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El Dakar, el Rastrojero y el cipayismo de la burguesía argentina

Terminó otro Dakar, con aludes e inundaciones de por medio. Un Rastrojero llegó a la meta. El negocio de las empresas más contaminantes del planeta en una travesía por una naturaleza que no termina de morir.

Domingo 15 de enero de 2017 | 13:33

Foto: sitio especialmotordiario.com

Finalizó el Dakar 2017. El eterno Peterhansel se impuso sobre Loeb que tuvo sus chances de ganarle, porque en el Dakar “nunca digas nunca”. En camiones Villagra es el mejor argentino de todas las categorías, conquistando un cuarto puesto. La francesa Peugeot, una vez más, se muestra imbatible. A quienes les interese ver los resultados finales y el balance deportivo de lo que dejó esta tradicional carrera, pueden ingresar al sitio oficial de la competencia. Acá hablaremos de lo que nos interesa: que el Rastrojero llegó a Buenos Aires...

El Rastrojero terminó 47mo en la primera etapa. Al término de la misma, y con el sol a todo lo que da entre Asunción de Paraguay y Resistencia, declaraba “¡qué voy a tener aire acondicionado!”. La simpatía del público por este auto creció en cada etapa. No le dará para estar disputando contra los Peugeot, Toyota y MINI de equipos oficiales, pero donde pudo dio la pelea, y pese a varias penalizaciones que lo retrasaron, clasificó en el 36vo puesto, firme y noble...como todo Rastrojero.

Claro que este Rastrojero es un invento casero de un empresario “busca aventuras” como Blangino, con un motor V8 de un Camaro, diferenciales de Toyota y las suspensiones de competición propias del Dakar, con una carrocería de fibra de vidrio de un Rastrojero del ´66. Es decir, una bestia rodante de 300 caballos de fuerza. Andá a dejarla encendida en la calle, como nuestro viejo gasolero Indenor...

El Rastrojero nacional fue creada en 1952 por IAME y se discontinuó en 1979, con Martínez de Hoz. Miles de obreros convergían en una naciente industria automotriz que tuvo en IAME (Rastrojero, motos Puma, entre otros) e IKA (Estanciera, Jeep, Torino, entre otros) a los primeros inversionistas. El Rastrojero se creó por obra del Ingeniero Raúl Gómez, y si bien fue construido “para andar sobre el rastrojo del campo”, rápidamente comenzó a ser usada como un utilitario del campo y la ciudad. Tuvo 3 motorizaciones distintas, la primera de ellas por parte de la propia Willys-Overland (los creadores del Jeep norteamericano de la Segunda Guerra), luego por Borgward, que tenía su industria en Isidoro Casanova y finalmente por Indenor de Peugeot.

Si hubo un mito en la industria automotriz argentina, es el que aseguraba que Torino-IKA fue “el auto argentino”. ¿Cómo un auto copiado del Rambler norteamericano, estilizado por un diseñador italiano como Pininfarina y con un nombre y logo que eran un guiñete de ojo a Ferrari y Lamborghini, podía ser considerado “el auto argentino”? Eso se explica por el “merchandising” que generó la epopeya argentina del Torino en Nurburgring y por esa relación tan propia del peronismo entre “justicia social y soberanía económica” cuando pactaba la inserción en suelo argentino de capitalistas norteamericanos que se dedicaron al negocio de la Segunda Guerra Mundial, como lo fue Henry Kaiser. El Rastrojero de Blangino en el Dakar 2017 podría llegar a generar simpatías populares, pero lejos está la industria automotriz nacional de poder utilizar hoy esto para subir sus ventas. Como está la cosa en tiempos macristas para el paisano de pueblo o el changarín de ciudad, ni para una Rastrojero de los 60´s estamos...

Se cerró un año más del Dakar en Argentina, esa tradicional carrera que se largaba desde París para terminar en Dakar (Senegal), pero por la política imperialista de Francia en gran parte de África (incluyendo Libia), por prudencias publicísticas y posibles “ataques terroristas”, decidieron desde 2009 trasladar el circo a Sudamérica. Los Kirchner aceptaron el convite, haciendo cuentas del negocio redondo. Hoy Macri lo sigue usufructuando. Claro que en este continente los grandes monopolios del mundo interesados en los recursos petrolíferos de África no necesitan guerras para masacrar poblaciones y hacer sus negocios. Acá lo tienen todo servido, por parte de un gobierno nacional que a pesar de su signo político, sigue interesado en que esos capitales “vengan a invertir”.

El Dakar sudamericano es distinto al africano. Acá se trata del paradigma Barrick Gold o Chevron llevado al deporte automotor. Un despilfarro de dinerales en caravanas enteras de autos de competición por entre medio de patrimonios naturales y culturales ancestrales; con interrupciones del “raid” por catástrofes naturales y sociales debido a inundaciones provocadas por el inmenso desmonte capitalista. Y todo con un discurso gubernamental que es igual con el macrismo que con el kirchnerismo, de “aprovechar y conocer nuestra Argentina profunda del interior y nuestras maravillas de la naturaleza”, queriendo enaltecer el consumo turístico, bajo la égida de TOTAL, Petronas, Peugeot, Toyota y un largo etcétera. Mientras, por el otro lado, los gobiernos nacional y provinciales desatan represiones y persecuciones al pueblo Mapuche por sus tierras, como antes se hacía con los Qom.

Sin dudas, que el Rastrojero haya llegado a la meta fue una de las noticias del Dakar. Una postal de cipayismo de los patrones nacionales.







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