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LITERATURA

El viejo y el mar: una novela épica en menos de cien páginas

En 1952 Hemingway publicó una novela cargada de simbolismo y acción que significó el último eslabón para recibir el premio Nobel de literatura en 1954. Novela corta, atrapante y particularmente angustiante, se suele definir como un ejemplo de los alcances de la narrativa actual diferenciándose de la literatura clásica.

Facundo Tisera

@facu.tisera.11

Miércoles 6 de febrero | 12:29

“El viejo y el mar” narra la historia de un pescador ya mayor que se encuentra en un período de dificultades por llevar ochenta y cuatro días sin poder pescar nada en el océano. La trama se centra en este personaje principal y es casi el único personaje que se construye. Tal es su mala fortuna que los padres de su ayudante, un adolescente del pueblo, le exigen a su hijo que cambie de barco por considerar que el viejo estaba “salao” (es interesante porque Hemingway usa la palabra “salao” en el texto original, apoyándose en la jerga cubana de los pescadores), es decir que llevaba consigo la peor de las suertes. Así es como a partir del día cuarenta de no poder pescar el viejo empieza a salir solo a enfrentarse al mar.

La historia da un giro cuando Santiago, el viejo, pesca el pez más grande que jamás había pescado. Se produce un combate feroz y desgastante que lleva tres días y tres noches hasta resolverse en favor del protagonista. Una vez cazado el pez y atado a la pequeña embarcación el viejo se propone emprender su regreso triunfal, sólo para darse cuenta que la vida y la naturaleza tienen un turbio sentido del humor y la justicia.

“El viejo y el mar” tiene algunas particularidades. Escrita con el estilo firme y directo que caracteriza a Hemingway -frases cortas y con pocas descripciones- tiene dos aspectos a tener en cuenta. Por un lado es interesante el simbolismo que maneja el autor en tan pocas páginas. Principalmente para reflejar inquietudes humanas tan profundas como son el paso del tiempo, el vacío, la soledad y la angustia propia de la desesperanza. Es una novela ideal para hacernos la pregunta por lo absoluto y el manejo de la pérdida. ¿Cuánto implica no resignarse a perder el objeto, sea cual sea? Y su contracara ¿Cómo asumir el vacío de aquello que ya no está?

Por otro lado, yendo a un aspecto más técnico, sobresale la rareza con la que el autor presenta la obra jugando con la longitud de los márgenes sin terminar de definir si se trata de un cuento largo o una novela. Ahí encontramos un logro importante porque si es un cuento largo tiene el mérito de no perder nunca la tensión ni desfigurarse en la trama, y si lo pensamos como una novela debemos admirar la contundencia lograda con un solo personaje y tan pocas descripciones adyacentes.

Se trata, para decirlo de una vez, de un texto de esos que se leen de una sentada sin detenerse a pensar demasiado. Sin embargo, es probable que estemos recibiendo más de lo que esperamos y (tal vez) de lo que podamos soportar.







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