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MIGRANTES

El infierno: ahora en tráiler

En el norteño estado de Coahuila, agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) “rescataron” a 144 personas que viajaban hacinadas en un tráiler hacia Estados Unidos. En el mejor de los casos, serán repatriados a sus países de origen.

Bárbara Funes

México D.F |

Jueves 15 de octubre de 2015 | Edición del día

En la carretera de Matehuala (San Luis Potosí) a Saltillo (Coahuila) los agentes de migración detuvieron el tráiler para hacer la verificación. Hallaron a 59 hombres, 27 mujeres y 28 menores, de los cuales 21 viajaban solos. Provienen de Guatemala, El Salvador, Honduras, Ecuador y Nepal.

Según se dio a conocer en distintos medios, los migrantes llevaban dos días sin alimentos y presentaban síntomas de deshidratación.

Este caso se suma a otro que se dio a conocer hace pocos días, que tuvo lugar en el condado de Frio, Texas, cuando la policía halló a 39 migrantes hacinados en la caja de un tráiler. Llevaban al menos 5 horas de hacinamiento. Estaban deshidratados y con síntomas de asfixia. Eran 28 hombres, 7 mujeres y cuatro niños provenientes de México, El Salvador y Guatemala.

Hoy la alternativa para quienes buscan llegar a Estados Unidos es el hacinamiento de un incierto viaje en tráiler.

En esta parte del mundo, en promedio, los llamados “polleros” o “coyotes” cobran hasta cuatro mil dólares –unos 68 mil pesos con el actual tipo de cambio, 17 pesos por dólar– por cruzar la frontera de México con Estados Unidos.

De acuerdo con la United Nations Office and Drugs (UNODC), del negocio del tráfico de migrantes de África oriental, septentrional y occidental hacia Europa y de América del Sur hacia América del Norte, genera alrededor de 6.750 millones de dólares por año. Uno de los brutales rostros del capitalismo.

Obama financia a Peña Nieto para que frene la migración

De acuerdo con Sonia Nazario, en su nota “Los refugiados en nuestra puerta”, publicada en The New York Times, el gobierno estadounidense ha entregado decenas de millones de dólares durante el año fiscal que terminó el pasado 30 de septiembre para que frene la llegada de migrantes a Estados Unidos.

Ése es el contexto en el que Peña Nieto desplegó el Plan Frontera Sur, posicionando a México como “estado tapón” para impedir que los migrantes emprendan viaje vía México hacia el gigante del norte.

Los agentes del INM, el ejército y la policía persiguen a los migrantes, impiden que aborden el tren de carga que atraviesa el país de sur a norte, la “Bestia”, los orillan a los caminos más solitarios y peligrosos. Los entregan así a las redes del narcotráfico y de la trata de personas. Muchos desaparecen o mueren en México, como sucedió en las masacres de San Fernando, Tamaulipas, en las cuales estuvieron involucrados policías y narcos.

A esto se suman las recientes cifras que evidencian que México deporta más migrantes que Estados Unidos: entre octubre de 2014 y junio de este año 100,000 deportaciones, contra 73,000 deportados por la Patrulla Fronteriza.

Para quienes huyeron de sus países de origen ante el terror del crimen organizado y los planes neoliberales que sumieron en la miseria a la región, la repatriación forzada implica una muerte casi segura.

La cereza del postre para los negocios imperialistas es la militarización de las fronteras, financiada por la Iniciativa Mérida, con la excusa de la “guerra contra el narcotráfico”. La injerencia imperialista en el país ha implicado cientos de miles de muertos, desaparecidos y desplazados.

La violencia institucional desplegada es el terreno más propicio para que las trasnacionales impongan terribles condiciones de trabajo y se congratulen con el gobierno por las reformas estructurales. Así México es célebre entre los inversores por tener los salarios más bajos y las jornadas laborales más extensas entre los países de la OCDE.

Al otro lado de la frontera, la situación no es mejor: las y los trabajadores migrantes viven bajo el terror de las deportaciones y la separación de las familias, con salarios por debajo del mínimo, sin prestaciones, y a merced de la violencia racial que ejerce la policía estadounidense.

La unidad de la clase trabajadora de la región, nativos y extranjeros, es la vía para terminar con la criminalización de las personas indocumentadas, la militarización y los reaccionarios institutos migratorios que persiguen a los migrantes. Y esa misma unidad es el camino para conquistar plenos derechos para los migrantes.

La solidaridad internacional que salió a la luz ante la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, la unidad en la campaña por el aumento del salario a 15 dólares la hora y en las manifestaciones contra la violencia racial, ambas en Estados Unidos, muestran el camino.

Con información de El País, El Informador, The New York Times y Animal Político







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