Economía

NOTA DE TAPA

Disputas que no afectan los negocios

Después de las críticas que la Presidenta Cristina Fernández dedicó a la administración norteamericana en sus dos intervenciones en la ONU, la semana concluyó ayer con fuertes versiones que informaban de las advertencias de Washington a las empresas norteamericanas en el país, respecto de que el gobierno de Cristina Kirchner profundizará el hostigamiento y las amenazas contra ellas. Sería una represalia como respuesta al fallo de Thomas Griesa en favor de los fondos buitre. Pero esta aducida preocupación no se condice con lo que está ocurriendo. Los negocios yanquis florecen en el país, a pesar de las restricciones para la movilidad de dólares y mercancías.

Esteban Mercatante

@EMercatante

Sábado 27 de septiembre de 2014 | Edición del día

Compre (multi)nacional

Durante la última década, a pesar de los discursos de soberanía y los gestos de distancia del imperialismo, no se produjo ninguna reversión en el peso preponderante que tiene el gran capital de las multinacionales en los principales sectores de la economía nacional. Resulta muy revelador a este respecto el ranking de las 1.000 empresas líderes que elabora anualmente la revista Prensa Económica. Miremos algunos de los datos que nos muestra la última edición del mismo.

En la rama aceitera y cerealera, la norteamericana Cargill y la francesa LDC se encuentran a la cabeza del ranking sectorial (y ocupan respectivamente los lugares 3 y 4 entre las 1.000 más grandes). En el sector alimenticio, a la nacional Arcor (puesto 16 en el ranking general) la siguen inmediatamente la francesa Danone (puesto 62), Bagley (71) que asocia a Danone con Arcor, la suiza Nestlé (85) y las norteamericanas Kraft Foods (92) y Pepsico (139). En las automotrices, sector mimado en los acuerdos comerciales regionales, no existe ni una empresa que no sea de capital extranjero. En supermercados, la francesa Carrefour (7) ocupa nada menos que el segundo puesto. La rama química y petroquímica la dominan lejos la yanqui Dow (30) y la belga Solvay Indupa (78). En el sector bancario, al Banco Nación (25) lo secunda el anglo-hongkonés HSBC (49), y lo sigue el español Santander Río (53). En la muy nacional producción de granos los insumos básicos provienen abrumadoramente de la norteamericana Monsanto (64), la suiza Syngenta (115) y la japonesa Pioneer (525), entre los que logra colarse la nacional Don Mario (301) en el tercer lugar. En petróleo, a la hoy recomprada YPF (1) y a la “multilatina” Petrobras (8), les siguen la anglo-neerlandesa Shell (10), la empresa de capitales chinos y argentinos Pan American Energy (14) y las norteamericanas Esso (20) y Chevron (88), el flamante socio de YPF. La británico-neerlandesa Unilever (33) ocupa el primer puesto en limpieza y cosmética, seguida por las yanquis Procter y Gamble (81), Avon (151) y Kimberly Clark Argentina (159). En neumáticos, los primeros puestos corresponden a la italiana Pirelli (126) y la japonesa Bridgestone (152). En Bebidas, la hoy belga-brasileña Quilmes (42) está primera, y la sigue Sistema Coca-Cola (55), representación oficial de la marca yanqui en el país. Poco más atrás (cuarto puesto) está Danone rama bebidas (146), seguida por Coca Cola Femsa (157), con capitales de origen mexicano y norteamericano. En calzados dominan la estadounidense Nike (196) y la alemana Adidas (240). En maquinaria agrícola la norteamericana Ind. John Deere (113) ocupa lejos el primer lugar, y la sigue la también yanqui AGCO (316). Podríamos continuar esta lista largamente. Incluso en las ramas donde no ocupan los primeros lugares y hay jugadores locales con posiciones dominantes, es notoria la presencia extranjera en los segundos puestos.

¿Cómo fue la evolución en la presencia del capital extranjero durante la última década? Veamos lo que nos dice la Encuesta de Grandes Empresas en la Argentina (ENGE), que elabora el INDEC y trabaja con las 500 empresas no financieras de mayor tamaño en el país. Esta nos muestra que las empresas con participación extranjera pasaron de ser 219 en 1993, a 322 en 2011. De punta a punta, tenemos un crecimiento del 47% en 18 años. La última década, presentada como una de recuperación de soberanía y “renacionalización”, resalta por una marcada estabilidad en el panel: de un pico de 340 empresas con participación extranjera en el panel en el año 2003, éstas se redujeron en apenas 18 empresas durante estos años. Esto no es tanto consecuencia de una política específica (que no hubo), como el producto de una modesta repatriación de algunos de los dólares fugados por los grandes empresarios durante los años de agonía de la convertibilidad, que luego de la brutal devaluación permitieron a varios empresarios volver a comprar empresas locales a precios de bicoca, usando sólo una proporción menor del capital fugado.

El 65% de las grandes empresas tienen participación de capital extranjero, es decir, que poco más de un tercio son de capital enteramente nacional. Además, alrededor del 55% de las grandes empresas tienen una participación de capital extranjero que supera el 50%, es decir que su presencia no se reduce a meras participaciones minoritarias. Otros datos le agregan al cuadro más elocuencia: aunque las empresas de capital nacional corresponden al 35% del total, apenas representan el 20,2% del valor bruto de producción del total del panel y 19,6% del valor agregado. En lo que hace a las utilidades, explican el 13,1% de la utilidad de las 500 grandes empresas. Las empresas extranjeras ganan más que las nacionales. En todas las escalas y en todas las áreas de la economía nacional puede registrarse la misma tendencia.

¿Hostigamiento?

El día de jueves la firma norteamericana General Motors, pudo definir sin mayores problemas que no formaría parte del relanzamiento de Pro.Cre.Auto. El gobierno había amenazado con cortar cualquier disponibilidad de divisas a las terminales que no participaran de la continuidad del plan. Pero la firma norteamericana puede estar tranquila. No va a tener represalias, por un motivo de peso: tiene en marcha una fuerte inversión por 740 millones de dólares destinada a la fabricación de un vehículo de plataforma exclusiva para la Latinoamérica en su planta de Santa Fe. Fiat y Honda, las otras firmas que salieron del plan, no la tendrán tan fácil. “Solo habrá dólares para los que hagan bien las cosas”, había anticipado Giorgi esta semana en las audiencias con las automotrices. Pero con GM se hace una excepción. La también norteamericana autopartista Lear, proveedora clave de Ford, tampoco padeció ningún “hostigamiento” por parte del gobierno. Todo lo contrario. La “santa alianza” de empresarios, burocracia sindical y estado funcionó como un relojito contra los delegados y el activismo de la fábrica, que desde finales del año pasado la empresa y la conducción del SMATA vienen intentando barrer de la fábrica. En un país donde faltan dólares y se “pisa” toda importación de insumos, a Ford se le permitió importar desde las fábricas de Lear en Centroamérica y Europa los mismos cables de los que suele abastecerla Lear Argentina. El objetivo: que la patronal tuviera la vía libre para frenar la fábrica sin preocupaciones y afirmar, insólitamente, que son los “revoltosos” activistas los que impedían trabajar. Ni que hablar de la gendarmería y la policía bonaerense, dedicadas durante el conflicto a “hostigar”, no a las empresas “buitre”, sino a los despedidos en su acampe frente a la planta.

En el caso de Donnelley, la Presidenta amenazó con aplicarle a sus directivos la ley antiterrorista, por haber intentado a comienzos a agosto una quiebra fraudulenta, dejando 400 familias en la calle. El gobierno vinculó el accionar “desestabilizador” de la multinacional yanqui con oscuros fondos buitre que son accionistas de la misma. Esto lo hizo recién luego de que los trabajadores ingresaron a la planta y la pusieron a funcionar. Y en menos de una semana se retractaron de la amenaza. Mientras tanto sí son hostigados los trabajadores. Hoy, a pesar de las declaraciones de Cristina Kirchner y otros funcionarios oficiales, los obreros siguen produciendo pero sin poder cobrar los trabajos. Ante la actitud del juez, el síndico y la compleja situación de más de 300 familias, no hay respuestas concretas. El jueves 25/9 los trabajadores de Donnelley realizaron una movilización al juzgado y al Ministerio de Trabajo y plantearon que si bien en las declaraciones el gobierno denunciaba la quiebra fraudulenta y aseguraba iba a garantizar los puestos de trabajo, nada estaba haciendo al respecto. Finalmente los funcionarios debieron firmar un acta que reconoce la aprobación de la RePro y otorga fecha de pago para el 14 de octubre.

Y ni hablar del sector petrolero. El proyecto de ley que va a tratarse en el congreso las próximas semanas debería llamarse la Ley Chevron. Esta empresa recibió con el convenio firmado en julio pasado concesiones extraordinarias de YPF S.A. y de la Provincia de Neuquén. La nueva reglamentación petrolera se propone darles rangos de ley, y facilitar el trámite para extenderlas a nuevos convenios. Durante la última búsqueda del gobierno argentino de atraer capitales a Vaca Muerta siguió a toda máquina, mientras el Ministro de Planificación Julio de Vido intentaba convencer al Secretario de Energía norteamericano de todos los negocios que podrían hacer las petroleras yanquis con los hidrocarburos no convencionales de Argentina si se destraba la cuestión de los buitres en el juzgado de Griesa.

Los discurso van por un lado, los negocios discurren por otro. El mismo gobierno que apunta hacia todos lados para encontrar culpables de la falta de dólares, permite que se mantenga sin cambios la gangrena que representa la expoliación imperialista. La única respuesta verdaderamente nacional pasa no por “hostigar” y amenazar, sino por expropiar a todas las grandes empresas de capital imperialista que concentran recursos estratégicos, y que funcionen controladas por sus trabajadores.

Con el “hostigamiento” kirchnerista, las multinacionales yanquis pueden dormir tranquilas.







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