OPINIÓN

Día de los novios: ¿el amor está a la venta?

Pongamos bajo la lupa algunos de los sentidos comunes más cotidianos alrededor de los celos y el amor como propiedad.

Santiago Lucas D’Ambrosio

Estudiante del I.E.S N1 "Dra. Alicia Moreau de Justo"

Viernes 23 de septiembre de 2016 | Edición del día

Para el sistema capitalista, por supuesto, la libertad sexual no es más que una libertad económica. En el Día de los Novios como en el de San Valentín una gran cantidad de bombos y platillos se encuentran alrededor de esta fecha, premiando a sus amores “incondicionales” con un sinfín de regalos: desde noches en hoteles de lujo, hasta unas rosas, chocolates, salidas al cine, o al parque. ¿Cuál sería la conexión entre nuestros sentimientos y la especulación financiera de los grandes empresarios?

Algunos sitios web o la prensa tradicional nos muestran los mejores y los peores regalos para hacer en esta fecha. En una encuesta realizada por la página web de promociones Groupon se puede ver que 4 de cada 10 encuestados pensaba gastar alrededor de unos $250 o $500 para fechas comerciales como esta o San Valentín. La consultora Focus Market elaboró un listado de precios orientativos. El relevamiento incluye artículos como un ramo de rosas largas a $ 300, una caja de bombones de 18 unidades a $ 160, comidas en restaurantes con vino desde $ 450 y noches de hotel con circuito de spa desde $ 1000.

La inclusión de la comunidad LGTTBI en películas, imágenes publicitarias, o con la extensión de las leyes de matrimonio igualitario en distintos países; no han hecho más que ampliar su mercado y target comercial al cual captar. La creación de pornografías alternativas, las ofertas 2x1, y la variada gama de productos inventados para todos aquellos que no cumplen los requisitos heteronormativos y patriarcales del sexo; han sido no solo serviles para aquellos que lucran con nuestras sexualidades y relaciones sexo-afectivas (¡el que lo pueda pagar, será el que mejor ama, por supuesto!), sino también para seguir fomentando estos sentidos comunes en que la libertad es igual a mercado.

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“Tener un poco de celos siempre es sano…”

La idea del amor perfecto o romántico nos lleva a pensar en la fidelidad eterna y llena de sacrificios con un único otro: la idea aquí no es polemizar con la monogamia en sí, sino los sentidos comunes que trae aparejado, como puede ser la dependencia sentimental hacia la pareja. Una de las frases más frecuentemente escuchadas entre la juventud, en cuanto a sus relaciones, puede ser la de “tener un poco de celos siempre es sano”. Ahora, pensemos entorno a esta frase: Es verdad que todo lo que se considera hoy en día como “sano” es todo aquello que se acomoda a una cierta norma establecida sobre lo cual uno no debería “preocuparse”. ¿Cómo se podría considerar que uno no es un hijo sano del sistema si se nos educa bajo el principio de la propiedad privada, de la idea del amor romántico, eterno y lleno de sacrificios?

Es moneda corriente escuchar entre las parejas que se pidan las contraseñas de sus redes sociales, revisar sus celulares, o incluso prescribiendo que ropa se puede utilizar para no “provocar a otros hombres”; como signo de confianza. El machismo también se mete entre las sabanas de las libertades individuales, y dejando entre ver cuál es la relación de dominación que se mantiene entre las dos partes.
La idea de los celos y de protección hacia la propiedad, es uno de los sentidos comunes más instalados, aunque no se haya considerado de esta manera desde los principios de la humanidad. Esto no solo nos muestra que esta forma de “amar” no es así por naturaleza, ni tampoco nos debe poner como meros espectadores, sino como sujetos de nuestra sexualidad y nuestras relaciones.

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“Es inherente al ser humano”

Engels en su libro de El origen de la familia, la propiedad privada, y Estado nos marca que los celos son “un sentimiento que se ha desarrollado relativamente tarde”, al igual que la monogamia. Ya la creación del utensillo en las tribus primitivistas, que trajeron consigo un excedente de la producción, llevó a recluir a la mujer al ámbito privado, para ser garantía y reproductora de esta protección de la propiedad del hombre. Se parte entonces de una base: la división del trabajo y de clases; es decir, un proceso económico, social, e histórico es la raíz de un sentido común tan actual y cotidiano como los celos.

La opresión hacia las mujeres y las sexualidades, no son un mero hecho cultural. Por encima de la cultura se hayan los modos de producción, en donde el machismo juega un rol esencial para legitimar los intereses de la clase dominante, defensora de la familia burguesa, blanca, monogámica, propietaria, y heternormativa. La Iglesia, como brazo ideológico del Estado, es quien se encarga con su moral culpabilizadora y estigmatizante de mantener la llama viva de los celos.

¡Por la liberacion de las sexualidades!

“Si logramos que de las relaciones de amor desaparezca el ciego, exigente y absorbente sentimiento pasional; si desaparece también el sentimiento de propiedad lo mismo que el deseo egoísta de ‘unirse para siempre al ser amado’; si logramos que desaparezca la fatuidad del hombre y que la mujer no renuncie criminalmente a su ‘yo’, no cabe duda que la desaparición de todos estos sentimientos hará que se desarrollen otros elementos preciosos para el amor. Así se desarrollará y aumentará el respeto hacia la personalidad del otro, lo mismo que se perfeccionará el arte de contar con los derechos de los demás; se educará la sensibilidad recíproca y se desarrollará enormemente la tendencia de manifestar el amor no solamente con besos y abrazos, sino también con una unidad de acción y de voluntad en la creación común.” Con esas palabras, Alexandra Kollontai cerraba su Carta a la Juventud Obrera de 1921, también publicada como El amor en la sociedad comunista.

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En distintos momentos de la historia se han manifestado grandes movimientos por la liberación. En la década del ’70, en Argentina, el Frente de Liberación Homosexual (FLH) fue parte de la juventud que cuestionaba de raíz la visión de la familia, la sexualidad y los roles de género: llamaban a “organizar el placer”, luchando contra la persecución del Estado y sus fuerzas policiales. Tambien heredamos la lucha de mujeres trabajadoras, socialistas, y revolucionarias como Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin o Aleksandra Kollontai, que cuestionaron a la sociedad capitalista desde sus cimientos en búsqueda por la emancipación de todas las mujeres y la clase trabajadora.

Tras la excusa de crímenes “pasionales” como muestra la prensa burguesa, se sigue legitimando la violencia machista tras la farsa de la pasión, de lo romántico de estos sentimientos, que como hemos visto no tienen nada de naturales. Todo lo contrario, son parte de este sistema que garantiza y legitima estos crímenes machistas, que tienen como último eslabón los femicidios, o los crímenes de homolesbotransfobia. Es por eso que junto con todos los trabajadores y el pueblo oprimido, está nuestra lucha por liberar nuestras sexualidades y nuestros sentimientos del gran capital, en pugna por una sociedad sin clases la cual no se alimente de nuestra opresión y explotación.







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