Política

ELECCIONES 2019

[Entrevista] Las elecciones de Mendoza y la izquierda

A pocos días de las elecciones nacionales, entrevistamos a Lautaro Jiménez, legislador provincial y candidato a Diputado Nacional por el FIT, sobre las elecciones en la provincia y los desafíos de la izquierda.

Sábado 19 de octubre | 14:25

- Los resultados de las elecciones provinciales de Mendoza han recorrido los debates políticos del país y proyectaron nacionalmente al gobernador Cornejo en el espacio de Cambiemos. ¿Cómo interpretás este contraste entre la situación de la provincia y el país?

Lautaro Jiménez- Sí, fue una ‘anomalía’ provincial que le dio a Suárez 15 puntos de ventaja, en un contexto en el que el peronismo se recompone con fuerza a nivel nacional. Lo que mostró es un contraste grande entre las expectativas que determinaron los resultados de agosto, donde Alberto Fernández le ganó a Macri por tres puntos en Mendoza, y la elección provincial de septiembre a favor de la continuidad del oficialismo radical.

Suárez buscó diferenciarse del manejo económico de Macri durante la campaña, pero se presentó con una clara identidad conservadora y de “mano firme” contra los reclamos sociales y los trabajadores. Por lo que a los días de ser electo, Cornejo avanzó en nuevos ataques: nombrar un juez negacionista de la perspectiva de género en casos de femicidio, en contra del movimiento #NiUnaMenos; ampliar la práctica del fracking hacia las áreas petroleras de Tupungato y declarar la decisión de impulsar la megaminería en contra de los movimientos socioambientales y los pueblos originarios buscando la modificación de la 7722, y poner en cuestión la continuidad de la cláusula gatillo conquistada por el SUTE y otros sindicatos de empleados públicos frente la escalada inflacionaria.

- El peronismo apostaba a una elección más peleada, Alberto viajó a Mendoza. ¿A qué le atribuís ese error de cálculo?

LJ - El peronismo sufrió un golpe con los resultados por aventurarse a una campaña “ganadora” que incluyó al propio Alberto y los gobernadores del PJ que llegaron en jets privados a acompañar a su candidata. Sagasti había apoyado su campaña en el “nuevo oficialismo” nacional de Alberto Fernández y las ventajas que la provincia podría tener de un alineamiento con la próxima Casa Rosada. Firmó “convenios” como futura gobernadora, dándole un tono sobreactuado a sus promesas de gestión. Además dio un marcado giro hacia la derecha en su discurso. Spots y discursos por más policías y cámaras de seguridad, que pretendían disputarle ese perfil al comisariado radical. Pero para ese segmento de votantes, no resultó atractivo un retorno al “mapa del delito”, como el que propuso Jaque en su momento. Lo que sí logró Sagasti, hablando en contra del empleo público, ofreciendo un gobierno que la tendría como “socia de los empresarios”, e incluso atacando a “las ideologías” que no entendían que en las crisis habían perdido tanto empresarios y trabajadores, fue generar una mayor legitimación del discurso de Suárez y Cornejo.

Aún así lograron polarizar la campaña. A diferencia del 2017, Sagasti captó una buena parte del espacio que en las PASO había sacado Bermejo (candidato del PJ tradicional), junto a votantes progresistas y de izquierda que en años anteriores habían votado al FIT o Protectora. Su buena relación con Alberto Fernández va a respaldarla -al menos en el corto plazo- en el experimento de conducir el PJ tradicional con un liderazgo kirchnerista. Pero no le va a ser nada fácil, habiendo quedado tan abajo de la UCR y sin haber logrado ganar ningún municipio grande.

- Varios dijeron que esta la elección mostró una identidad conservadora de la provincia.

LJ - Podríamos decir que en realidad hubo una cierta dialéctica entre la identidad conservadora de los partidos tradicionales y la renovación de sus figuras. Desde el 2015, la juventud kirchnerista venía desafiando al PJ tradicional, pero este año apareció en las PASO ya unificado con algunos de los sectores de los más conservadores de este partido para enfrentar a otros. Ganaron las internas y consiguieron que una candidata joven y progresista encabece la lista. Pero la campaña la mostró con discursos y figuras tradicionales del PJ conservador, como Jaque y Amstutz. Los sectores progresistas del kirchnerismo justificaban este giro discursivo como una forma de no exponerse ante los prejuicios de una opinión pública en temas como el aborto, el fracking, la megaminería, el ítem aula, etc.

Pero ese coaching político que suponían que iba a permitirle dialogar y atraer a sectores de la base de cambiemos afectada por la crisis económica, en realidad facilitó la legitimación del discurso autoritario con el que Cornejo gobernó y la ampliación de la hegemonía municipalista del radicalismo mendocino. Una hegemonía precaria, basada en el ‘consenso’ de que la economía es un problema entre los privados y el gobierno nacional, y que la Casa de Gobierno lo que debe hacer es administrar buenos servicios públicos. Reconocen que en su gobierno aumentó la pobreza, pero se sienten satisfechos igual porque habrían mejorado la atención en los hospitales públicos. ‘Lo digo como orgullo’ le dijo Cornejo a diario Perfil: ‘La pobreza en Mendoza está mucho mejor atendida que antes’. Esto es algo que no se puede sostener en el tiempo, con el crecimiento de la desocupación, la inflación y la pobreza la pasividad que se ha mantenido frente a la crisis .

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- Lo que no se vio en esta elección es una ‘tercera fuerza’ que ganara peso. ¿La autoridad del radicalismo en el espacio de cambiemos y la renovación del peronismo, está llevando a un régimen político más ‘bipartidista’?

LJ - Esta polarización y renovación de la imagen del PJ con una candidata joven, empujó hacia abajo tanto a Protectora como al Frente que Izquierda. Ninguno los dos logramos ingresar legisladores o concejales, lo que abrió también debates en los diarios tradicionales sobre el rol de las “terceras fuerzas” en la política mendocina. Pero hay muchas exageraciones en esto. Porque hay una mezcla confusa de idas entre ser tercera fuerza por el lugar en la cantidad de votos, que viene desde hace años siendo algo muy coyuntural, y una interpretación más de fondo en relación al peso orgánico de cada partido. En Diario UNO plantearon que ‘En la historia política de Mendoza, la única tercera fuerza que ha durado y que ha tenido peso e influencia ha sido el Partido Demócrata’. Eso es cierto desde el punto de vista de los partidos orgánicos, pero también es cierto los dos principales partidos también han perdido organicidad y gobiernan mediante coaliciones inestables.

La emergencia del FIT en Mendoza como “tercera fuerza” entre el 2013 y el 2015 no puede -ni pudo compararse nunca- con el Partido Demócrata de sostenido por la poderosa burguesía vitivinícola. Tampoco la emergencia y el retroceso de Protectora entre el 2017 y 2019. La decadencia orgánica del PD estuvo ligada a la propia reconversión que tuvo esta industria y la extranjerización que tomó el control directo de esta rama. Los restos de este partido hoy oscilan entre mantener fragmentos de este partido dentro de coaliciones con el oficialismo de turno (fueron aliados del gobierno de Jaque y luego del de Cornejo) y ser la representación local del PRO, con De Marchi como ejemplo más claro. Su decadencia estuvo determinada por la degradación de su clase social y la emergencia del PRO que tempranamente lo desplazó apoyado en sectores empresarios más modernos. Desde el punto de vista electoral, fue el PRO de De Marchi que en las PASO se mostró como tercera o cuarta fuerza (dependiendo cómo se considere a la coalición peronista) con el 12% de los votos, y tiene notorios rasgos gansos heredados del PD. Pero desde ese punto de vista orgánico, el PRO no tiene militancia ni cuadros organizados en forma significativa.

- ¿Y a qué procesos estuvo ligada la emergencia electoral del FIT o Protectora después?

LJ - La emergencia de importantes luchas obreras en el fin de ciclo kirchnerista, junto al anquilosamiento del PJ gobernando, provocaron rupturas por izquierda de importantes sectores que proyectaron al FIT con fuerza a nivel nacional y a elecciones extraordinarias de Mendoza, Salta, Jujuy, en un contexto de desprestigio generalizado de la casta política. En otro contexto, de erosión de la base social macrista en el 2017, se abrió un espacio en al que lista “ciudadana” de Protectora capitalizó también con fuerza otro importante segmento de desencantados con el peronismo. Por ello las legislativas del 2017 terminaron con la peor elección del peronismo en su historia con un 22%, Protectora con el 17% y el FIT con un extraordinario 12%.

Esos espacios electorales retrocedieron entre el 2018 y el 2019, y el FIT viene sacando entre el 3 y el 4% en las distintas elecciones ejecutivas de este año, y Protectora entre 7 y el 10%. La mitad de lo que habíamos sacado en las PASO provinciales del 2015 cuando habíamos logrado mantener el 7% de los votos. En los cruces de respuestas de las encuestas se refleja que la mayor parte de esos votantes migraron hacia la candidatura de Anabel Sagasti y Alberto Fernández.

- ¿Cómo es que el peronismo logra incidir en sectores que tienen aspiraciones y valores de izquierda?

LJ - Santiago Cafiero, jefe de campaña de Alberto Fernández, da una explicación más general del fenómeno político que hizo crecer al peronismo tanto en el conurbano bonaerense como el Gran Mendoza y otros centros urbanos del país, a partir de lo que llama una ‘ruputura de las cadenas aspiracionales’. Dice que éstas aspiraciones urbanas creadas por el crecimiento económico del ciclo anterior, unían a amplios sectores suburbanos a las expectativas de consumo de las clases medias más altas. Ellos ven las aspiraciones a partir de sujetos “consumidores”, que antes votaban expresiones de oposición al kirchnerismo porque querían más, pero que al verse perjudicados gravemente por las medidas económicas del macrismo y la crisis, cambiaron hacia objetivos más conservadores. Una interpretación que usan para diferenciarse de las teorías de hegemonía de Laclau.

Para nosotros las aspiraciones y expectativas no están determinadas solamente por los factores materiales de la economía, sino también en gran medida por la lucha de clases y las formas de pensar que se crean a partir de ella. El trabajador no es un simple consumidor. Produce, fabrica, presta servicios esenciales. Mueve la sociedad con sus manos, sus nervios, su cabeza, y eso determina fuertemente su subjetividad, incluso cuando la enorme división y fragmentación de la clase trabajadora dificulte ese reconocimiento de las propias fuerzas. La lucha de clases es un gran catalizador de esa fuerza social y nuevos fenómenos políticos.

El voto al FIT tiene para muchos un contenido identitario fuerte, anticapitalista, de clase, formado a lo largo de años

El voto al FIT tiene para muchos un contenido identitario fuerte, anticapitalista, de clase, formado a lo largo de años, que está en la mayor parte de quienes nos siguen votando. Por otro lado el FIT también ha empalmado con ‘aspiraciones’ de franjas de la juventud y los trabajadores que ven en el voto a la izquierda una expresión de demandas contra la superexplotación en el trabajo, la precarización de la vida, la desocupación, la desigualdad obscena, la violencia y la discriminación que sufren las mujeres, desprecio por la casta política. Esas aspiraciones están determinadas por la economía, pero también muy determinadas por lo que suceda en la lucha de clases y la capacidad de los partidos tradicionales para derrotarlas o desviarlas. El voto al FIT ha expresado, y en algunas franjas jóvenes aún lo hace, esas ‘aspiraciones’ como confianza en las propias fuerzas y desconfianza en que estos problemas sean resueltos desde arriba por los partidos patronales.

Volviendo un poco al planteo de Santiago Cafiero, el interpreta que cuando esas aspiraciones urbanas retrocedieron y surgieron paralelamente ‘indignados’ cobijados políticamente por el kirchnerismo, pone como ejemplos el ‘nuevo volumen’ que tomó el movimiento de mujeres con la marea verde, la bronca contra los tarifazos, la caída de expectativas en conseguir trabajo. Otro columnista de la revista Crisis, Oscar Soto, había planteado una imagen similar, pero desde el punto de vista de sus límites, diciendo que las grandes movilizaciones sociales que recorrieron Mendoza en el 2018 no habían logrado traspasar ‘el nylon’ de la conservadora política partidaria local. Bueno, yo creo que esa cobertura que le dio el kirchnerismo a los movimientos sociales no fue por identificarse con sus objetivos, sino una capacidad de incidir en ellos para identificarlos como objetivos del Estado. Como todas las cadenas, éstas son forjadas en algún lugar. No son tampoco simples construcciones del marketing electoral. Son cadenas que se forjan desde lo que Trotsky llamaba la ‘ampliación del Estado’ o Gramsci llamaba ‘Estado Integral’.

La idea de ‘cadenas aspiracionales’ puede ser correcta entonces, si la entendemos de otra forma. Si las aspiraciones de poder tener un trabajo seguro y que no sea precario, una casa propia y acceso a la ciudad, a terminar con la violencia machista y la opresión de la mujer, por salvar el medioambiente de la devastación, etc., no son expresadas por una nueva hegemonía de las y los trabajadores, estas aspiraciones van a ser ‘encadenadas’ a direcciones políticas burguesas que las van a desviar y frustrar. Sea con una política más ligada a la identidad liberal y sus expectativas de prosperidad emprendedora, sea más ligada a la identidad kirchnerista y sus expectativas de un proteccionismo estatal para el bienestar, o incluso una mezcla de ambas.

Como continuidad de las lecturas marxistas sobre la ampliación del estado, y para interpretar los nuevos fenómenos urbanos Albamonte y Maiello hacen referencia en su libro sobre estrategia socialista, a nuevas formas de burocratización y estatización de los movimientos de masas, y una reformulación del rol de las burocracias obreras tradicionales frente a la modificación de la estructura política de la sociedad de las últimas décadas. La lucha para enfrentar esa coptación y división del movimiento obrero en espacio saturados, donde los vacíos políticos son sólo breves excepciones, es trabajo de la estrategia que tiene que darse un partido revolucionario orgánicamente arraiado en el nuevo movimiento obrero y la juventud trabajadora.

Allí plantean también una potencial capacidad hegemónica nueva frente a una multiplicación de los ‘movimientos’ que fue en detrimento del ‘movimiento obrero’, pero que a su vez amplio potencialmente la riqueza de formas del movimiento obrero mismo. El kirchnerismo actúa en cada uno de estos ‘movimientos’ urbanos para impedir que los mismos se articulen con la fuerza del movimiento obrero, y a su vez está aliado a la burocracia tradicional que es una suerte de policía interna del movimiento obrero. No nos olvidemos del comunicado de la CGT en contra de la aprobación de la Ley del aborto, ni tampoco que ya habían acordado con el gobierno un proyecto de Ley de Reforma Laboral que fue cajoneado luego de las movilizaciones contra la reforma previsional, sus charlas con el FMI. Entonces no fue sólo la crisis económica, el desencanto con Macri y la ruptura de las cadenas aspiracionales, las que fortalecieron al peronismo, sino la forma en la que fueron forjando nuevas cadenas, disgregando, pasivizando, desarticulando la voluntad de luchar.

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- ¿Cómo afectó al FIT en Mendoza este proceso al que hacés referencia?

LJ - El peronismo, entendido no sólo como la estructura tradicional del PJ sino también por aquellos militantes sociales, sindicales y aquellos activistas que, como dice Gramsci, ‘actúan espontáneamente’ identificando su actividad con los fines del estado. Dirigió un trabajo sostenido para evitar paros, luchas y una radicalización frente a los posteriores ataques del gobierno y sus devaluaciones. ‘Hay 2019’ se convirtió en un principio no sólo para los discursos de los políticos peronistas sino también de los sindicatos y los movimientos sociales alineados con la Iglesia católica y el aparato de ayuda social del estado. Buscaron sostenidamente que las movilizaciones se convirtieran en desfiles y los paros en feriados.

En Mendoza la resistencia que habíamos visto entre el 2016 y 2017 con duras luchas contra los despidos en el Casino, los municipios, la privatización del Trole, los bloqueos de la refinería de Lujan, y a la planta de Alco en el Valle de Uco, la recuperación del SUTE, el paro nacional del 6 de Abril al que siguieron las imputaciones de dirigentes sindicales y legisladores del FIT, y la heroica resistencia de los obreros de Pepsico que conmovió a todo el país y que también se vio en Mendoza a través de la televisión; marcaban una respuesta independiente de los trabajadores a los ataques del macrismo y fueron el sustrato de la campaña y los extraordinarios resultados del FIT en el 2017.

Mientras que entre el 2018 y el 2019 la desocupación se duplicó sin que se registraran prácticamente luchas contra los despidos ni conflictos obreros como los de años anteriores. Frente al cierre de La Campagnola, la burocracia y el peronismo convencieron a los trabajadores que lo único que se le podía hacer era exigir al gobierno que le baje los impuestos a esos empresarios vaciadores. Esta poca predisposición a resistir no se ha impuesto a partir de derrotas que quiebren la fuerza de las organizaciones obreras e impongan una resignación absoluta, sino por la enorme ‘anestesia’ que representa la confianza en que este año se va a terminar el gobierno de Macri y con esto las cosas van a empezar un poco mejor.

Los obreros de la fábrica recuperada La Terre han agrupado a su alrededor no solo a muchos sindicatos y movimientos sociales que se están solidarizando, sino también a jóvenes que ven cómo frente a este escenario de despidos y cierres de empresas, hay un ejemplo muy importante de que se puede recuperar y poner a producir las empresas y no resignarse a los despidos masivos y la desocupación

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Los estudiantes sí tuvieron grandes movilizaciones junto a los docentes en defensa de la educación superior en la Universidad y Terciarios, pero en ambos las conducciones peronistas de Conadu y los Rectores de los institutos, se encargaron de contener estos reclamos y que fueran desviados sin necesidad de que el gobierno dé marcha atrás con los ajustes y las nuevas normativas.

En el movimiento de mujeres, donde irrumpió con fuerza la marea verde, el kirchnerismo hizo un trabajo capilar para instalar la idea de que había que conformarse con lo conseguido, hasta lograr cambios en el gobierno que favorecieran la mecánica parlamentaria. De esta forma lograron que cientos de jóvenes de la marea verde y pibas militaran como si nada para que dos radicalizados antiderechos como Amstutz (organizador de las marcha celestes) y Jaque (que prohibió la venta de misoprostol en la provincia y la aplicación del ILE a niñas violadas) ganaran las internas del peronismo.

La poca resistencia obrera ante los golpes de la economía dirigida por el FMI y los gobiernos de Cambiemos, nos dificultó el trabajo de formar fracciones en la juventud y el movimiento de mujeres que tomaran una referencia por izquierda de cómo luchar, y facilitó que el discurso kirchnerista de que lo único que podía hacerse para salir de la crisis y el hundimiento económico era ganarle al macrismo en las elecciones uniéndose con quien sea, para salir de este momento con la idea de que con un gobierno peronista se va a estar al menos un poco mejor. La idea de que no se puede estar peor que ahora, está presente en la gran mayoría de la clase trabajadora y hará una experiencia con la realidad de los próximos años bajo el avance de la crisis y la supervisión del FMI.

En este sentido estamos acompañando cada experiencia de lucha contra los ataques del estado y las patronales. El ejemplo de los obreros de la fábrica recuperada La Terre (ex Matas) amenazados con el remate judicial de la empresa es enorme. Han agrupado a su alrededor no solo a muchos sindicatos y movimientos sociales que se están solidarizando, sino también a jóvenes que ven cómo frente a este escenario de despidos y cierres de empresas, hay un ejemplo muy importante de que se puede recuperar y poner a producir las empresas y no resignarse a los despidos masivos y la desocupación. Dar una pelea consecuente junto a los trabajadores permitirá también que empiece a cambiar la relación de fuerzas política.

- ¿Crees que este año la izquierda puede avanzar incluso cuando haya retrocedido eventualmente en su caudal de votos?

LJ - Creo que sí. Tanto Noelia Barbeito en los debates de la campaña provincial, como ahora Nicolás del Caño en los debates presidenciales que llegan a millones de jóvenes y trabajadoras sembraron estas ideas, denunciaron la falsedad del doble discurso peronista y resaltaron la necesidad de fortalecer una izquierda de los trabajadores. Nico dando el ejemplo de Ecuador derrotando las políticas del FMI en la calle, frente a la política del peronismo que le dejó pasar todas las medidas a Macri es una idea muy fuerte también.

Pero la experiencia demuestra que no podemos sólo de sembrar ideas a través de campañas electorales, debates, ni de hacer propaganda a través de los medios de comunicación o las redes sociales, sino que es necesario organizar nuestra militancia para acompañar cada paso que la juventud y el movimiento obrero pueda dar para defender sus conquistas y mostrar su fuerza frente a los ataques capitalistas.

No podemos dejar de prestar atención al peso que tiene en las decenas de miles que siguen votando al FIT en la provincia, la juventud trabajadora precarizada. Hoy superexplotada y empobrecida, y completamente discriminada por las burocracias sindicales y políticas. Organizar audazmente esa fuerza que está en los márgenes del ‘estado ampliado’ puede ser la clave para articular la dinámica de los movimientos urbanos y sus aspiraciones al movimiento obrero. Hay una tarea pionera en este sector que tenemos que hacer, como plantea Nico del Caño en su libro ‘Rebelde y precarizada’. Organizar desde esta juventud una fuerza militante de los trabajadores que combata la política de resignación y división del peronismo, las burocracias sindicales y el gobierno para desorganizar y dispersar sus fuerzas. Construyendo de esta forma un partido revolucionario orgánico de la clase trabajadora, que dirija esa potencialidad hegemónica enorme que tiene el nuevo movimiento obrero, junto a las mujeres y la juventud.







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