Mundo Obrero

Donnelley: “Nosotros podríamos garantizar que a ningún chico le falte un libro”

Desde hace más de un mes, los obreros de la gráfica Donnelley se encuentran gestionando la fábrica, tras el intento de quiebra empresario. Entrevistamos a Jorge Medina, uno de los trabajadores que forma parte de esta nueva experiencia de gestión obrera.

Lucho Aguilar

@lukoaguilar

Miércoles 17 de septiembre de 2014 | Edición del día

Fotografía: Romina Alemis / Enfoque Rojo Zona Norte

Hace más de un mes, los gerentes de la multinacional gráfica habían recibido la orden desde EEUU de quebrar la empresa y dejar 400 familias en la calle. Les dejaron una carta con un número de teléfono. Allí les explicarían los motivos del cierre, o donde debían retirar sus indemnizaciones. Los trabajadores prefirieron otro camino. Como si lo hubieran estando aprendiendo en todos estos años, cruzaron los portones otra vez, encendieron las máquinas y se prometieron defender la gestión obrera.

Saben que están en punto neurálgico del capitalismo argentino: la Zona Norte del Gran Buenos Aires. Hasta allí se acercó La Izquierda Diario para hablar con Jorge Medina, uno de los delegados de la Comisión Interna e integrante de la Agrupación Gráfica Clasista. Queremos ir reflejando en nuestras páginas, esta nueva experiencia de “obreros sin patrón”.

La Izquierda Diario: Contanos cómo fue ese lunes que llegaron y encontraron los portones cerrados, con una carta de la empresa.

Jorge Medina: el lunes 11 de agosto nos encontramos con la planta cerrada y un papel en la puerta, que trababa de explicar las razones de la empresa. Donnelley había pedido su propia quiebra. Nos dejaba un 0800 para que llamemos y nos enteremos sobre nuestro futuro. Entonces inmediatamente los trabajadores nos reunimos, en asamblea de los 3 turnos. Allí se decidió hacer la denuncia, inmediatamente en el Ministerio. Y el martes 12 de agosto decidimos entrar a la planta, en defensa de nuestros puestos de trabajo. La pusimos en funcionamiento inmediatamente, habían quedado trabajos a medio hacer. Eso quizás habla del grado de organización que teníamos: ni bien ingresamos pudimos poner en funcionamiento la planta.

Hemos estado trabajando ininterrumpidamente. Pero sabemos que muchos no quieren que sigamos haciéndolo, más allá de que se llenen la boca hablando de la continuidad de los puestos de trabajo. Tanto el Estado como la empresa incluso el juez y el síndico nos ponen palos en la rueda para que no podamos continuar. Pero lo estamos llevando adelante.

LID: ¿qué están planteando en este momento?

JM: Ahora estamos pidiendo el reconocimiento de la cooperativa, para poder cobrar los trabajos. Hace más de un mes venimos trabajando, pero hasta el momento no cobramos nada. El mismo juez Santicchia, y los síndicos Risso y Plastina no nos permiten cobrar nuestros salarios, a pesar de que la empresa dejó en una cuenta varios millones. Están reteniendo los pagos de los productos que venimos realizando. Sólo pudimos garantizar una primera suma para cada compañero, producto del fondo de lucha, y del aporte de los diputados del PTS-FIT. Hubo un aporte del sindicato (Federación Gráfica Bonaerense, NdR), pero a la vez nos suspendió la obra social, no lo contaría como un aporte real.

Estamos buscando que se apruebe la cooperativa, pero sin descuidar uno de nuestros principales objetivos, que se votó en asamblea. Me refiero al proyecto de expropiación sin pago de la empresa, para luego seguir reclamando la estatización y que sea gestionada por los trabajadores. Creemos que la cooperativa nos llevaría a competir en forma desigual contra grandes multinacionales, que están interesados en que nosotros no continuemos trabajando. Quieren quedarse con la cartera de clientes, e incluso comprar las máquinas que emplea Donnelley a bajo costo. Sabemos cómo se manejan los remates en las fábricas en quiebra. El interés del juez y los síndicos es la quiebra y posterior remate. Ellos, por la Ley de Quiebras, se llevan un 12% de todo, son millones. Carlos Tomada nos dijo que este gobierno sólo estatiza servicios públicos, lo cual no es real porque este gobierno estatizó la imprenta Ciccone, que no brinda un servicio público. A diferencia de eso, nosotros podemos hacer materiales de estudio para el Ministerio de Educación o Salud, que ya hemos hecho. Nosotros podemos garantizar por ejemplo que a ningún chico le falte un libro. Sería una forma de devolverle a la comunidad un poco de la solidaridad que estamos recibiendo desde que nos encontramos con la fábrica cerrada. Para eso queremos la estatización bajo gestión de los trabajadores.

LID: Ahora, ¿cómo fue el proceso de los trabajadores de Donnelley, antes de llegar a este punto?

JM: Nosotros desde hace varios años nos venimos organizando. Hemos formado una agrupación muy amplia y muy activa que se viene preparando, tiene experiencia enfrentándose a los avances de la patronal. Nuestra organización siempre se basó en asambleas. Así pudimos enfrentar los despidos, o pusimos en pie una comisión de riesgos de trabajo. La asamblea es el método que nos permite estar más fuertes y más organizados. En asamblea fue donde se votaron los responsables para las distintas áreas, ya sea de mantenimiento, coordinadores de sector. Acá no hay supervisores ni jefes, son todos compañeros, pero se votaron responsables de distintas áreas, según las capacidades y roles de cada compañero. Esto muestra un poco cómo nos veníamos preparando. Sabíamos que en algún momento nos podía venir un ataque muy fuerte. Teníamos la amenaza de 123 despidos, no esperábamos un cierre. Pero lo estamos haciendo de la mejor manera posible.

LID: Algunos de ustedes ya conocían la experiencia de Zanon en Neuquén…

Muchos compañeros de Donnelley estuvieron, otros conocimos a los ceramistas en movilizaciones o reuniones. Es indudable que es un ejemplo para todos nosotros. Hace más de 13 años los trabajadores vienen gestionando la fábrica, y la forma de organización que tienen ellos también nos ha inspirado, como a tantos otros obreros y obreras combativos. O el ejemplo de Raúl Godoy, que luego de cumplir su mandato en el Sindicato Ceramista o como diputado en Neuquén volvió a su puesto de máquina. Es cierto que hay diferencias, lo de Zanon ocurrió en el marco de una crisis nacional, hoy no estamos en la misma situación, aunque ante el inicio de la recesión nosotros tuvimos que enfrentar una situación similar. Y también es cierto que estamos en un punto neurálgico del país, acá en la Panamericana, frente a la Ford y tantas grandes empresas. Estamos en contacto con los obreros de Zanon, sin dudas, y nos están dando una ayuda importante para poder organizarnos de la mejor forma y lo más rápido posible.

LID: Como decías, la situación es distinta, pero ante los primeros atisbos de recesión, ustedes y los obreros de Lear se convirtieron en emblema de cómo defender los puestos de trabajo

Es cierto. Nosotros venimos con los compañeros de Lear estando primero contra las suspensiones y luego los despidos en Lear. Nos movilizamos desde el comienzo. Luego vino el ataque en Donnelley. A veces intentan separarnos, como hizo la Presidenta cuando intentó diferenciar a los trabajadores de Lear y Donnelley. Pero nosotros venimos discutiendo en las asambleas, en el comedor y los puestos de máquina, sabemos que tenemos que tener claro dónde estamos parados, quienes son nuestros hermanos de lucha. Igual que los compañeros y compañeras de Kraft, Pepsico, Stani o Gestamp. Sabemos quiénes son los que van a estar siempre con nosotros.

Por eso queremos seguir fomentando esa unidad. Porque la gestión obrera o el control obrero no son un objetivo en sí mismo. No van a ser la solución definitiva, porque igual quedaríamos aislados enfrentando a todas las patronales o el gobierno. Por eso tenemos que seguir fomentando la solidaridad no solo con los trabajadores sino también con los estudiantes. Porque queremos recuperar los sindicatos para ponerlos al servicio de los trabajadores, para lograr que no haya más explotados ni explotadores. Dejarle en claro a cada compañero que el control obrero no es el objetivo en sí mismo, sino un paso más hacia un objetivo superior para todo el pueblo trabajador.

LID: ¿Querés agregar algo?

JM: Sí. Es fundamental para todos nosotros el apoyo de nuestras familias. Esto se ve claramente en el rol que está cumpliendo la Comisión de Mujeres de Donnelley desde hace varios años. Surgió en medio de un conflicto por los despidos, en 2011. Hoy no sólo son un apoyo, sino que toman tareas fundamentales, como salir a recorrer las fábricas y universidades, militando el fondo de lucha con otros compañeros, para que nuestra lucha no la quiebre el hambre. Estas cosas nos muestran la importancia de que el trabajador no pelee sólo, sino que esté con sus compañeros y su familia al lado.

Estos últimos días han estado encabezando las últimas marchas. Porque la frase de que detrás de cada trabajador hay una familia no es un slogan marketinero, es una realidad. Y es por lo que estamos peleando, por nosotros y por todos: “familias en la calle nunca más”.







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