Cultura

CINE - ENTREVISTA

“Darle a su voz un lugar central en la película era el gesto político más contundente”

Entrevista con Juan Manuel Bramuglia y Esteban Tabacznik, directores del documental Mangui Fi, (Estoy acá)

Sábado 27 de abril | 10:30

Juan Manuel Bramuglia y Esteban Tabacznik, son dos directores de cine que exploran la vida de los senegaleses en Argentina y los contrastes con la tierra que dejaron atrás. Los entrevistamos a propósito del estreno de Mangui Fi, (Estoy acá)

¿Cómo surge la idea de hacer Mangui Fi?

Comenzamos con el proyecto a finales del 2013 motivados, principalmente, por la inmensa curiosidad que nos provocaba la fuerte y creciente presencia de estos nuevos integrantes del paisaje urbano. Nos llamaba mucho la atención que los africanos eligieran como destino nuestro complicado país y, por otro lado, que casi nadie se hiciera eco de este nuevo fenómeno tan notorio. Ambos vivíamos cerca de los dos polos de mayor concentración de los senegaleses (barrio de Once y Flores), por lo que nuestro contacto con ellos era diario. Comenzamos a acercarnos en la calle y conversar con ellos, luego participamos de celebraciones religiosas (Magales) y así fuimos entusiasmándonos con la idea de hacer una película y trabando vinculo con los chicos que posteriormente serían los protagonistas.

¿Cómo se encontraron con los protagonistas?

Primero conocimos a Ababacar en un Magal, que es como llaman a las fiestas religiosas que hacen periódicamente a la memoria de distintas personalidades religiosas del universo Muride. Ababacar nos llamó mucho la atención por cómo se movía en la sociedad porteña y su fuerte compromiso para con su comunidad. Nosotros ya veníamos con un tiempo de investigación encima y teníamos la idea de hacer una película que permitiera conocer el mundo de los senegaleses y reflejara distintas maneras de vivir su peculiar forma de inmigración. Es decir, un documental que se deslizara en dos direcciones: por un lado, la intimidad de estos nuevos habitantes de la ciudad y, por otro, que permitiera conocer su cultura y sus preguntas y deseos. A raíz de todo esto y luego de que viajáramos a Senegal y conociéramos y filmáramos con Mbaye (íntimo amigo de Ababacar), nos pareció que su amistad condensaba bien todos estos aspectos que queríamos mostrar. Además, el vínculo que hicimos con ellos nos permitía llevar la cámara a su intimidad, cosa que nos parecía importante para poder acceder a la complejidad de sus conflictos de una manera más cercana y permitirles expresarse con sus propias voces, algo que rara vez se ve en este tipo de documentales que tienden a inclinarse más por la denuncia o la crítica social en desmedro de la subjetividad de sus intérpretes. A nosotros nos parecía que darle a su voz un lugar central era el gesto político más contundente.

¿Cómo fue la experiencia de filmar en Senegal?

El viaje a Senegal fue una experiencia impactante. Nos hospedamos en las casas de los protagonistas, primero con los hermanos de Ababacar en Dakar (la capital) y luego en la casa de Mbaye en Touba (ciudad santa del interior del país), por lo que fue todo muy intenso e íntimo y nos favoreció para ir ganando su confianza. En un principio notábamos mucha distancia hacia nosotros, pero con la permanencia y el contacto cotidiano logramos romper esta barrera y demostrarles nuestras intenciones. Compartir con ellos la vida diaria, almuerzos sentados en círculo comiendo de un mismo gran cuenco, largas tardes de café Touba reposando sobre telares, tomar el fresco de la noche en el patio mientras los rezos de las mezquitas cercanas endulzaban el aire, fue algo maravilloso.
Otro aspecto que nos llamó la atención es su humanidad en la vida diaria. Más allá de los grandes problemas económicos que tiene Senegal, no vimos gente con hambre. Por ejemplo, el que no tiene, come en la casa del que sí tiene. Y ese valor se practica con total naturalidad.

En Dakar, nos llamó mucho la atención la mezcla de metrópolis con elementos rurales tales como cría de animales. En el caos de tránsito de las horas pico, la gente conduce sin estrés ni agresión. Recuerdo la sorpresa y estupor de los locales frente a mi comportamiento frenético al volante en un auto alquilado tocando bocina y conduciendo al estilo “porteño” por el apuro de llegar a una cita pautada. Ahí comprendimos que su típico saludo “Jamakjam” (paz y paz) realmente es puesto en práctica en su cultura.

¿Por qué hacer Mangui Fi?

Sentíamos la necesidad de conocer a estos nuevos vecinos de la ciudad y, dada la falta de información al respecto, decimos tomar cartas en el asunto. Nos gusta suponer que la película logra estrechar un vínculo entre el espectador y los inmigrantes senegaleses. Comprenderlos mejor, entender sus motivaciones, sus frustraciones, sus dudas y anhelos a la vez que se sienta interpelado y pueda reflexionar tanto en el trato hacia los inmigrantes como sobre ciertas actitudes y costumbres de nuestra cultura occidental que destruyen los vínculos sociales que nos unen. En este sentido, los senegaleses pueden enseñarnos bastante. A fin de cuentas, uno siempre escucha que Argentina es un país hecho por inmigrantes.







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