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Enrique IV: entre la realidad, la locura y el amor

Se presenta los viernes a las 20.30 h en la Sala Hasta Trilce la obra “Enrique IV” de Luigi Pirandello. Dirigida por Sergio Grimblat.

Jueves 30 de marzo de 2017 | Edición del día

Siempre es una excelente noticia el estreno de una obra que nos lleva a la introspección, a poner intelecto a flor de piel, a sentarse a reflexionar acerca de ese hilo tan fino que existe entre la locura y la cordura, entre la realidad y la ficción, entre el ser o hacerse. Hacia esos blancos dispara “Enrique IV” del dramaturgo italiano Luigi Pirandello. Se estrenó en la sala Hasta Trilce, ubicada en el porteño barrio de Boedo, bajo la dirección de Sergio Grimblat.

Si "Seis personajes en busca de un autor" es la obra maestra de Luigi Pirandello, "Enrique IV" se lleva los galones por ser la más referencial, dentro de su labor como dramaturgo.

El autor nace en Agrigento, Italia en el año 1867 y fallece en Roma en 1936. Dos años antes de esta fecha fue galardonado con el premio Nobel de Literatura. Pirandello es considerado como el hombre que dio el puntapié inicial a lo que luego se consolidará como el Teatro del absurdo.

Pero quién es este singular Enrique IV. ¿No es aquel emperador germano del siglo XI, que el papa Gregorio Vll excomulga por tratar de reforzar su poder a través de la provisión de beneficios y títulos eclesiásticos, y que tuvo que humillarse para que éste le retire la excomunión?

Este personaje responde a la segunda década del siglo pasado. A la Italia fascista, en donde Pirandello fue un acérrimo crítico frente a una sociedad enmascarada.
Un hombre de la nobleza lleva adelante una fiesta de disfraces y realiza una caravana junto a sus amigos. En el transcurso es víctima de un accidente, su caballo cae y se golpea la cabeza contra una roca. A partir de ese incidente que viste el atuendo del rey germano pasa a ser Enrique IV.

Todo parece una broma hasta que se violenta con la mujer que ama y es encerrado en un castillo. Doce años después todo hace suponer que la tormenta pasó para él, que recuperó los sentidos, la razón. Sin embargo, prefiere continuar con este juego ocho años más, haciéndole creer a sus vínculos más cercanos que continúa en aquel estado de locura. Para esta tarea cuenta con la complicidad de tres personajes que serán los encargados de seguirle el juego cuando reciban unos visitantes desconocidos para ellos.

El interrogante está en la mesa. ¿Enrique IV está loco o sea hace? ¿Puede un hombre simular su locura? ¿Hasta qué punto un loco puede lograr un nivel de cuestionamiento tan elevado? ¿Realidad o ficción? ¿Se hace o es? Para esto habrá que esperar.

Un recurso constante al que supo apelar el dramaturgo italiano fue apostando al juego de hacer teatro dentro del teatro donde el espectador tendrá como tarea de develar qué es realidad y qué es ficción dentro de la trama que se irá desarrollando en la obra.

Esta singular historia se desarrolla en el castillo de Enrique IV en donde los huéspedes son recibidos por una suerte de mayordomo vestido acorde a la época actual, un juego escénico que desconcierta, pero que rápido se resolverá.

En el viejo castillo medieval donde por decisión de sus amigos es confinado este falso Enrique IV se hacen presente una mujer de la que este personaje tan particular estuvo enamorado, su actual pareja, un sobrino con su prometida y un médico que será el indicado de rescatarlo de su locura. Pero no será una tarea fácil, sus tres cómplices mantendrán el secreto. Hasta que por fin será revelado por el mismo "Monarca" que se desborda al ver tanta hipocresía de parte de estos inesperados visitantes.

El secreto que mantuvo a puertas cerradas verá la luz. Será ante una sociedad enmascarada e hipócrita. “¡Preferí seguir loco!, ¡Vivir mi locura con la más lúcida conciencia! Hacer que se volviera para siempre, no ya una burla, sino una realidad, la realidad de una verdadera locura”, enfatiza el personaje.

La puesta de Grimblat no se desvía de la idea central propuesta por el autor. El director realiza una estupenda lectura del texto y el mayor logro es no desvirtuarlo. “Enrique IV” es una comedia con todos sus condimentos y lo entendió así.

Por otro lado detrás una historia trágica, las reflexiones de Enrique IV son hirientes y punzantes. No lleva al espectador a una tragedia vulgar y mucho menos a una comedia ligera, lejos está de pretender darle una vuelta de rosca. No sale en búsqueda de caminos desconocidos en el universo pirandelliano. No incursiona en terrenos que lo podrían llevar a universos confusos.

En cuanto a trabajo actoral, Pablo Sierra lleva adelante un estupendo desempeño, brillante, convincente con cambios y matices que lo convierten en escena en un magnífico Enrique IV. El resto de los actores aportan lo suyo, no desentonan en la propuesta de su director.

En síntesis, “Enrique IV” es una buena obra con buenos actores, cuenta con una dirección a la altura del texto. Deja como reflexión que nadie es lo que parece, que todos podemos llevar una máscara para bien o para mal. Después de todo uno decide.

Enrique IV de Luigi Pirandello
Viernes 20:30 hs.
Entrada: $180/ Estudiantes y jubilados: $150
Sala Hasta Trilce, Maza 177 CABA

Ficha técnica

Actúan: Juan Pablo Sierra, Bárbara Irisarri, Rubén Dellarossa, Lautaro Alvarez, Juan Pablo Cappellotti,Federico Grinbank, Constanza Cardillo, Eduardo Veliz, Federico Lombardía, Jorge Landaco

Dirección: Sergio Grimblat







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