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¿Empieza a surgir un “sindicalismo de base” en la industria mendocina?

En el movimiento obrero se están dando cambios que no se veían hace décadas, que se extienden a algunos de los batallones centrales de la industria.

Lautaro Jimenez

@LautaroJ_PTS

Domingo 31 de julio de 2016 | 06:00

En las bodegas, la refinería, la alimentación e incluso en la metalmecánica, surgen activistas obreros que ya no aguantan más la dictadura de las patronales ni a las burocracias sindicales.
El año pasado vimos el surgimiento de activistas independientes de la burocracia en la lucha de IMPSA, allí la conducción de la UOM intentó que los obreros aceptaran pasivamente suspensiones masivas por la crisis de la empresa, recortes salariales y despidos. Un activismo nuevo sacó la lucha a la calle e impulsó piquetes en la puerta de la empresa y la subsecretaría de trabajo, logrando que la lucha tome una dimensión pública frente a la cual la UOM tuvo que reubicarse y ponerse al frente del reclamo, hasta encontrar una salida negociada con el gobierno y la empresa. En las puertas de la empresa los trabajadores decían que era la primera vez desde que tenían memoria en la que los propios obreros le paraban la empresa a Pescarmona.
Los “delegados de hecho” que habían protagonizado el reclamo contra los despidos y suspensiones de IMPSA, la niña mimada de los gobiernos peronistas y radicales, y pedían nuevas elecciones de delegados adentro de la planta, fueron despedidos sin miramientos de la empresa una vez que se cerró el acuerdo con la ayuda económica del gobierno. Tal como ha pasado sucesivamente en la fábrica, la conducción de la UOM no tolera oposición alguna adentro del gremio, y mucho menos adentro de la principal empresa metalúrgica de la provincia. Desafiar las órdenes de la conducción del sindicato es motivo de un telegrama de despido. Demostrando que en la industria no se tolera democracia alguna y que sin el apoyo efectivo de las bases poniendo el cuerpo por sus nuevos dirigentes, se hace imposible lograr un cambio a favor de los obreros.

En las bodegas mendocinas hubo distintas protestas contra los acuerdos a la baja entre la Federación y las patronales que más ganaron en la última década, protestas que llegaron incluso a movilizaciones hasta la sede de FOEVA. En bodegas como Santa Ana, La Rural o Navarro Correas, son incontables los activistas que han surgido representando a sus compañeros e intentando que se hagan elecciones de delegados, y han sido despedidos luego de ser señalados por la burocracia. Hoy la bronca continúa y se expande a más bodegas, sólo el tiempo dirá si la experiencia de los últimos años servirá para que los obreros conquisten una conducción sindical democrática y representativa de las bases, o el proceso terminará como empezó.
En los sucesivos conflictos de ALCO, los propios trabajadores son los que se organizaron para reclamar contra las deudas salariales, las suspensiones, los despidos y cierres de temporada de esta multinacional. En Tunuyán, Tupungato y Real del Padre, plantas en las que trabajan centenares de obreros, las marchas, bloqueos, fondos de huelga y asambleas han sido, en los últimos dos años, experiencias donde hemos visto al frente a delegados de base y activistas independientes de la burocracia del STIA. La escalada de la crisis obligó a que el sindicato se reubique y empiece a intervenir más activamente en el conflicto, no sin intentar imponer una férrea disciplina: o hacen lo que la conducción dice, o se quedan sin el apoyo del sindicato.

Y en las últimas semanas hemos visto como se empieza a desarrollar un proceso de características similares en el centro mismo del proletariado mendocino: la refinería de Luján de Cuyo. Allí los obreros de las empresas tercerizadas vienen protagonizando conflictos contra los despidos e incluso contra la discriminación salarial, en los tres sindicatos principales que actúan allí adentro: Petroleros Privados, SUPeH y UOCRA, con activistas que se organizan en forma independiente, clandestina o abiertamente opositora a estas conducciones, sobre todo contra las dos últimas, ya que la primera tiene una política de mayor contención y cooptación desde el prestigio de haber ganado hace poco la conducción seccional.

Lo sucedido en el SUPeH no se veía desde la derrota de la huelga petrolera del 91`. Junto con el malestar de centenares de empleados de los “emprendimientos” (tercerizadas que dependen de YPF), trabajadores de planta de la propia refinería se movilizaron masivamente al sindicato para reclamarle a la conducción una respuesta por las malas condiciones salariales. El sector de los contratistas se radicalizó por la bronca de la discriminación salarial que sufren al estar encuadrados en un convenio mucho peor que el de los otros sindicatos, mediante el cual cobran mucho menos que sus compañeros a pesar de hacer las mismas tareas, y se desafilió masivamente del SUPeH para pasarse a Petroleros Privados. Esto cuestiona uno los pilares del proceso de privatización que fue el “monopolio sindical” que se le garantizó al entreguista Cassia, a cambio de su apoyo a la misma, y abrió una profunda crisis sindical en el sector.

Si hacemos un repaso de los últimos años, vemos que en cuatro ramas estratégicas de la clase obrera industrial mendocina: vitivinícolas, petroleros, alimentación y metalúrgicos, han surgido fenómenos antiburocráticos con activistas combativos que han sido despedidos por la persecución de la propia burocracia o -en menor medida- cooptados por otras.

Aún no se ha desarrollado un escenario como el del 2014 con despidos masivos en la industria, pero sí vemos que la recesión económica empieza a traducirse en numerosos despidos en contratistas, medianas y pequeñas empresas. También se empiezan a ver grandes reestructuraciones en bodegas, alimenticias y multinacionales como parte del proceso de crisis y concentración. Y procesos como el de Metal 1 en YPF, donde las tercerizadas son las que se encargan de despedir el personal al interior de las grandes empresas.

Las conducciones sindicales tradicionales ya han dejado claro que lo único por lo que reclamarán en estos casos son las indemnizaciones, lo cual amenaza con disparar la desocupación y con esto la continuidad de todo lo conquistado por los obreros en los últimos años. Estas experiencias antiburocráticas, con sus aciertos y errores, y la del sindicalismo de base a nivel nacional que arrancó en el 2004 y ha desarrollado una amplia experiencia en la lucha de clases y gremial, es una base importante para cualquiera que quiera organizar una oposición a estas conducciones y luchar por recuperar los sindicatos.

La Izquierda Diario busca darle voz y ayudar en la organización de este proceso que recorre la industria mendocina, difundiendo estas experiencias y creando una amplia red de corresponsales que puedan denunciar o informar lo que pasa en sus lugares de trabajo.

Por primera vez en décadas empieza a haber una base importante para el desarrollo de agrupaciones clasistas, antiburocráticas que cambien el curso del movimiento obrero en la provincia frente a un cambio en el signo de la situación política y un ascenso en la lucha de clases.







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