Política

HISTORIA DE LA CLASE OBRERA

El día que Tosco y Rucci se enfrentaron en la televisión

El 25 de septiembre de 1973, el dirigente de la CGT José Ignacio Rucci fue asesinado por un supuesto comando montonero en la puerta de su casa, en la calle Avellaneda 2953, en el barrio de Flores. Una revisita al debate Tosco-Rucci.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Viernes 25 de septiembre | 22:53

José Ignacio Rucci fue la cabeza de la burocracia sindical entre 1970 y 1973 y un baluarte de la derecha peronista. Desde la CGT, apadrinado por Juan Domingo Perón, le declaró la guerra al activismo fabril que, luego del Cordobazo, crecía en las comisiones internas y en las luchas contra el Pacto Social.

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Lo hacía amparado en la Ley de Asociaciones Profesionales que proscribía toda oposición dentro de las organizaciones obreras, en el matonaje sindical y en el accionar terrorista de las bandas ultraderechistas de la Triple A. El lema “ni yanquis, ni marxistas” fue acuñado por esa burocracia que comandada por Rucci promovió la Masacre de Ezeiza contra la Juventud Peronista el 20 de junio de 1973.

El debate Tosco-Rucci

El 13 de febrero de 1973, en el viejo canal 11 (hoy TELEFE), en el programa Las dos campanas conducido por Gerardo Sofovich se produce un debate entre el dirigente de Luz y Fuerza de Córdoba, Agustín Tosco, y el entonces secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci.

El contexto del debate es un mes antes de las elecciones pactadas entre Perón y el general Alejandro Lanusse para desviar el proceso de insurgencia obrera y popular iniciado en 1969, que van a consagrar la formula del FreJuLi de Héctor Campora-Vicente Solano Lima.

La importancia del debate radica en que fue un contrapunto público entre dos referentes del movimiento obrero que expresaban distintas tendencias. Por un lado el Gringo Tosco, que expresaba el surgimiento de una izquierda sindical al calor de las tendencias insurgentes del Cordobazo. Por el otro lado, Rucci, que era el representante de una burocracia sindical que venía de apoyar a la dictadura de Juan Carlos Ongania y se reunificaba bajo órdenes directas de Perón luego de la muerte de Augusto Timoteo Vandor, con el objetivo de contener las tendencias a la radicalización y reconducir a la clase obrera tras la salida electoral negociada con el gobierno militar de la llamada Revolución Argentina.

La burocracia sindical en cuestión

El Cordobazo dio lugar al frente único obrero y sobre esa base a la emergencia de la autoorganización obrera mediante la recuperación de innumerables comisiones internas e incluso sindicatos, como el Smata Córdoba, y de fuerzas que marcan el camino de la independencia de clase como las que se manifestaran en el clasismo del Sitrac-Sitram. La burocracia sindical era enemiga abierta de estas tendencias a las que combatirá a los tiros, porque amenazaban sus privilegios y al propio peronismo como dirección de los trabajadores

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En el debate el Gringo Tosco cuestiona el verticalismo burocrático al afirmar que: “Nosotros conceptuamos al movimiento obrero como una práctica eminentemente democrática, como una democracia que surge de las bases. Sostenemos que todo compañero que es representante de una organización obrera debe mirar más hacia las bases que hacia la cúspide. Más hacia el contenido de lo que reclaman los trabajadores, los sectores populares, que a las formalidades”. El discurso de Tosco expresa la fuerza de la radicalidad y democracia obrera. La insurgencia obligó a la CGT regional a mantener en su seno a los independientes y a la izquierda, representada por Tosco, quien asume para sí, la defensa del frente común con sectores combativos de la burocracia en la provincia, así como lo había hecho antes dentro la CGT de los Argentinos, contra la ofensiva de la burocracia sindical nacional. Dicho frente será usado para aislar al clasismo y más tarde va a ser desarticulado por Atilio López en 1973, dejando sin sustento la política del lucifuercista

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Frente a esta crítica, Rucci se ubica como defensor de los cuerpos orgánicos contra la democracia sindical: “La CGT, tiene que regir su cometido a través de cartas orgánicas que son legisladas precisamente por los representantes de los trabajadores. En consecuencia, esa expresión, que puede causar mucho efecto, de consulta a las bases, es una expresión que no cabe dentro de un movimiento sindicalmente organizado porque la CGT tiene secretario, un Consejo Directivo y un Comité Central Confederal”.

El ahogo de la democracia sindical es la condición para regimentar a los trabajadores y poner sus organizaciones al servicio del Estado patronal, actuando la burocracia como una policía interna del movimiento obrero. La posición de Rucci es la que impera aun en los sindicatos a manos de la burocracia, proscribiendo toda oposición y negociando a espaldas de los trabajadores, por ejemplo, la entrega del salario en plena pandemia, a cambio de una ficticia suspensión de despidos.

Revista El Caudillo vocero de la Triple A reivindicando a Rucci.

Conciliación y lucha de clases

Tosco es el máximo referente del llamado “sindicalismo de liberación”. En el debate de Canal 11 el lucifuercista declara que: “Donde hay un asalariado y hay un capitalista, hay explotados y explotadores. Lo que no quiere decir que, en el proceso de liberación nacional y social, no haya etapas que debemos cubrir en alianza con aquellos sectores de la pequeña y la mediana burguesía que estén dispuestos a enfrentar esa penetración imperialista”.

Es decir que reconocía la lucha de clases como motor del conflicto en la sociedad, pero opinaba que era necesario en un país sometido al imperialismo, postergarlo para cumplir primero las tareas de la liberación nacional en alianza con sectores desplazados de la burguesía. Dicha concepción era subsidiaria de la ideología del Partido Comunista y también del PRT-ERP, a los que estuvo vinculado Tosco, de la “revolución por etapas”.

En este sentido, Tosco cuestionaba el modelo sindical peronista, pero creía que era posible replicar por izquierda la alianza de conciliación de clases que el peronismo pregonaba desde el FreJuLi. Tanto es así que el dirigente cordobés se negó a enfrentar a la formula del peronismo encabezando un frente de independencia de clase como le propusieran el Partido Socialista de los Trabajadores y en su provincia llamó a votar a la fórmula del FreJuLi para la gobernación, integrada por Ricardo Obregón Cano y Atilio López, de la UTA

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En el debate, el secretario general de la CGT, defiende contra Tosco la idea de la armonía entre las clases característica del peronismo. Así responde a la pregunta sobre de si el peronismo sostiene la lucha de clases diciendo que: “Plantea la unidad de todos los sectores... No plantea la lucha de clases. Bien lo ha dicho el general Perón cuando estuvo acá. Esta no es una cuestión de partidos políticos, sino que ésta es una cuestión programática nacional en la cual tienen participación todos los que estén dentro de esta filosofía”.

La burocracia sindical es en este sentido una garantía de la armonía social cumpliendo el papel de impedir la lucha de clases o limitarla a los reclamos corporativos. En el presente lo hace dividiendo a los trabajadores sindicalizados de los no sindicalizados, de los precarios, de los inmigrantes, de los desocupados, de las mujeres, de los sin techo. Sin embargo, esta misma división sostenida por la burocracia, atenta cada vez más contra la efectividad corporativa de la burocracia y permite la ofensiva del capital sobre el trabajo.

Rucci además manifestaba la concepción que el peronismo le asigna al movimiento obrero como columna vertebral, es decir como quien sostiene la cabeza, del nacionalismo burgués: “los peronistas apoyamos un programa, al que lo sostiene el Frente Justicialista de Liberación. Ese es el programa que nace de un movimiento, que es el Movimiento Peronista (...)”. Es decir que los trabajadores no pueden tener un programa propio y deben apoyar el programa de la conciliación con el capital. En los 70 en nombre de la lucha contra la dependencia, en la actualidad en nombre de defender la dependencia mediante al acuerdo con los bonistas y las negociaciones para el cumplimiento de la deuda externa con el FMI.

Luchadores y traidores

Nuestra critica a Tosco parte del respeto y la reivindicación de un dirigente, que a pesar de los errores políticos y de concepción que señalamos, fue un luchador indiscutido, honesto, apegado a las bases, que inspiró a miles de militantes obreros a luchar contra la burocracia sindical y el imperialismo. Murió en la clandestinidad perseguido por los esbirros de la Triple A, que integraban las bandas de la burocracia sindical que reivindicaban al metalúrgico.

Rucci fue un dirigente obsecuente con Perón, que puso el matonaje sindical al servicio de aplastar la insurgencia obrera y hacer cumplir el Pacto Social a los tiros. La reivindicación de su figura por parte de la burocracia sindical y la derecha peronista, hoy se hace extensiva a sectores del progresismo que, para justificar su capitulación frente a personajes reaccionarios como Sergio Berni, hacen un revisionismo que los lleva a querer minimizar la responsabilidad de Rucci por la sangre derramada de los compañeros asesinados por la Triple A.







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