Política

OPINIÓN

Dos postales de una misma Argentina

Las movilizaciones en el aniversario del golpe patearon el tablero del relato del 'consenso'. El espectáculo de la política ficción en los palacios y la realidad en la calle.

Fernando Rosso

@RossoFer

Viernes 25 de marzo de 2016 | Edición del día

El día anterior al 40° aniversario del Golpe Militar parecía que todo el país formaba parte de un nuevo consenso obamista con la rimbombante visita del presidente de los Estados Unidos.

La promesa reafirmada por Barack Obama sobre la desclasificación de los archivos referentes al rol de Estados Unidos en la dictadura argentina, el ensayo fallido de una dudosa ’autocrítica’ y una nueva narrativa vacía sobre los ’derechos humanos’; parecían cerrar las fracturas y heridas del pasado y las disputas del presente, para apostar a un ’nuevo despertar’.

El respaldo político incondicional del líder del imperio norteamericano a la nueva administración de Mauricio Macri, la empalagosa cobertura en cadena realizada por los refortalecidos monopolios mediáticos de las actividades importantes y hasta los pormenores de la visita de Obama y su familia; parecían alumbrar el sendero de una nueva Argentina que estaba naciendo con fe y con esperanza.

La rendición incondicional ante los fondos buitre, el crudo ajuste en curso, la inflación que no cede, los miles de despidos en el Estado y en empresas privadas y el horizonte oscuro del porvenir, parecían quedar escondidos detrás de una escena donde todo el país había decidido incorporarse aunque sea por 24 horas a su propio The Truman show. Un universo de esforzados emprendedores de la Argentina blanca, de industriosas vidas que a fuerza de una combinación de ’sacrificio’ individual y actividades filántropas, tenían el paraíso al alcance de su mano. Obama y su ’brillante’ esposa dieron cátedra de la nueva ética protestante que debía hacerse carne en las nuevas generaciones.

Pero el 24 de Marzo terminó con tanta dulzura. Las 100 mil personas que se movilizaron en la Ciudad de Buenos Aires, las 50 mil de Córdoba, 30 mil de Rosario y otras decenas de miles de todo el país, mostraron el malestar del país contencioso dispuesto a dar pelea. Más allá de sus adhesiones políticas, con una importante franja encolumnada con los organismos de derechos humanos que fueron críticos del kirchnerismo y con la izquierda, las impactantes concentraciones mostraron la bronca contra el ajuste y el rechazo a la provocadora presencia en el territorio nacional del representante del país que jugó un rol esencial en la organización del genocidio.

La dimensión de las movilizaciones de este 24 de Marzo es un punto de apoyo sólido para las grandes peleas en curso y para las que vendrán contra el ajuste, contra el pacto buitre y la nueva entrega nacional.

No sólo dejaron en evidencia el rechazo a la cínica reconciliación que ofrece el nuevo relato macrista con el sello de las ’nuevas relaciones carnales’, sino también la bronca por una orientación político-económica que pretende descargar la crisis nuevamente sobre las espaldas del pueblo trabajador, con blindaje del protocolo represivo incluido.

El peronismo, con figuras impresentables como Aníbal Fernández o el mismo Daniel Scioli, bajó demagógicamente al llano, mientras se prepara para aprobar el acuerdo con los buitres en el Senado, capitulación que igualmente los mantiene unidos en el PJ, y pensando más en las elecciones del 2017 que en la apuesta al desarrollo de la movilización que enfrente verdaderamente al gobierno de Macri.

La dimensión de las movilizaciones de este 24 de Marzo es un punto de apoyo sólido para las grandes peleas en curso y para las que vendrán contra el ajuste, contra el pacto buitre y la nueva entrega nacional. Un combate que sólo se propone llevar hasta el final la izquierda y los sectores clasistas y combativos del movimiento obrero y la juventud que mostraron en la calle un salto en su desarrollo militante, influencia política y capacidad de movilización.

Una postal de la otra Argentina que la nueva ’batalla cultural’ del macrismo quiso ocultar con el show de sumisión a los pies del representante ’progre’ del imperialismo, pero que encontró en la calle una respuesta más que contundente.







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