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PRIMARIAS ESTADOS UNIDOS

El ascenso de Trump y el obstáculo Bernie Sanders

Donald Trump es el virtual nominado, ante la mirada impotente de un partido republicano en crisis. La victoria de Bernie Sanders confirma que sigue siendo el principal obstáculo para Hillary Clinton.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Miércoles 11 de mayo de 2016 | Edición del día

Las primarias del martes 10 en West Virginia y Nebraska (el último solo para los republicanos) no modificaron el recuento de delegados. Siguen vigentes los problemas que atravesaron todas las primarias: los outsiders son protagonistas, la crisis republicana se profundiza, y el establishment Demócrata, aunque fue más hábil para encauzar el descontento, no logra imponer a su favorita.

Ninguna de las estrategias del establishment republicano dio resultado: ignorar Trump, hacer campaña contra Trump, hacer campaña “cualquiera menos Trump”. Al margen de la nominación, que ya está casi en sus manos, el partido no logró ver la profundidad de la crisis que significó el hecho de que haya sido un outsider el canal de la bronca de la base conservadora y de derecha.

La campaña de Trump se basó esencialmente en el descontento de sectores de la base republicana (que combina millonarios, pequeños propietarios y clase media baja) harta de la dinastías como los Bush y los niños mimados del establishment. La primera “víctima” de este hartazgo fue Jeb (alguna vez soñado heredero del clan Bush en la Casa Blanca), la segunda, la joven promesa del partido, el senador de Florida Marco Rubio.

Trump candidato, partido dividido

En Indiana, Donald Trump se transformó en el único competidor de la carrera republicana. Esa misma noche se bajaba el senador tejano Ted Cruz y, al día siguiente, el gobernador de Ohio John Kasich. Pero esta carrera en solitario no ha resuelto las divisiones. No son pocos los funcionarios que han anticipado que no participarán de la campaña para apoyar la candidatura de Trump. Algunos se han mantenido en decoroso silencio. Y otros han adelantado su apoyo en nombre de la “unidad del partido” (y la renovación de sus cargos).

Entre los detractores de Trump hay varios funcionarios de política exterior, que ven ese terreno como uno de los más peligrosos. Daniel Runde, exasesor de Mitt Romney, lo dejó claro: “He sido republicano toda mi vida. Nunca voté a un demócrata a presidente y no tengo intención de hacerlo (...) Pero al mismo tiempo, nunca vi un candidato antiacuerdos comerciales, que menosprecia a nuestros socios y aliados, insulta a nuestros amigos y vecinos [y] tiene una política exterior irresponsable”.

Pero existe otro sector del partido que, aunque está muy lejos política de Trump, no ve otra opción que apoyarlo en las generales para evitar que la crisis y las divisiones partidarias atenten contra la renovación de sus cargos. Después de todo, los diputados y senadores antes de ser republicanos son partidarios de sus propias bancas.

El fantasma del tercer partido

La “unidad” del partido podrá apreciarse en su máxima expresión en la convención republicana. Pero el camino a la ciudad anfitriona de Cleveland ya envía algunas señales. Por usos y costumbres (y las reglas de un oscuro Comité de Organización Permanente), la convención es dirigida por el presidente del bloque republicano del Congreso. El problema es que el presidente del bloque, Paul Ryan, es una de las figuras que puso en duda su apoyo a la candidatura de Trump. Al contrario, el jefe republicano del Senado Mitch McConnell y Reince Priebus de la dirección del partido apoyaron al millonario.

Ryan es expresión del ala centro del partido (la más golpeada en las primarias) y dijo la semana pasada que no estaba listo para apoyar a Trump: “Creo que los conservadores quieren saber: ¿Comparte nuestros valores y nuestros principios sobre un gobierno limitado, un rol adecuado del Poder Ejecutivo, su adhesión a la Constitución?”.

El millonario respondió diciendo que no estaba listo para “apoyar la agenda [parlamentaria] de Ryan”, y agregó, “Quizás en el futuro podamos llegar a un acuerdo sobre qué es lo mejor para el pueblo de Estados Unidos. Lo han tratado tan mal durante tanto tiempo que va siendo tiempo de que los políticos piensen primero en ellos”.

Cuando crecía la tensión, Ryan dijo que no quería menospreciar el logro de Trump, que en las primarias había “heredado” algo muy especial. Trump salió al cruce y le respondió vía Twitter, “Paul Ryan dijo que heredé algo muy especial, el partido Republicano. Error, no lo heredé, lo gané con millones de votantes”. Y así volvió a restregarle en la cara al establishment su victoria indiscutida en las primarias.

Luego de estos cruces, y otra vez en nombre de la unidad, se planificó una reunión para el próximo jueves 12 en Washington. Mientras se gestaba esta reunión, sobrevolaba el fantasma del tercer partido. Se conoció que William Kristol, editor de la tradicional revista Weekly Standard y una importante figura conservadora, impulsa la iniciativa de un candidato que encarne la política y los valores conservadores por fuera del partido Republicano. Kristol intentó convencer a Romney de la idea, si no para candidatearse al menos para apoyar un candidato independiente. La sola idea de un tercer partido hizo que corriera un escalofrío por la espalda de todos los republicanos. El propio Ryan tuvo que aclarar que para él un tercer partido “sería un desastre [para los republicanos]”.

La carrera está virtualmente definida, y ya empiezan los planes para conquistar en noviembre los 270 votos del colegio electoral y quedarse con la Casa Blanca. Esto representa múltiples desafíos, empezando por el nada despreciable peso de las mujeres, las comunidades negra y latina, donde los republicanos son más débiles en general y Trump en particular.

¿Difícil para Trump es fácil para Clinton?

La respuesta fácil es no. La complicada, también. El partido Demócrata tiene muchos motivos para festejar un contendiente como Trump, que puede movilizar a la base demócrata a las urnas. De hecho según algunas encuestas, estados que suelen votar republicanos como Utah, Georgia, Mississippi y Arizona podrían votar por un demócrata en esta ocasión.

Pero estas primarias no estuvieron exentas de problemas y contradicciones para el partido de Barack Obama. Hillary Clinton enfrenta todavía dos grandes obstáculos: el primero es Bernie Sanders y el segundo es Hillary Clinton. El senador por Vermont, que viene de ganar en Indiana (a pesar de que es casi imposible alcanzar a Clinton en la cuenta de delegados), es el vocero en el partido Demócrata del descontento de su base progresista, la bronca con las elites políticas y la juventud que todavía no está dispuesta a renunciar a su candidato. Y aunque todavía no se sabe qué impacto tendrá una eventual derrota de Sanders y la competencia Clinton-Trump, el problema de Clinton con la base del partido sigue vigente.

Uno de los problemas más peligrosos para Hillary y el partido demócrata es que muchas de las críticas que Bernie Sanders hace “por izquierda”, las hará Donald Trump por derecha. Su relación con Wall Street (sin contar el detalle picante más reciente que relacionó a importantes donantes de Clinton con los Panamá Papers), su linaje Clinton, y su propia colección de fantasmas como el escándalo de los mails (usó su servidor privado mientras era secretaria de Estado) y el ataque al consulado en Benghazi, entre los más famosos.







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