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Erupción del Volcán Calbuco

Es madrugada del jueves. Ya no se ven las estrellas y el aire tiene un olor sulfuroso y se siente denso. Una lluvia tenue de cenizas ha empezado a caer sobre Bariloche. No es seguro qué ocurrirá. Dependiendo de varias variables relacionadas con la erupción, tipo de volcán, el clima y el viento, se verá la cantidad y el carácter de las próximas precipitaciones.

Gabriel Paissan

Físico | CNEA y CONICET | Docente CRUB - UNCo

Jueves 23 de abril de 2015 | Edición del día

Una cosa sí es segura. El evento ocurre bajo la misma situación de improvisación y negligencia del estado -en todos sus niveles- como ocurrió hace cuatro años con la erupción del Puyehue. Hace unas horas apenas anunciaron pomposamente la creación de un comité de crisis y de seguimiento científico. La respuesta palmaria a esas declaraciones se vio en las cuadras de colas en las estaciones de servicio y en los supermercados, especialmente vaciando las góndolas con agua envasada. La gravedad que tenga el evento aún se desconoce, pero la precariedad de la infraestructura, falta de preparación ante emergencias e improvisación de los gobiernos patronales es bien conocida por todos. Incluso no hace falta una erupción para que empiecen a cortarse los servicios de luz, agua, telefonía y escasee el gas.

Son suficientes unas ráfagas de viento más intensas, unos pocos milímetros de agua caída de lluvia o una nevada un poco fuerte para que se produzca una avalancha de sucesos que ponga en emergencia a la ciudad y su población. Se trata de la precariedad a sabiendas de toda una gran ciudad, preparada solamente para la explotación turística y comercial. Por ello la excusa de que ésta vez la erupción se produjo en forma repentina, sin señales previas (al punto que el SERNAGEOMIN, el Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile, que hace un seguimiento sistemático de la actividad volcánica, fue sorprendido por la rapidez del desarrollo del evento y no alcanzó a alertar con suficiente antelación el grado eruptivo alcanzado) solo pretende enmascarar las grandes deficiencias en obras públicas, servicios técnicos, científicos y de emergencias, imprescindibles para encarar contingencias.

Las catástrofes naturales no pueden evitarse. La clave está en las condiciones en que una ciudad esta social y estructuralmente preparada para lidiar con esas catástrofes.

En estas horas la población de Bariloche, especialmente las barriadas del Alto que concentran a los trabajadores más pobres y precarizados, está nuevamente a merced de las fuerzas de la naturaleza.







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