SON 30.000, FUE GENOCIDIO

Dijimos, decimos, diremos

Una reflexión a una semana de haber declarado en la causa Circuito Atlético, Banco y Olimpo, centros clandestinos de detención en donde estuvieron secuestrados mis padres, aún desaparecidos.

Manuela Carricondo

Hija de desaparecidos / integrante del CeProDH

Jueves 23 de febrero de 2017 | Edición del día

El 17 de febrero fue detenido en La Rioja, por delitos de Lesa Humanidad ocurridos en 1976/77, César Milani, quien estuviera al mando del Ejército, a partir del año 2013 y fuera incondicionalmente respaldado por la ex - presidenta Cristina Fernández, y hasta deseado como candidato a diputado por la provincia de Buenos Aires, por su socio y amigo, Guillermo Moreno.

Consideramos un gran paso, otro, contra la impunidad, para quienes denunciamos desde el primer día que Milani era un genocida, exigiendo su destitución y enjuiciamiento, ya que sobraban las pruebas de su participación en la última dictadura cívico-eclesiástica-militar.

Éste, y todos los juicios, llegaron muy tarde y a cuentagotas. Y si llegamos a ellos fue por la lucha incansable durante décadas de los organismos de Derechos Humanos, víctimas, familiares, amplios sectores populares y partidos de izquierda. Es un logro nuestro y de ningún gobierno. Los testimonios de los sobrevivientes fueron la herramienta fundamental en estos juicios para identificar a los genocidas y poder condenarlos.

No alcanzó con juicios a las Juntas si luego hubo una ley de Obediencia Debida y Punto Final. No alcanzó si luego vinieron los indultos. Tampoco alcanzó con el doble discurso de anular dichas leyes y bajar un cuadro, si en paralelo mandaban a Gendarmería a espiar y reprimir dirigentes gremiales y luchadores sociales enmarcados en una lista negra conocida como Proyecto X; y mientras se sostenía en funciones a miles de efectivos de las Fuerzas Armadas y de Seguridad que actuaron durante la última dictadura, designados en puestos claves, como por ejemplo el mismísimo Milani.

No alcanza, nada alcanza si hubo un Mariano Ferreyra, un Luciano Arruga, si sigue habiendo un Jorge Julio López, envuelto entre signos de interrogación y si se siguen otorgando domiciliarias a los genocidas. Y mucho menos alcanza si ningún gobierno oye o atiende el reclamo de apertura de los archivos de la dictadura, que pueda proporcionar la lista de todos los responsables del genocidio, el paradero de nuestros padres y el de cientos de niños apropiados.

Nosotros no olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos por más que hoy intenten “mediar para construir una sociedad pacífica”, “sin venganza” como decía la repudiable editorial de La Nación; por más que nos quieran hacer creer que la “violencia de los ‘70” es la que trae más violencia en la actualidad. Violencia es confundir el término derechos humanos con “recursos humanos”, en un claro ninguneo; es decir que no se sabe si fueron 8.000, 9.000 o si fueron 30.000 los desaparecidos; que fueron 8.000 verdades y 22.000 mentiras –cuando en realidad sabemos que no todos los casos fueron denunciados-; que la cifra de los 30.000 fue inventada en una mesa chica para organizar negociados –mientras los únicos negociados con el genocidio los hicieron ellos-; es querer darle voz autorizada nuevamente a los militares; es aplaudirlos fervientemente en el desfile del 9 de julio; es recibir cálidamente en su despacho a quienes hacen apología del genocidio y lo justifican; es mandar a un abogado de un represor como comisionado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; violencia es que se sigan otorgando domiciliarias a genocidas, se hagan fiestitas de fin de año en la ESMA y se pretenda hacer movible el 24 de marzo.

Violencia es mentir, negar, ocultar y continuar tejiendo con el mismo hilo de impunidad de ayer.

Violencia es querer imponer la versión de la guerra sucia y la teoría de los dos demonios como relato oficial, y poner en duda el concepto de genocidio. La dictadura no fue un bando u otro, no fueron dos demonios, fue uno solo: el Estado. El que atacó a toda la sociedad abusando de la suma de sus poderes para imponer, mediante una cacería brutal, su modelo económico y cultural, apuntando como blanco a quienes se oponían, exterminando a toda una generación de luchadores, trabajadores, estudiantes y obreros. ¿De qué guerra me hablan si a mis viejos se los llevaron desde su domicilio en pijama y camisón?

Mientras sigan ejerciendo este tipo de violencia, nosotros seguiremos luchando por Memoria, Verdad y Justicia, por Juicio y Castigo a Milani y a todos los genocidas, por la apertura de los archivos de la dictadura y la recuperación de la identidad de los más de cuatrocientos niños apropiados. Por eso, este 24 de marzo, demostremos que no han sido derrotados quienes lucharon por un mundo mejor sin oprimidos ni explotados, en donde seamos “socialmente iguales, humanamente diferentes, y totalmente libres”. Levantemos las banderas del repudio al encubrimiento y la libertad a los genocidas, y contra la política de reconciliación de ayer y de hoy.

Dijimos, decimos, diremos:

30.000 compañeros detenidos desaparecidos, ¡¡¡PRESENTES AHORA Y SIEMPRE!!!







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