Sociedad

ABUSOS SEXUALES E IMPUNIDAD

Del cinismo a la mentira: nuevos manotazos del cura Eduardo Lorenzo

En medio del repudio generalizado a sus ataques a periodistas, el sacerdote acusado de múltiples abusos y maltratos mandó una carta al sindicato de prensa en la que incurre en más mentiras.

Daniel Satur

@saturnetroc

Estefanía Velo

@Stefania_ev

Jueves 29 de agosto | 20:35

Foto La Izquierda Diario | Pulso Noticias

A fines de la semana pasada un grupo de periodistas y medios se anoticiaron que desde el 11 de marzo de este año el fiscal Marcelo Romero de La Plata tiene en su despacho una denuncia penal realizada por el cura Eduardo Lorenzo sobre ellos.

En esa denuncia, Lorenzo acusa ser víctima de una campaña en su contra, supuestamente orquestada por decenas de personas para hacerle algo así como “la vida imposible”. Si no se tratara del mismo hombre que está acusado penalmente de graves delitos sexuales y de corrupción de menores, la cosa podría llamar a la risa. Pero su pedido al fiscal Romero y al juez Atencio de procesar a denunciantes, periodistas y testigos por “coacción” es preocupante por demás.

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Mientras los superiores de Lorenzo tanto a nivel eclesiástico (el Arzobispado de La Plata) como político (el Servicio Penitenciario Bonaerense -SPB-) mantienen un silencio ensordecedor respecto a los ataques de Lorenzo a la prensa que difunde las denuncias de las víctimas, el repudio se generalizó al punto de que en el Concejo Deliberante de La Plata se votó este miércoles un decreto defendiendo la libertad de expresión atacada por el cura. Hasta los partidos políticos que lo han bancado durante años (a sabiendas de todo de lo que se lo acusa) terminaron votando ese decreto por unanimidad.

Del lado del gremio de prensa, tanto la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (Fatpren) como el Sindicato de Prensa Bonaerense (Siprebo) ya se pronunciaron en el mismo sentido, contra las amenazas y ataques del cura y en defensa del elemental derecho a la libertad de expresión y del ejercicio de la prensa.

Precisamente al Siprebo le llegó este miércoles una carta firmada por el propio Eduardo Lorenzo, en la que intenta responder al comunicado de repudio emitido un día antes por el sindicato. Allí el excapellán general del Servicio Penitenciario se despachó con varias definiciones. Algunas rayanas con el cinismo y otras directamente con la mentira.

En un párrafo Lorenzo dice que “los abusos sexuales en la Iglesia son un tema tan serio como dramático, con innumerables víctimas reales con heridas dolorosas. No podemos permitir que se banalice este tema”. Curiosamente quien lo banaliza no es más que él y sus cómplices, toda vez que ni siquiera se acercó por propia voluntad a la UFI 1 a cargo de la fiscal Ana Medina a dar su testimonio frente a las múltiples acusaciones que pesan en su contra.

Como si no estuviera en el centro de la atención pública por esas acusaciones, muchas de ellas realizadas por personas que ya dieron su nombre y apellido en el expediente y en la prensa, Lorenzo intenta mostrarse “solidario” con las víctimas de los abusos en la Iglesia. Claro, habla no de sus propias víctimas sino de sus colegas. Cinismo extremo.

En la carta Lorenzo agrega: “hay una denuncia en mi contra sobre un supuesto hecho de abuso. Dicha denuncia es falsa y refiere a hechos y situaciones que nunca ocurrieron”. Curiosa reflexión. Sobre todo porque en el expediente judicial ya hay dos denuncias directas de personas que aseguran haber sido abusadas y ultrajadas por Lorenzo, en diferentes lugares y momentos históricos. Y además hay un tercer testigo que relató en detalle en el expediente cómo vio que Lorenzo abusaba sexualmente de otros adolescentes.

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Lorenzo agrega un dato sumamente falso. Dice que en la causa judicial él no está “siquiera imputado (sino sólo ‘denunciado’) por no encontrarse ningún indicio de que haya ocurrido algo parecido a lo denunciado”. En verdad si no está aún imputado, procesado y con prisión preventiva es por las innumerables dilaciones y maniobras realizadas desde el Poder Judicial para ayudarlo.

Indicios de que ocurrieron las cosas que se denuncian, en el expediente sobran. Y si no hay más es porque aún la fiscal Medina no ordenó las pericias psicológicas sobre él y sobre sus denunciantes, porque no piensa realizar ninguna reconstrucción de los hechos y porque, encima, ni siquiera llamó a declarar como testigos a los encubridores del cura, empezando por los arzobispos Héctor Aguer y Víctor Fernández, los obispos auxiliares Alberto Bochatey y Nicolás Baisi, y los vicarios judiciales Javier Fronza y José Luis Kaufmann.

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Lorenzo pretende reforzar sus argumentos diciendo que “por otra parte, en la justicia canónica se abrió también un expediente en la Curia platense, llegando a las mismas conclusiones que sostuviera la Fiscalía al archivar la causa en el año 2009 y lo reiterara en Marzo de 2019: los hechos denunciados no existieron”. Es cierto, el Arzobispado hizo como que investigó a Lorenzo en 2008/9 y concluyó en que él no era un abusador. ¿Y? ¿Es creíble esa “justicia canónica”? Para nada. Encima los mismos juristas de la Curia dijeron una cosa hace una década y otra a fines de este año. En un caso lo reprendieron por sus conductas “cercanas al mal” y en el otro por poco lo mostraron como un ser puro y casto.

Pero además miente cuando dice que la Fiscalía en marzo de este año llegó a las mismas conclusiones que el Arzobispado respecto a su responsabilidad penal. Al contrario, hace pocos días la misma fiscal Medina dio curso al pedido de la querella de que Lorenzo sea detenido, pedido que aguarda una resolución de la jueza Marcela Garmendia.

Y por si fuera poco, la misma Medina se vio obligada a iniciarle una causa paralela por “amenazas”, al comprobar que Lorenzo y sus abogados se la pasan llamando a víctimas y testigos para buscar que no hablen en Tribunales o a lo sumo no digan nada en contra del cura.

Sin embargo esa causa por “amenazas” sigue sin resolverse, y Lorenzo intensifica los amedrentamientos. En esta carta al secretario general del Siprebo también revicitimiza e intenta atemorizar a aquellas víctimas que todavia no se animan a expresar lo vivido, poniendose él como una víctima, cuando se trata del victimario.

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Consultado por este medio, el abogado de la querella Juan Pablo Gallego afirmó que "la carta del cura Lorenzo al secretario general del sindicato es una muestra más y quizás la más contundente de la impunidad absoluta con que se maneja este sujeto".

Para el letrado, el mensaje del cura “no está solo dirigido al secretario general de prensa, está dirigida a los propios periodistas amenazados para seguir intimidándolos, también a las víctimas para seguir victimizándolas e intimidándolas, y a los fiscales del caso para aclararles que no lo pueden investigar”.

Buscando la compasión de váyase a saber quién, el sacerdote amigo del poder dice en la carta al Siprebo que “el daño” que se le hizo a él “es ya irreparable. Es por ello por lo que dar mayor amplificación a la calumnia, es una clara cooperación al mal”. Habla, obviamente, del periodismo comprometido con las y los sobrevivientes y sus familias.

Otra de las definiciones insostenibles de Lorenzo es que la denuncia que pesa sobre él (aunque, se insiste, no es una sino hasta ahora tres) es “infundada" y "desmentida por todos los testigos que el mismo denunciante cita”. Es insostenible, porque quien conozca el expediente no dudará en asegurar que es el propio cura el que está “hasta las manos”.

En el extremo del cinismo, Lorenzo escribe: “ignoro las motivaciones de quienes impulsaron esta denuncia. Comprendo que los medios hayan dado publicidad a sus calumnias, sobre todo porque interpreto que han querido dar visibilidad a una aparente injusticia, sin tener noción de que la injusticia la cometían justamente al darle esa publicidad”. ¿A quién pretende convencer? ¿En serio cree que alguien en su sano juicio, habiendo escuchado y leído el testimonio de los denunciantes, puede darle el mínimo crédito a esas palabras?

Hasta tiene el coraje de decirle al secretario general del Siprebo Antonio Guillén (a quien dirige la carta) que “no hay palabras para describirle el calvario que estoy pasando con esta novela”. Y suma que su abandono a la capellanía general del SPB y la desestimación a hacerse cargo de la iglesia de Tolosa se debió a “unas mentiras que fueron publicadas en numerosas oportunidades”. Nadie abandona el barco si cree que va a llegar a buen puerto. Eso debería tenerlo claro, Padre.

"Los términos de la carta muestran su intención de multiplicar sus amenazas e intimidaciones que imponen desde hace largo tiempo su detención", sentencia el abogado querellante. "Por la conducta que viene siguiendo y por supuesto por los delitos que ha cometido, que claramente están probados en esta instancia, de modo tal que resulta insólito que hable este sujeto diciendo que no se han presentado pruebas", sostiene.

Por último, Lorenzo vuelve a ser cínico. Le dice a Guillén que le ofrece, “si lo desea, reunirme con Usted o con la persona que considere oportuno, con expediente en mano y le respondo todas las dudas que pudiera tener”. Todo lo contrario a lo que hace desde 2008, cuando por primera vez en los Tribunales su nombre fue estampado en un expediente penal como acusado de delitos gravísimos.

Ahora, sin embargo, dice que quiere hablar y “desmentir”. Habría que decirle que la UFI n°1 de La Plata no queda tan lejos de Gonnet y más de una persona espera ansiosa que se acerque a responder algunos cientos de preguntas.







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