Católica, la asamblea también anunciará la aprobación de un protocolo para que víctimas y familiares de desaparecidos puedan consultarlos. Tal medida impulsada por el Vaticano, había sido anunciada el año pasado, tras finalizar el proceso de organización y digitalización de unas 3.000 cartas y documentos que se conservan en el Episcopado, en la Nunciatura Apostólica y en la Santa Sede.

“Esos archivos son las mismas cartas que nosotros llevamos al Episcopado y las que mandamos al Papa de esos años al Vaticano”. Es decir que “no hay nada nuevo”, criticó Cortiñas.

El Episcopado aun no entregó las actas de las asambleas plenarias realizadas por los prelados antes, durante y después de la última dictadura, que sin duda son documentos que aportarían mayor información sobre la complicidad de la Iglesia con los genocidas. Como se ve, la aprobación del protocolo que anunciará la asamblea, es una medida cosmética que tiene el fin de lavarle la cara a una institución reaccionaria que colaboró con el genocidio y hoy hace sus aportes en el sostenimiento de la impunidad.

Por su parte, Estela de Carlotto, titular de Abuelas de Plaza de Mayo calificó como un “disparate” la iniciativa eclesiástica. “No tenemos que reconciliarnos con nadie; yo no agravié a nadie; fui agraviada con el asesinato de mi hija y el robo de mi nieto. Es un disparate. Es herir susceptibilidades”, sostuvo. “¿Cómo vamos a ir a dialogar? – cuestionó - Lo que hay que hacer es cumplir con la democracia y con lo que pedimos de Verdad, Memoria y Justicia”.

Sintonía reaccionaria

La iniciativa impulsada por la Iglesia, en nombre de la “cultura de encuentro” de la que tantas veces ha hablado Bergoglio en documentos y homilías, está en sintonía con el propósito de “unir a los argentinos” que en algún momento difundió el Gobierno. Si bien actualmente, en tiempos electorales, la estrategia discursiva del Gobierno tiende a la polarización, en materia de “derechos humanos” la idea de la reconciliación les sienta bien.

Claudio Avruj, secretario de Derechos Humanos de la Nación, se manifestó a favor de la prisión domiciliaria para los condenados por delitos de lesa humanidad. En marzo, desde la Secretaría presidida por Avruj, se le insinuó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que recibiera a familiares y amigos de militares juzgados por crímenes de lesa humanidad.

Todos estos gestos están a tono con la intención del Gobierno de instaurar la Teoría de los Dos Demonios o incluso, de negar el plan sistemático y el terrorismo de Estado. En pos de estas intenciones, ya ha incurrido en innumerables provocaciones: desde pretender minimizar la cantidad de detenidos desaparecidos hasta el intento de establecer como feriado móvil el 24 de Marzo. La Iglesia, partícipe y cómplice del genocidio, no se queda atrás en este objetivo reaccionario.

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La inquietud de la cúpula eclesial por garantizar impunidad para los genocidas, no es de extrañar si se tienen en cuenta los antecedentes del actual papa Francisco. Jorge Mario Bergoglio, está salpicado por denuncias en el marco de las causas por crímenes de lesa humanidad. En mayo de 1976 Bergoglio dejó a merced de la dictadura a los curas Orlando Yorio y Francisco Jalics, quienes hacían asistencia en villas del Bajo Flores. Ambos terminaron secuestrados y torturados en la ESMA junto a cuatro catequistas y dos de sus esposos.

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Otro de los casos emblemáticos que involucran a Bergoglio y la dictadura es el de la desaparición de la joven embarazada Elena de la Cuadra en 1977. Su hermana Estela denunció en La Izquierda Diario el rol cómplice del Pala en el caso, que tuvo como una de sus derivaciones trágicas la apropiación de la niña Ana Libertad.







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