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CORONAVIRUS EN LOS HOSPITALES

Dieciséis días de emergencia sanitaria sin correcto protocolo en el hospital Piñero

Desde la declarada emergencia sanitaria en todo el país, en el hospital del bajo flores no hay triage al ingreso de pacientes para detectar posibles casos. Comenzaría el 1ro de abril, mientras tanto, trabajadores más expuestos al contagio.

Melisa Vittoni

Psicóloga concurrente

Sábado 28 de marzo | 20:15

Van 16 días desde la declarada emergencia sanitaria en el país con la categorización del coronavirus como pandemia a nivel mundial por la OMS y 5 días desde el registro de primer caso de transmisión comunitaria. Sin embargo, en el Hospital Piñero, sus trabajadores relatan una gran desorganización aún al interior del hospital, con falta de protocolos generalizados de actuación, escasos insumos para el aprovisionamiento de los equipos de protección personal (EPP) para prevenir los contagios de los profesionales de la salud, y, sobre todo, la falta de un triage (un primer filtro para detectar posibles portadores del virus) centralizado para los pacientes que llegan al hospital. El mismo comenzaría recién el primer día de abril.

Al ingresar al hospital se observa menor circulación de personas, hay una carpa verde militar a la derecha que se encuentra vacía y sin ser utilizada. “Todos los que trabajamos en el hospital cuando la vimos, creíamos que iba a ser para la realización de los triage, pero ya lleva dos semanas juntando polvo en un costado”, nos cuenta una enfermera del área de clínica médica. La ausencia de este primer gran filtro se vuelve un gran problema para la salud de los trabajadores del hospital.

En el triage se pretende rápidamente Identificar personas con fiebre y uno o más síntomas respiratorios (tos, dificultad respiratoria, odinofagia), a la vez que se pregunta por antecedentes de viaje en los últimos 14 días a los países afectados, y/o contacto estrecho con personas que están sospechadas o confirmadas como portadoras del COVID-19. Al no realizarse el mismo, el contagio podría propagarse rápidamente.

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Veamos un ejemplo, consultorios externos del hospital. Llega una persona adulta cuyo motivo de consulta es dolor corporal. Al realizarse la consulta la persona resulta que presenta además dolor de garganta, tos y refiere tener mucosidad que se percibe al auscultar el pulmón.

Podría ser un resfrío común o quizá coronavirus, y la médica que atendió a la mujer no tenía puesto el equipo de protección necesario (como barbijo quirúrgico o guantes de látex), porque creía que iba a encontrarse a lo sumo con un posible caso de dengue.

¿Cuántas personas podrían haberse contagiado en el trayecto que hizo por el hospital esa persona? ¿Qué pasa si además resulta que esta médica se encuentra más expuesta que otras por ser inmunosuprimida? Ojalá fuera una ficción, pero pasó delante de mis ojos. Al consultarle por insumos a esta doctora, dijo que ellos no tienen camisolines, ni antiparras, y que barbijos le quedaron de otras campañas por TBC (tuberculosis). Ella por su condición, se aprovisionó en forma particular de insumos para su protección, y gastó alrededor de $5000 de su propio bolsillo; ya que a pesar del elevado riesgo al que se ve expuesta, no le otorgan licencia por ser personal esencial.

A esto se suma que las ART no consideran al contagio por COVID-19 como enfermedad laboral.

¿No se supone que los equipos de protección personal debería garantizarlas el Estado a sus trabajadores?

Y en los servicios donde hay insumos, los mismos no están a disposición, como nos cuenta un enfermero del turno tarde del área de guardia. “Las cosas están bajo control de los jefes, todo hay que pedir autorización a ellos, lo que hace que, si a vos te llega alguien sospechoso, si no sabías, te ves expuesto, y si sabés, se demora la atención hasta que lográs que te autoricen para retirar las cosas de farmacia”.

Esto no pasa sólo en el hospital del Bajo Flores, las denuncias por falta de insumos se replican por cientos en distintos hospitales de la capital y el país. Por eso comienzan a surgir tanto en el Piñero, como en el hospital Garrahan y otros lugares de trabajo, como aeronáuticos, comisiones de seguridad e higiene para relevar los recursos con lo que se cuenta en cada lugar y plantear condiciones de trabajo seguras.

No hay forma de enfrentar esta pandemia sin cuidar a los que cuidan. El contagio es un riesgo de la profesión en el área de salud, pero cuando ese riesgo es evitable, se trata de negligencia. En este caso, la de un Estado que a través de los distintos gobiernos de turno se ha dedicado a vaciar el presupuesto de salud por considerarlo un gasto innecesario, a favor de la medicina privada y las grandes farmacéuticas, que han hecho de la salud un negocio y una mercancía.

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El testeo obligatorio, preventivo y periódico a todos los trabajadores de la salud y la población, mediante la centralización de todos los laboratorios privados y universitarios para poder detectar personas portadoras del virus y aislar; así como la unificación del sistema público y privado bajo centralidad estatal para tener a disposición todas las camas, establecimientos y aparotología y recursos disponibles para que el acceso sea verdaderamente universal, son medidas urgentes para hacer frente a la crisis sanitaria.







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