AGUSTÍN TOSCO

“Desear más fuertemente que otros”

“El carácter del individuo constituye un ‘factor’ del desarrollo social sólo allí, sólo entonces y exclusivamente en el grado que lo permiten las relaciones sociales” Georgi Plejanov, El papel del individuo en la historia

Carlos Mignon

Doctor en Historia, autor de Córdoba Obrera. El sindicato en la fabrica 1968-1973.

Miércoles 12 de noviembre de 2014 | Edición del día

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Agustín José Tosco fue una personalidad excepcional. Su honestidad y convicción, así como la claridad de sus concepciones, le valieron el reconocimiento general de sus compañeros de clase a nivel nacional. Pero no solamente esto, su accionar le permitió trascender la función de dirigente sindical hasta constituirse en uno de los principales cuadros de la fuerza social que impugnaba el orden social vigente y que luchaba por formas de organización social superadoras al capitalismo dependiente imperante en Argentina. Nacido en la localidad de Coronel Moldes, departamento Río Cuarto, Tosco comparte sus orígenes con muchos de aquellos jóvenes migrantes del interior provincial que iban a buscar empleo al pujante complejo industrial de la ciudad de Córdoba. Allí comenzará su carrera sindical en la EPEC (Empresa Provincial de Energía Córdoba) como delegado, hasta llegar a ser su Secretario General y protagonista de las principales luchas del gremio de Luz y Fuerza.

Como ejemplo, los rasgos personales anteriormente expuestos se hicieron evidentes cuando, apenas asumido como presidente de facto el general Onganía, Tosco fue la única voz disidente de un mundo sindical que le prestaba su apoyo. Bajo el título “Signos Negativos”, en una solicitada publicada en el matutino la Voz del Interior, el dirigente lucifuercista advertía: “El cambio político-institucional operado el 28 de junio de 1966, generó en vastos sectores de la población una inmensa expectativa vinculada principalmente a las medidas gubernamentales que se pondrían en práctica (…) Aquella expectativa, (…) no ha sido satisfecha hasta el presente (…). El breve ejercicio del poder por parte del nuevo gobierno, permitiría acusar de precipitado este análisis, pero dado el carácter de proyección histórica que acusan sus determinaciones, resulta imprescindible alertar sobre las negativas consecuencias que las mismas alcanzan, profundizando los problemas que planteaba resolver.” A diferencia de otras figuras políticas que apoyaron en un principio el movimiento militar, como Arturo Frondizi, Álvaro Alzorgaray y el mismo Juan Domingo Perón, o dirigentes gremiales como Augusto T. Vandor, Juan José Taccone, José Alonso y Francisco Prado; Agustín Tosco poseyó en ese momento la sagacidad política suficiente para señalar la ofensiva que iban a desplegar las fuerzas del capital multinacional en detrimento, principalmente, de la clase trabajadora.

Ahora bien, como lo señalaba Georgi Plejanov, la influencia de los individuos no va más allá de lo que permite la relación de fuerzas que se dan en un momento histórico en una sociedad determinada. Y el “dirigente”, es un producto de la sociedad en la que actúa; es decir, se encuentra inmerso dentro de ciertas relaciones sociales. Y así sucede con Agustín Tosco en tanto figura histórica.

El rápido crecimiento industrial de la ciudad de Córdoba, permitió que ciertos sindicatos estratégicos –como Luz y Fuerza- tuvieran un peso determinante dentro del quehacer político y sindical de la CGT cordobesa, algo inusual en el resto del país. Así, esta situación permitió a los gremialistas “independientes” –entre los cuales Tosco fue uno de sus dirigentes más importantes- romper con el equilibrio entre las fracciones peronistas de la CGT. Esta fortaleza relativa de los sectores independientes, sumado al carácter novel de la clase obrera dentro de las ramas más dinámicas le impregnaron al modelo sindical cordobés rasgos de pluralidad política e ideológica que permitían un margen de maniobra mayor al de otros centros industriales dominados por el peronismo.

Es en este contexto en el que Tosco propuso construir el “sindicalismo de liberación”. Éste –muchas veces confundido erróneamente con el “clasismo”- postulaba constituirse en baluarte de la oposición a la dictadura, integrando, al mismo tiempo, a los diferentes sectores que potencialmente podían aliarse a su proyecto. Sin embargo, esta propuesta acerca del modelo de acción sindical no estuvo exenta de contradicciones. Si bien se estableció realizar lo que Amado Olmos había denominado un “sindicalismo integral”, que se proyectara más allá de las reivindicaciones económicas y que postulara la toma del poder, no logró establecer un modelo que se distinguiera de las estructuras existentes dentro de las instituciones gremiales imperantes. Que Agustín Tosco promoviera el accionar político hacia una lucha por la transformación de la sociedad, significa que tenía cierta consciencia de las limitaciones del modelo sindical como instrumento de cambio de las estructuras sociales vigentes. Pero, a pesar de que el sindicalismo podía haber sido una fuerza que hubiera conducido al proceso de liberación (por estar constituido por la clase explotada), el marco en el que debía moverse y sus métodos estaban constreñidos al reconocimiento y la legalización del mismo orden que los había creado como “instituciones de bien público”. De manera concreta, las vicisitudes y debilidades de la CGT de los Argentinos demostraron explícitamente estas contradicciones. En primer lugar, porque este proyecto no pudo escapar de una estructura sindical establecida en los puestos de trabajo, ya que los cuerpos orgánicos siguieron dependiendo fuertemente de las cúpulas sindicales, siendo incapaces de reaccionar ante los cambios bruscos de la fuerza de trabajo. Segundo, a que Tosco priorizó una alianza “contra natura” en la constitución de la CGTA local, dominada mayoritariamente por el sector “ortodoxo”, sus históricos adversarios. Esta decisión, seguramente fue condicionada por la necesidad justificada de acumular alianzas nacionales para su enfrentamiento con Juan José Taccone, el “participacionista” secretario general de la FATLYF.

El tercer punto merece un párrafo aparte. Nos referimos a las divergencias existentes con los dirigentes clasistas. En el caso de Agustín Tosco, había una cultura del conflicto basada en la mediación y en la evaluación cautelosa de las relaciones de fuerza, lo que llevaba a la alianza con otras clases o fracciones también consideradas “explotadas”, dentro de un marco político e institucional abarcador, como el Encuentro Nacional de los Argentinos. En el otro caso, como los combativos obreros de FIAT, prevalecía una cultura de oposición neta e intransigente fundamentada en los intereses obreros, sin que importara cualquier otro grupo social, las instituciones ni los partidos políticos tradicionales. Estas diferencias se sustentaron en las experiencias distintas de uno y otros, traduciéndose en la adopción de medidas de luchas ajenas a las tradiciones sindicales tan cercanas a Tosco.

Se cumplieron 39 años de la desaparición física de Agustín Tosco, en condiciones de clandestinidad a fuerza de la persecución asesina de las fuerzas de represión. Conmemorarlo es un acto de justicia a, tal vez, el mejor dirigente que ha dado la Argentina. Pero no se lo enaltece mistificándolo, sino que contextualizando su accionar se dignifica realmente su figura y, teniendo en cuenta los verdaderos obstáculos a los que enfrentó, su legado va a ser más valedero e impresionante.







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