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MUSICA // RECITAL

David Gilmour, un sueño hecho realidad

Saldando una deuda histórica, la gira latinoamericana con cuatro fechas en Brasil, una en Buenos Aires y el pasado domingo en Santiago de Chile, inmortalizó sin dudas, un antes y un después en la historia del rock de estas latitudes. Presentó parte de su último disco Rattle that lock y revivió a Pink Floyd con una lista de temas que hizo vibrar a miles, superando toda expectativa.

Martes 22 de diciembre de 2015 | Edición del día

En Buenos Aires, el viernes 18 de Diciembre, vivimos un día histórico, pero que lamentablemente sufrimos también, por una pésima organización de AKE Music en la entrada y la salida del recital. Ellos se llenaron los bolsillos y nosotros sufrimos las dificultades para disfrutar del show, debido a la sobreventa de entradas, una pésima distribución de espacios entre el campo y el escenario y peleas en el campo vip. Sin dudas fue un punto en contra que dejó a muchos enojados y que no tardaron en expresarse y denunciar en las redes sociales.

Soñando despiertos

Se apagaron las luces y la ovación no tardó. Empezaron a sonar los acordes de "5 AM", y comenzaba un viaje sin retorno. Siguió el tema "Rattle that lock" que le dá nombre al disco y los cuerpos entraban en calor. Luego el piano nostálgico de "Faces of stone". La emoción en línea ascendente, imparable, en una explosión de aplausos y llantos recibimos los primeros acordes de "Wish you were here". Impecable, comenzaba más que un clásico, un primer homenaje a Syd Barrett, quien ya no pudo seguir tocando en Pink Floyd hacia 1974, producto de las drogas y una terrible enfermedad mental. Este gran tema nos llevó directo al recuerdo, a un sentido homenaje de los que ya no están físicamente, de los que amamos y nos duele perder. Muy emocionante.

Cierra el acústico, y aparece el primer saludo con una sonrisa: "Buenas noches. Muchas gracias. Son muy amables" nos compartió, y siguió con los temas del último disco. El profundo "A boat lies waiting", con una base de piano nos recordó a su querido amigo Richard Wright, pianista de Floyd, quien colaboró en On an Island en 2005, mucho antes de su partida. "The Blue" mantuvo el ambiente y un viaje por el océano azul, que lentamente nos llevaba a la violenta caja registradora de "Money" y la ovación volvió entre las monedas que caían descontroladas en la pantalla circular. Y como si fuera poca la emoción de revivir el lado oscuro, vino contundente "Us and them" seguido de "In any tongue" y "High Hopes", y nos dejaba en un éxtasis con Division Bell, para tomarse un descanso y luego retomar.

Al regreso, mientras preparaba un coctel psicodélico, con las pantallas explotando en multicolor, empezaba una lisérgica sorpresa y un segundo homenaje a Syd, "Astronomy domine", el tema 1 del primer LP de Floyd, compuesto por Barrett, hicieron estallar los platillos recordando esos años 60, disolviendo un LSD en la sangre y la retina hirviendo, se lucía el mítico señor de los astros.

Todo era fantasía, y seguía cobrando realidad, cuando comenzaron los teclados de "Shine on you crazy diamond" el sueño ya no solo era real, sino que trascendía los parámetros de la locura, y ahí estaba intacto David y su banda lustrando el diamante, haciéndolo brillar, y el brasilero Joao Mello haciendo su aporte con el saxo, excitando el final.

Cerraba la época de Wish you where here, para ir mas atrás aún con una Oda a la naturaleza, una delicia: "Fat old sun" del disco Atom Heart Mother, de una simpleza extraordinaria. Con una armoniosa voz, David volvía al optimismo en "Coming back to life", para ir al Jazz que compuso en el actual "The girl in the yellow dress" y "Today". Luego vino "Sorrow" y el eléctrico sonido que en The Wall le dió su lugar a "Run like hell", todos con anteojos negros, reproducían el enojo de Pink y un coro reemplazaba la voz de Water.

Finalmente eclipsándonos y volviendo al lado oscuro, cientos de relojes gritaban el momento de "Time", alucinando casi dos minutos hasta que Gilmour reflexiona, y todos cantando a la par, y nos caía la ficha de que era la hora del final. Siguió un breve descanso con "Breathe" antes de acomodarnos en la despedida de "Confortably numb". Ya no quedaban palabras.

Lejos de buscar la perfección o endiosarlo, podemos decir que David Gilmour, superando todo tipo de expectativas, nos hizo vibrar con la profunda sencillez de un hombre sabio, y a la vez con sus afilados dedos, nos conquistó a cada uno de los que nos hicimos presentes. No solo sabe como cautivarnos y llegar bien adentro, también lo hace desde lo más profundo del ser, con sonidos que renacen en abrazos, entre la gente que uno quiere y comparte esos momentos únicos de la vida, como este sueño hecho realidad. El sueño que duró casi 3 horas, ante 60.000 mortales que fuimos recompensados de tantos años de espera, seguirá en la piel durante días enteros.

Con algunas improvisaciones en su guitarra acústica, con la dulzura de la criolla, y la profundidad del steel guitar, destacando la vieja y gastada Telecaster, y por supuesto en su gloriosa Stratocaster negra, que cada vez que aparecía en escena, podía llegar hasta las lagrimas de la emoción que generaba, nos demostró porqué es uno de los mejores guitarristas y compositores de todos los tiempos. David, "el gordo", como cariñosamente lo llamamos, nos conectó con sus increíbles solos de guitarra, en su plena madurez musical, con algunos ataques de viola tan precisos que nos golpeaba directo en la sien. Pero lo que más impresiona, o nos deja pensando, es que nunca abandona, ya que está en su sangre, esa conexión con las raíces del Blues de la primera época, mas bien de los primeros Jazzeros, esos negros que contaban sus miserias cotidianas, y por esto no es casualidad que David nos ofrezca con delicadeza y su dramática nostalgia nota a nota, algo de ellos, que le cantaban a la vida, a la libertad, sin dejar de marcar las miserias de este mundo capitalista, con algo de esperanza.

David Gilmour, un sueño cumplido. Gracias.







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