Política

MEMORIA VERDAD Y JUSTICIA

Dictadura: tras el repudio a sus dichos negacionistas, Fernández dio una (pobre) explicación

El presidente había dicho que el genocidio fue una “inconducta de algunos” y propuso “dar vuelta la página”. Personalidades y organismos de derechos humanos reaccionaron con dureza. Por Twitter, quiso aclarar y oscureció.

Daniel Satur

@saturnetroc

Lunes 24 de febrero | 20:53

Fotos Garelli Analía / Télam

¿Qué tiene más valor? ¿Un discurso institucional, con apoyo escrito, dicho ante cientos de militares o un hilo de Twitter poco después de haber recibido el rechazo mayoritario de sobrevivientes, familiares y organismos de derechos humanos? Probablemente, ambas cosas valgan mucho, pero por razones diferentes. Primero, una serie de definiciones conscientes, dichas en un marco propicio para ser escuchadas con agrado y pensadas en sus puntos y comas. El valor de la sinceridad. Segundo, una búsqueda de explicar que lo que se dijo no era lo que se interpretó y de vestirse de “comprometido” con los derechos humanos cuando en verdad no tiene mucho para mostrar en ese sentido. El valor de la falacia.

Además de alegres referencias a lo bueno que los militares argentinos participen de operaciones comandadas por las potencias que gobiernan la ONU, Alberto Fernández dijo el viernes en un acto en Campo de Mayo que como el genocidio de la última dictadura había sido producto de la “inconducta de algunos”, y teniendo en cuenta que, según su particular visión, las Fuerzas Armadas ya no tienen nada que ver con ese pasado reciente, “hay que dar vuelta la página”.

Reacción masiva

El movimiento de derechos humanos de Argentina viene atravesado por intensos debates y fracturas. Sobre todo desde la experiencia kirchnerista, con políticas de cooptación de organismos y personalidades que partieron aguas. Si bien muchas organizaciones independientes y la izquierda mantuvieron sus principios y firmeza, hubo quienes aceptaron la apropiación de banderas históricas del movimiento por parte del Gobierno, no advirtiendo (quizás) que el objetivo oficial era, vía su “estatalización”, quitarles todo filo y neutralizarlas para los combates presentes contra la represión y la impunidad.

Tal vez creyendo que esas políticas había resultados muy exitosas, esta semana Alberto Fernández intentó meter la idea de la reconciliación con las Fuerzas Armadas. Su sincericidio no tuvo en cuenta que los efectos de la dictadura cívico-militar-eclesiástica siguen actuando sobre la vida de millones de personas, y que sobre miles de ellas lo hace incluso sobre sus cuerpos y sus familias. De allí la reacción de tantas y tantos, incluyendo partidarios del Gobierno.

Entre los primeros en manifestar su rechazo estuvieron Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Norita dijo a La Izquierda Diario que lo de Fernández no fue nada más y nada menos que “un gesto negacionista” y advirtió que “ya sabemos cómo tenemos que seguir, como lo hicimos siempre, en las calles reclamando por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Nosotros no vamos a dar vuelta la página. Los dichos del presidente muestran que será un buen abogado pero nunca estuvo vinculado a la defensa de los derechos humanos”.

Un conjunto de organizaciones que integran el Encuentro Memoria Verdad y Justicia emitieron un comunicado en el que afirman que “Alberto Fernández está abonando el posicionamiento de la obediencia debida cuando manifiesta ‘la inconducta de algunos’, pues niega la participación del conjunto de las Fuerzas Armadas en la represión al pueblo”. Y agregan que “es inaceptable para las Madres, familiares, amigos y compañeros seguir padeciendo la verdad de los hechos, sobre miles de detenidos detenidas desaparecidos y desaparecidas sin que se nos diga dónde se encuentran sus cuerpos, quiénes fueron los autores y su enjuiciamiento”.

La Liga Argentina por los Derechos Humanos (LADH) exigió públicamente este domingo una “urgente rectificación de los dichos presidenciales” y cuestionó la banalización del genocidio en la que, según se lee, incurrió Fernández. “No fueron ‘conductas inapropiadas’ sino graves violaciones a los derechos humanos, actos de terrorismo de Estado que en su conjunto constituyeron un Genocidio, cuya banalización es la ejecución simbólica del mismo”, sentenciaron desde ese organismo.

Desde la LADH agregaron que “así como no pensamos discutir la cifra de los 30.000 compañeros desaparecidos, tampoco pensamos reabrir debates política, jurídica y académicamente saldados: son 30.000, fue genocidio y hay presos políticos”. Reabrir esos debates, estiman, “confronta con las tradiciones de lucha democráticas y de defensa de los derechos humanos que sostenemos desde 1937, y que nos proponemos honrar en estos días”.

La Comisión Memoria, Verdad y Justicia de Zona Norte del Gran Buenos Aires, con miembros muy cercanos al kirchnerismo, le mandó una “carta abierta” al presidente. Allí le dicen que si bien son “parte de este pueblo que ha votado al Frente de Todes, encabezado por ud. y Cristina Fernández de Kirchner”, no pueden callarse ante los dichos vertidos en Campo de Mayo. “Cuando el presidente de la república habla de ‘inconducta de algunos militares’ abre un debate que ya para nosotrxs está saldado: no hubo errores ni excesos, ni guerra ni dos demonios, ni ‘inconductas de algunos’ sino un Estado que se preparó ideológica, militar y políticamente, planificó, accionó y desarrolló el plan de exterminio y dominación más importante que se conociera desde tiempo de la ‘conquista de América’”.

El mismo organismo agrega que lo de “dar vuelta la página” es una idea en la que no pueden verse “reflejadxs, sencillamente porque la lucha por juicio y castigo a todxs los culpables del genocidio producido en nuestro país y la cárcel común y efectiva son parte de una epopeya que seguimos construyendo como sociedad”.

Como ya lo reflejó este medio, entre las primeras personalidades que salieron al cruce de los dichos de Fernández estuvieron referentes de luchas emblemáticas contra los genocidas y a su vez referentes del Frente de Izquierda, como las diputadas Myriam Bregman y Aljandrina Barry. Ambas, miembros fundadoras del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH).

Pobre explicación

Más de tres días después de haber pronunciado las palabras que provocaron la reacción de referentes y organismos de derechos humanos, Alberto Fernández ensayó una explicación por Twitter buscando dar por “cerrado” un tema cuya gravedad está lejos de aplacarse.

Uno de los tuits dice que él ha visto que sus palabras “han herido la sensibilidad de las victimas (sic). Nunca quise causar en ellas el más mínimo dolor. Saben que en mi solo cuentan con alguien que siempre las va a acompañar en la búsqueda de la verdad y en la imposición de justicia sobre los culpables”. Poco creíble.

Culposo, el presidente remató su explicación con una frase que roza el absurdo teniendo en cuenta que está dirigida a sobrevivientes y familiares de desaparecidos: “No quiero pasar por distraído ante la queja justa. Que un error mío no nos divida. Que nadie dude en qué lugar estoy parado. Que nadie crea que niego el horror vivido. Como siempre debemos estar unidos para que el ‘nunca más’ que pregonamos sea ‘nunca más’ en la Argentina”. ¿Qué se hubiera dicho si esa misma explicación salía del Twitter de Mauricio Macri?

Por el lado de organismos y personalidades muy ligadas a la coalición gobernante, por el momento prefieren evitar entrar en la discusión pese a que en algunos casos puntuales hubo expresiones a título personal en las redes sociales.

El debate está abierto, pese a los intentos de Fernández de dar por terminada la discusión. En cercanías de un nuevo aniversario del golpe genocida, distinguir de qué lado está cada quien respecto a las valoraciones y los balances sobre la dictadura, no es algo superficial. El próximo 24 de marzo, en las calles, recobrará importancia marchar de forma independiente del Estado, exigiendo verdad y justicia y denunciando la impunidad de ayer y de hoy.







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