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El peronismo tucumano tras las PASO, entre la gobernabilidad y la fragmentación nacional

Sonrisas y abrazos del trío Alperovich, Manzur y Jaldo. Los condicionamientos de una “Liga de Gobernadores”. Caras largas y dudas del lado de Alfaro y Amaya.

Maximiliano Olivera

@maxiolivera77

Jueves 17 de agosto | Edición del día

Las fotografías reflejan las emociones en la noche del domingo, tras la difusión de los primeros resultados de las PASO. José Alperovich, el gobernador Juan Manzur y el candidato Osvaldo Jaldo se abrazaban y alzaban los brazos en la Casa de Gobierno para festejar los 483.366 votos alcanzados por el Frente Justicialista. En el búnker de Cambiemos hubo que esperar para escuchar de José Cano sólo una excusa irrisoria a los más de 198.000 votos de diferencia con el alperovichismo. Para no admitir una derrota dijo que él no competía con nadie. Lo secundaba la candidata Beatriz Ávila, esposa del intendente capitalino y peronista Germán Alfaro. Ahora, con el diario del lunes en la mano, van asomando nuevas definiciones en torno al peronismo tucumano y su proyección nacional.

Los “amigos del campeón”

Que el triunfo hermana no es novedoso. Pero aunque la victoria aplaque las diferencias, no las anula. Desde la salida de Alperovich del sillón de Lucas Córdoba se ha especulado bastante con un posible recambio en el liderazgo peronista, donde por sus posiciones asomaron naturalmente los nombres de Manzur y Jaldo.

Desde el domingo la sonrisa más amplia es la de Jaldo. Su audaz apuesta funcionó, al menos hasta ahora. Dejó la comodidad que da el manejo del poder legislativo para embarcarse en una campaña que demandó mucha recorrida territorial (su especialidad). Cabía la posibilidad de que Cano achique la brecha de votos de 2015 y arañe un empate en el reparto de banca. Pero ahora el rostro de Jaldo es el rostro de la victoria. Eso se valora, sobretodo a la hora de cautivar lealtades. Esto quedó plasmado en la fotografía que se sacaron los referentes de las listas internas del Frente Justicialista: desde Unidad Ciudadana hasta el massismo.

El triunfo también habilitó a que Manzur acumule menciones en los diarios nacionales, como un gobernador que mantiene su casa en orden y puede pelear por la conducción del peronismo nacional. Para aportar a la confusión sobre el padre del éxito, Alperovich le cuenta a quien lo quiera escuchar que fue idea suya que el tranqueño encabece la lista de diputados. El senador grabó, sobre los últimos días de campaña, un spot de apoyo, que también remarca bajo el ala de quién se cobijaron Jaldo y Manzur.

Condicionantes para una “Liga de Gobernadores”

La presidencia de Macri y una dispersión en la provincia de Buenos Aires, reflotaron la vieja idea de una “Liga de Gobernadores” peronistas que permita negociar desde otra posición con la Casa Rosada y así mismo cotizarse en la puja por la conducción del movimiento.

El cordobés Juan Schiaretti era un nombre de peso junto a Manzur, quien gobierna la sexta provincia más importante y donde en 2015 no ganó Cambiemos. Los comicios del domingo dieron una derrota a Schiaretti, que se suma a la de otros gobernadores como los Rodríguez Saá.

“Macri lanzó en el Plan Belgrano. Las dos mejores batallas electorales del peronismo fueron Salta y Tucumán”, dice el politólogo Julio Burdman. Entonces, entre los gobernadores triunfantes sobresalen Manzur y el salteño Juan Manuel Urtubey. Pero no es suficiente. Sin caer en la arbitrariedad del puerto, se trata de dos provincias medias que no alcanzan para contrarrestar el poderío electoral de otros centros urbanos, aún cuando prime la atomización dirigencial.

Un condicionante para un movimiento fuerte de la liga de los gobernadores es la gobernabilidad. La declaman todos. Lo hizo Schiaretti a la hora de votar, lo hizo Manzur cuando todavía estaba embriagado por el triunfo. “Queremos una gobernabilidad ida y vuelta”, resumió el tucumano.

La Casa Rosada ya comenzó a contar los porotos en la posible composición en ambas cámaras, en tantear posibles aliados. La correlación de esta línea fue el encuentro entre Rogelio Frigerio con los gobernadores ganadores, ocurrido el lunes en Corrientes.

El peronismo local comenzó un leve giro discursivo en este sentido. En estas semanas bajarán el tono de los cuestionamientos a Macri, manteniendo críticas parciales. Queda por verse si el avance del calendario electoral aumentará la intensidad de las palabras. Tiene como handicap haberle votado leyes claves al macrismo.

Pero no es pura benevolencia del ganador que no necesita exponerse a enfrentamientos. Tucumán, junto a Córdoba en el ámbito judicial, mantienen un reclamo por recursos millonarios. María Eugenia Vidal pateó el tablero al reclamar una deuda de $460.000 millones, diciendo que tiene el aval de Macri. Si eso sucede significará una merma de recursos para el resto que puede, por ejemplo, alterar el pago de la planilla salarial.

El otro condicionante es impredecible. Luego de correrse de la arena política, sin que signifique perder su capital político, Cristina Fernández de Kirchner resolvió candidatearse en la provincia de Buenos Aires, teatro de la “madre de todas las batallas”. Aún hoy se debate si perdió, ganó o empató, pero no sólo en términos del escrutinio. Fue ilustrativo el bluf de Manzur. Cuando las pantallas del prime time mostraban el triunfo de Esteban Bullrich, el gobernador dijo que “Cristina ya cumplió un ciclo”. Al otro día Jaldo tuvo que ser más cauto y eludir respuestas diciendo que no sabe quién ganó en provincia de Buenos Aires. No son los únicos a los que desvela la llegada de Cristina a la cámara alta.

En la vereda del frente

En la versión tucumana de Cambiemos hay peronismo. Se denomina ‘disidente’ y lo encarnan Domingo Amaya, ex intendente capitalino y hasta ahora secretario de Vivienda, y Germán Alfaro, sucesor de Amaya. El rol de ambos fue desigual.

Amaya, desdibujado, admitió sobre el tramo final que al no lo invitaron a ser parte de la campaña. Por el contrario, Alfaro tuvo que jugar sus fichas luego de lograr que su esposa, Beatriz Ávila, secunde a Cano. Pero no fue suficiente. La diferencia en la Capital con la lista del Frente Justicialista fue de más de 7000 votos a favor de Cambiemos, triunfo con sabor amargo porque el alperovichismo achicó bastante la brecha en ese departamento que le es desfavorable. ¿Alfaro no pudo desplegar todo su poder territorial o éste fue minado?

En las aguas revueltas del peronismo disidente puede haber ganancias para terceros. Por ejemplo, el legislador Eduardo Bourlé, de La Bancaria, fue candidato un acople de Cano pero rompió, armó un bloque unipersonal y pasó a fotografiarse con Manzur. La legisladora Stella Maris Córdoba hizo otro tanto, creando un nuevo bloque unipersonal tras romper con el Peronismo para el Bicentenario. ¿Es descabellado pensar en una fuga discreta de peronistas disidentes hacia el gobierno provincial?

En este estado de las cosas, el peronismo tucumano se mueve entre un bloque de poder sólido con aspiraciones en la fragmentación nacional y otro sector que mantiene su alineamiento con Cambiemos, ambos como interlocutores en la gobernabilidad del ajuste macrista.






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